"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN


miércoles, 2 de noviembre de 2011

El secreto de la felicidad está en los genes


Muchas veces nos preguntamos de qué depende que seamos o no felices. Pues bien, un estudio realizado por varias universidades, y en el que han participado 1.000 pares de gemelos concluye que aproximadamente un tercio de la variación en el grado de felicidad de las personas es hereditario. Uno de los investigadores, el profesor Jan-Emmanuel De Neve, ha tratado de descubrir concretamente cómo funciona el gen que transporta la serotonina, y relacionarlo con los niveles de felicidad por países o razas. 

L
a idea de que la personalidad humana es una pizarra en blanco, para ser escrita a través de la la experiencia, se impuso durante la segunda mitad del siglo XX. Durante las últimas dos décadas, sin embargo, esta idea ha ido cambiando. Los estudios que comparan a los gemelos idénticos y no idénticos han ayudado a establecer el carácter hereditario de muchos aspectos del comportamiento, y los exámenes de ADN han puesto al descubierto algunos de los genes responsables de nuestras conductas. Trabajos recientes en ambos frentes sugieren que la felicidad, en concreto, es altamente heredable, según publica la revista The Economist.
Como cualquier ser humano sabe, hay muchos factores que influyen para que la gente sea feliz o infeliz. Las circunstancias externas son importantes: las personas empleadas son más felices que las desempleadas, al igual que las personas en mejor situación económica respecto a las pobres. La edad juega también su papel: los jóvenes y los ancianos son más felices que los individuos de mediana edad. Pero de todos estos factores, la personalidad es el determinante más importante: los extrovertidos son más felices que los introvertidos, y la gente segura es más feliz que la que anda por la vida preocupada constantemente.
Que la personalidad y la inteligencia se heredan es un hecho cada vez más claro y obvio, de modo que, presumiblemente, la tendencia a ser feliz o desdichado es, en cierta medida, difundida a través del ADN.
Para tratar de establecer en qué consiste esto, un grupo de científicos del University College de Londres, de laHarvard Medical School, de la Universidad de California en San Diego y de la Universidad de Zurich examinaron a más de 1.000 pares de gemelos en un gigantesco estudio sobre la salud de los adolescentes estadounidenses.
El estudio, del Instituto de Investigación Empírica en Economía de la Universidad de Zurich, titulado "Los genes, la economía y la felicidad" concluye que aproximadamente un tercio de la variación en la felicidad de las personas es hereditario. Este resultado es algo inferior a las estimaciones anteriores sobre el tema.
Cómo funcionan los genes de la felicidad
Sin embargo, aunque los estudios de gemelos son útiles para establecer el grado en que una característica es heredable, no aclara cómo funcionan estos genes. Uno de los investigadores, Jan-Emmanuel De Neve, del University College de Londres y la Escuela de Económicas de Londres, ha tratado de descubrir precisamente eso, al seleccionar un gen específico: el que codifica una proteína que transporta serotonina, y examinar cómo las variantes de dicho gen condicionan los niveles de felicidad.
La serotonina está relacionada con la regulación del humor. Los transportadores de la serotonina son cruciales en este estudio: El gen transportador de la serotonina se presenta en dos variantes funcionales de largo y corto plazo.
La larga produce más moléculas transportadoras de proteínas que la corta. La gente tiene dos versiones (conocidas como alelos de cada gen, uno de cada padre. Por lo que algunos tienen dos alelos cortos, algunos tienen dos largos, y el resto tiene uno de cada uno.
A los adolescentes del estudio del doctor De Neve se les pidió que se evaluaran a sí mismos de satisfechos a muy insatisfechos.
De Neve halló que aquellos chicos con un alelo largo en el gen analizado eran un 8% más propensos a describirse como muy satisfechos que aquellos que no tenían ninguno, mientras que las personas con dos alelos largos fueron un 17% más propensas, lo cual es bastante interesante.
El gen y el origen étnico
Donde la historia podría llegar a ser controvertida es cuando el origen étnico de los participantes se toma en cuenta. Todos eran estadounidenses, pero se les pidió que se clasificaran por raza. De media, los estadounidenses de origen asiático tenían 0,69 genes largos, los estadounidenses negros tenían 1,47, y los estadounidenses blancos tenían 1,12.
Ese resultado concuerda perfectamente con otros estudios que muestran que, en líneas generales, los países asiáticos tienen menores niveles de felicidad que lo que su PIB per cápita podría sugerir. Los países africanos, en cambio, se encuentran por encima de otros lugares, y son los más sabios en cuanto a la felicidad.
Pero eso no es de extrañar, ya que África es el continente con mayor diversidad genética. Es allí donde la humanidad evolucionó (asiáticos, europeos, australianos y amerindios son descendientes de unos pocos aventureros que salieron de África hace unos 60.000 años). Los negros americanos, en su mayoría descendientes de los esclavos traídos del oeste de África, no pueden ser representativos de todo el continente.
Que algunas poblaciones tienen mayor porcentaje de la versión larga del gen transportador de la serotonina ya se había constatado anteriormente, aunque esta asociación se había hecho a nivel nacional, en lugar de a nivel racial. En un artículo de las Actas de la Royal Society, publicado en 2009, Joan Chiao y Katherine Blizinsky de la Universidad Northwestern, en Illinois, encontraron una correlación positiva entre los niveles más altos de la versión corta del gen y los trastornos del humor (China y Japón tienen mucho de los dos) y con sistemas políticos colectivistas. Su hipótesis es que las culturas propensas a la ansiedad y la preocupación tienden hacia sistemas que hacen hincapié en la armonía social, en vez de tender a enfatizar la independencia de los individuos.
Este último estudio podría haber ido demasiado lejos en el camino hacia el determinismo genético. Sin embargo, existe un creciente interés en el estudio de la felicidad, no sólo entre los genetistas, sino también entre los economistas y los políticos descontentos con la actual forma de medir los logros de la humanidad. Se cree que los trabajos futuros en este campo serán leídos con avidez en esos círculos.

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