"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN


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sábado, 26 de mayo de 2012

La vida animal salió del agua a rastras


La reconstrucción en 3D del esqueleto de Ichthyostega, el primer animal de cuatro patas que abandonó el medio acuático, ha permitido conocer cómo se movía. En contra de lo que se pensaba este tetrápodo no podía levantar su cuerpo del suelo y caminar, sino que se arrastraba apoyado en sus patas delanteras.

 Hace unos 400 millones de años un animal de cuatro patas salió del agua y dio sus primeros pasos en un hábitat terrestre. Ahora, científicos británicos han hecho una reconstrucción en 3D del esqueleto de este tetrápodo y han descubierto que, en contra de lo que se pensaba, aún no podía caminar.
"La imagen que estamos acostumbrados a ver en museos y libros de texto de un animal saliendo del agua y caminando como una gran salamandra es totalmente incorrecta", explica Stephanie Pierce, autora principal del estudio que publica Nature, e investigadora de la Universidad de Cambridge. "Los resultados del estudio demuestran que este ser no podía levantar su cuerpo del suelo".
Pierce y sus colegas aplicaron las tecnologías informáticas y biomecánicas más punteras al análisis de fósiles de Ichthyostega, unos tetrápodos que vivieron hace 360 millones de años. En esta investigación los científicos separaron digitalmente los huesos del animal de la roca que los rodeaba, reconstruyeron el esqueleto usando un software de animación y estudiaron los ángulos y la amplitud de movimiento de cada articulación.
"Los resultados demuestran que las patas delanteras de los primeros tetrápodos habrían sido las primeras en adquirir una función de locomoción en tierra -explica Pierce-. En cambio las extremidades posteriores habrían evolucionando primero como un complemento de la cola para la natación y solo más tarde para caminar en tierra".
Primeros movimientos fuera del agua
"El hecho de que un animal tenga patas no significa que pueda caminar. Para desplazarse fuera del agua Ichthyostega movía las dos delanteras a la vez y las usaba como punto de apoyo para arrastrar su cuerpo después", detalla Pierce.
"Evidentemente este ser se movía mejor en el agua -afirma el experto-. Las 'manos' le servían para sacar la cabeza del agua y respirar y comer y las patas traseras palmeadas y la cola las utilizaba para nadar. En tierra, las patas no le debían der ser de mucha utilidad ".
La reconstrucción en 3D del esqueleto se realizó a partir de los tres especímenes fósiles de Ichthyostega mejor conservados. Para comprobar la fiabilidad de sus resultados los científicos aplicaron la misma tecnología a animales conocidos, como salamandras y cocodrilos, y comprobaron que tanto el movimiento de las articulaciones como el total del modelo se ajustaban perfectamente a la realidad.


jueves, 10 de mayo de 2012

Descubren la mandíbula del fósil humano de 'Homo erectus' más antiguo del Norte de África


Un equipo franco-marroquí ha descubierto, en la cantera Thomas I de Casablanca, una mandíbula completa de Homo erectus, el fósil humano más antiguo descubierto en una excavación arqueológica en Marruecos. El hallazgo ayudará a definir mejor el papel que desempeñó el Norte de África en las primeras poblaciones humanas del Sur de Europa.

El equipo, liderado por Jean-Paul Raynal, investigador senior del CNRS en el laboratorio De la Prehistoria a la Actualidad (PACEA) encontró la mandíbula en un estrato situado por debajo de otro donde ya se habían encontrado cuatro dientes humanos (tres premolares y un incisivo) de Homo erectus, uno de ellos datado en 500.000 A.C.
Los restos humanos estaban agrupados con herramientas de piedra tallada característicos de la civilización Achelense, junto con numerosos restos animales (babuinos, gacelas, equinos, osos, rinocerontes, y elefantes), así como gran número de pequeños mamíferos, que apuntan a un marco temporal ligeramente más antiguo. Se están utilizando diversos métodos de datación para refinar la cronología.
La cantera Thomas I de Casablanca se confirma, con este descubrimiento, como uno de los yacimientos prehistóricos más importantes para comprender las primeras poblaciones del Noroeste de África. Las excavaciones que han dirigido el CNRS y el Instituto Nacional de Ciencias Arqueológicas y del Patrimonio de Marruecos en ese lugar desde 1988 forman parte de la colaboración franco-marroquí y han sido financiadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores francés, el Departamento de Evolución Humana del Instituto Max Plank de Leipzig (Alemania), INSAP (Marruecos) y la administración regional de Aquitania.
Otros hallazgos antropológicos
En 1969 ya se había encontrado media mandíbula de Homo erectus en la cantera Thomas I, si bien fue un hallazgo fortuito, que carecía de contexto arqueológico. El 15 de mayo de 1969 se descubrió otro fósil con características muy similares a la media mandíbula encontrada en 1969.
La morfología de los últimos restos hallados es diferente de las tres mandíbulas halladas en el yacimiento de Tighenif en Argelia, que se utilizaron en 1963 para definir la variedad norteafricana de Homo erectus, conocida como Homo mauritanicus, fechada en 700.000 A.C.







martes, 8 de mayo de 2012

El desarrollo de la agricultura durante la Edad de Piedra


Investigadores de Dinamarca y Suecia han descubierto que los agricultores migrantes de la Edad de Piedra tuvieron importantes repercusiones en la variación genética de los europeos actuales. Sus conclusiones, presentadas en la revista Science, aportan nuevos datos a las hipótesis sobre la transición de las sociedades cazadoras recolectoras hacia las agrícolas en Europa. En dos palabras, la agricultura se extendió desde el sur hasta el norte de Europa gracias a la migración.

En el estudio, dirigido por la Universidad de Uppsala (Suecia), participaron igualmente investigadores de la Universidad de Estocolmo, del Instituto Karolinska (ambos también en Suecia) y de la Universidad de Copenhague (Dinamarca).
«Hemos sido capaces de demostrar que la variación genética de los europeos actuales se vio poderosamente influenciada por los agricultores inmigrantes de la Edad de Piedra, aunque persisten varios genes de cazadores recolectores», afirmó uno de los autores del estudio, el profesor Anders Götherström del Departamento de Biología Evolutiva del Centro de Biología Evolutiva de Uppsala.
A lo que Mattias Jakobsson, profesor de la Universidad de Uppsala y uno de los coautores del estudio añadió: «Lo que resulta interesante y sorprendente es que los agricultores de la Edad de Piedra y sus contemporáneos cazadores recolectores tenían antecedentes genéticos completamente diferentes y vivieron los unos al lado de los otros durante más de mil años antes de que finalmente se cruzaran».
Los investigadores explicaron que la agricultura se desarrolló en Oriente Medio hace unos once mil años, alcanzando la mayor parte de la Europa continental hace unos cinco mil años. Pero había poca información disponible acerca de cómo se extendió la agricultura e influyó en los europeos, una cuestión que intriga a los investigadores desde hace casi cien años. La principal incógnita era si la agricultura era un concepto que se extendió por todo el continente o se trataba de un método que un grupo de emigrantes trasladaron hacia distintas partes del mismo. Estudios científicos anteriores se habían centrado principalmente en pequeñas cantidades de datos genéticos.
El profesor Götherström comentó: «Desde que hace casi cien años se demostró la importancia de la difusión de la agricultura ha habido muchos intentos, que incluyen la utilización de la genética, de llegar a un acuerdo sobre la cuestión. Nuestro éxito en la realización de este estudio dependía del acceso a buen material, métodos modernos de laboratorio y un alto nivel de experiencia y conocimientos analíticos.»
En este estudio, los miembros del equipo utilizaron técnicas avanzadas de análisis de ácido desoxirribonucleico (ADN) para caracterizar casi doscientos cincuenta millones de pares de bases a partir de cuatro esqueletos de seres humanos que vivieron durante la Edad de Piedra, hace unos cinco mil años: tres de ellos eran cazadores recolectores mientras que el cuarto procedía de una sociedad agrícola.
Según los investigadores, el agricultor de la Edad de Piedra era representativo de su tiempo y su grupo y murió en el lugar donde nació y se crió.
«El perfil genético de los agricultores de la Edad de Piedra coincide con el de personas que viven actualmente en la zona del Mediterráneo, en Chipre, por ejemplo», afirmó el autor principal del artículo, Ponto Skoglund, un estudiante de doctorado de la Universidad de Uppsala que desarrolló nuevos métodos de análisis que se utilizaron en el estudio. «Los tres cazadores recolectores coetáneos se parecían a la mayoría de los europeos del norte, sin llegar a coincidir exactamente con ningún grupo en particular», añadió.
Los resultados añaden peso a la teoría de que las personas que emigraron desde el sur de Europa ayudaron a impulsar la revolución agrícola. «Parece ser que, al final, el proceso tuvo como resultado el que hoy día nadie tenga el mismo perfil genético que los cazadores recolectores originales, pese a que siguen estando representadas en el patrimonio genético de los europeos actuales» concluyó el Sr. Skoglund.






jueves, 3 de mayo de 2012

La decadencia de los dinosaurios precedió a su extinción

La extinción de los dinosaurios a finales del Cretácico, como consecuencia del impacto de un asteroide, es una idea bastante aceptada. Pero, ¿estaban ya para entonces los dinosaurios en decadencia? Según un estudio liderado desde el Museo Americano de Historia Natural, la biodiversidad de los gigantescos herbívoros estaba disminuyendo, pero no así la de los dinosaurios carnívoros y herbívoros de tamaño medio.

Algunos grupos de dinosaurios ya estaban experimentando una disminución "a largo plazo" antes de su extinción hace 65 millones de años, al final del período Cretácico, según informa esta semana un estudio publicado en Nature Communications.
Se cree que los dinosaurios se extinguieron en esa época debido a la actividad volcánica y al impacto de un asteroide, pero si esto sucedió en el mejor momento de estos animales todavía es un misterio.
Ahora, un estudio internacional coordinado desde el Museo Americano de Historia Natural de Estados Unidos proporciona evidencias que sugieren que, al menos algunos grupos de dinosaurios no aviares, ya se estaban reduciendo antes de su extinción.
Un equipo dirigido por el investigador Stephen Brusatte ha calculado la variabilidad de la anatomía y el cuerpo de siete subgrupos principales de dinosaurios durante el Cretácico Superior, a escala mundial y regional, para analizar los incrementos o disminuciones en la biodiversidad.
Los resultados muestran que el número de grandes y corpulentos herbívoros, como los ceratópsidos y los hadrosáuridos, estaban en declive durante las etapas finales del Cretácico. Sin embargo, los datos de los dinosaurios carnívoros y herbívoros de tamaño medio no mostraron esta tendencia.
Estos hallazgos muestran que la evolución de los dinosaurios durante el Cretácico Superior es compleja, y que no se puede establecer una tendencia universal en su biodiversidad. Los datos sugieren que al menos algunos grupos de dinosaurios soportaron un descenso a largo plazo en su variabilidad morfológica, antes de la extinción final.
Una posible explicación
Los datos obtenidos en el presente estudio albergan relación con los de otra reciente investigación, llevada a cabo por científicos de la Universidad de Zurich. En ella, se determinó que los dinosaurios desaparecieron antes de la caída del meteorito, hace 65 millones de años. La causa: su reproducción a través de huevos.
Este otro trabajo, publicado en Biology Letters, determinó, a través de un modelo matemático, que el tamaño de los bebés de los dinosaurios fue el factor decisivo en su desaparición. Así, mientras otros mamíferos iban evolucionando y sus crías eran cada vez más grandes, los dinosaurios continuaban teniendo crías relativamente pequeñas (por las limitaciones físicas de los huevos) que acabaron sucumbiendo antes especies más grandes.
Concretamente, los expertos indican que había crías de dinosaurio que salían del huevo con apenas 10 kilogramos de peso. Mientras, ya existían especies con crías por encima de hasta 30 toneladas, con las que tenían que competir por encontrar alimento.
Además, después de la caída del meteorito, los mamíferos tuvieron más posibilidades de sobrevivir que los dinosaurios porque el hecho de poder alimentarse de la leche de sus madres les permitió hacer frente a la nueva vida después de la catástrofe medioambiental y evolucionar hacia nuevas especies.






lunes, 16 de abril de 2012

El ser humano provocó un efecto dominó en el sistema trófico que extinguió la megafauna norteamericana


Frente a la amenaza del cambio climático y ecológico muchas personas usan el mecanismo mental de defensa de creer que nunca se producirá, que ya encontraremos una solución antes de que llegue el problema. Se olvidan (además de que el problema ya está aquí) que el ser humano ya ha cometido errores de ese estilo que han llevado a la extinción de civilizaciones como los indicios del cañón del Chaco, los habitantes de la isla de Pascua, los mayas, los vikingos de Groenlandia, etc. Muchas otras civilizaciones o países (Islandia, Ruanda, Haití, etc) también lo han pasado muy mal, aunque también hubo otras que supieron vivir con el entorno.

En un mundo cada vez más globalizado en el que al ser humano le es cada vez más fácil hacerse con armas cada vez más sofisticada, no es difícil llegar a la conclusión de que nos estamos sentando sobre un polvorín. Si se elabora una lista de los países con mayores problemas ecológicos y de desertificación resulta que se corresponde con la lista de países en permanente conflicto bélico.
Una vez más podemos echar un vistazo al pasado para intentar aprender algo sobre las relaciones ecológicas, el ser humano y el clima. Recientemente se han publicado un par de resultados sobre la extinción de la megafauna americana. Como ya saben los lectores de NeoFronteras, hace 15.000 años la población de mamuts empezó a declinar dramáticamente. Evento que coincide con la llegada del ser humano al continente. Se ha intentando explicar el hecho con varias teorías que incluyen (naturalmente) hasta el impacto de un meteorito. Sin embargo, la teoría que más parece estar convenciendo a los expertos últimamente es la que sostiene que fue precisamente el ser humano el que llevó a la extinción a estos grandes animales y sus compañeros. Pero, ¿cómo puede una población humana relativamente tan pequeña crear tal desastre de extinción? Según el primer estudio del que vamos a hablar se debió a una "cascada trófica". Estos animales cayeron víctimas de este fenómeno cuando en su ecosistema se introdujo un depredador que antes no estaba allí: el ser humano. Es el mismo tipo de fenómeno que los científicos sostienen que está pasando en la actualidad a nivel global con otros animales, como los lobos, pumas, tiburones, etc.

Según este estudio, por tanto, el origen de la extinción no fue la pérdida de algún animal clave en el ecosistema, o la caza intensiva llevada a cabo por el ser humano, sino la adición de un depredador nuevo hace 15.000 años: el ser humano cazador. El estudio, dirigido por William Ripple de Oregon State University, se publica en BioScience.
El ser humano de la época competía contra otros depredadores como el tigre de dientes de sable por las mismas presas. Esto introdujo un desequilibrio en la balanza ecológica. De golpe, un equilibrio que se había mantenido durante miles de años fue roto y dos tercios de los grandes animales de Norteamérica desaparecieron para siempre en relativamente poco tiempo.
Según Ripple y sus colaboradores, la extinción no se debió a una caza masiva de los animales hasta su extinción, como otras teorías sugieren, sino que la caza disparó un mecanismo que alteró el ecosistema de tal modo que se produjo finalmente la extinción.

En el Pleistoceno tardío los depredadores dominaban América del Norte en un precario equilibrio con otros animales, como mamuts, mastodontes, perezosos gigantes, camellos, caballos y varias especies de bisontes. Para avalar su tesis, estos investigadores mencionan estudios previos en los que se aportan pruebas de que no había problemas de falta de comida o presas entre hace 15.000 y 10.000 años. Muy al contrario, parece que las poblaciones de herbívoros crecían muy bien, pero rápidamente se redujo según aumentaba la población de los depredadores: leones, lobos y dos especies de felinos de dientes de sable. Había mucha comida para los herbívoros, el sistema estaba en equilibrio, pero estaba dominado por los depredadores. Cuando los humanos aparecieron en escena añadieron una nueva competitividad contra los carnívoros por las mismas presas.

Además, los humanos eran omnívoros y podían comer plantas si era necesario. Poseían además el fuego, vivían en grupos y tenían armas para defenderse de la depredación. Según este grupo de investigadores, todo esto disparó una secuencia de colapso no sólo sobre los herbívoros, sino también sobre los depredadores.
Por tanto, la fuerza que dirigió la extinción no fue el ser humano, éste sólo fue el responsable de disparar el proceso de extinción. Después de esto los depredadores, desesperados por la falta de comida, empujaron a las pocas presas disponibles hasta la extinción y después ellos también desaparecieron .
En sitios como el Parque de Yellowstone se ha podido observar este fenómeno de extinción en cascada en años recientes. Este fenómeno se ha producido debido a la eliminación o introducción de una sola especie depredadora. Con la eliminación de los lobos de Yellowstone el número de cérvidos se disparó, produciéndose la reducción de los bosques, y esto afectó a todo tipo de animales como castores, peces, pájaros, etc. Con la reintroducción de los lobos se está consiguiendo invertir el proceso.

Un fenómeno similar de cascada trófica disparado por el ser humano en tiempos recientes se está dando en Alaska. La caza de renos por parte de los humanos ha hecho que los lobos depreden sobre las ovejas, al carecer de presas naturales, y como resultando se ha dado una disminución de lobos, renos y ovejas.
La pérdida de especies durante el Pleistoceno fue notable. El 80% de las 51 especies de grandes herbívoros se extinguieron, así como el 60% de los carnívoros.
Los estudios sobre los colmillos de mamut evidencian que crecían adecuadamente debido a una abundancia de comida, así que no hubo un cambio climático de disminuyera el suministro de alimentos. Parece ser que la abundancia de depredadores mantuvo la población de herbívoros baja. Precisamente el estudio de los dientes de los depredadores revela, sin embargo, que no disponían de un suministro de presas adecuado.

Las cascadas tróficas iniciadas por los humanos han quedado demostradas ampliamente. Comenzó en Norteamérica hace 15.000 años, pero continúan hoy en día con la eliminación de lobos, pumas y todo tipo de depredadores en todo el mundo. La caza de ballenas hizo que las orcas tuvieran que cazar otras presas como nutrias y leones marinos y el declive de éstas ha hecho que explote la población de erizos de mar y colapsen los bosques submarinos de kelp. Según los autores del estudio los océanos terrestres son la última frontera para el declive y extinción de megafauna. Los mismos mecanismos de cascada trófica que el ser humano inició hace más de 10.000 años los está poniendo en práctica en el mar.
El segundo estudio que vamos ver trata de lo que sucedió precisamente tras la extinción de la megafauna: un cambio climático. Si este punto se demuestra, el ser humano sería el culpable del un pequeño cambio climático que se dio hace 10.000 años. Por tanto, no sería la primera vez que esta especie realiza acciones que tienen como consecuencia el cambio del clima de este planeta.
Antes de que se extinguieran los mamuts consumían retoños de árboles y los propios árboles, como hacen los actuales elefantes africanos. Su dieta incluía grandes cantidades de ramas y hojas. Sus hábitos alimenticios mantenían grandes extensiones de la superficie de Norteamérica sin bosques. En particular los mamuts pastaban en las praderas de hierba de Beringia, que era el puente que unía Siberia y Alaska hace 15.000 años. Una vez que los mamuts desaparecieron se produjo una explosión de bosques nativos de abedules (Betula).

Según Chris Doughty, del Carnegie Institution for Science en Stanford (California), y sus colaboradores, la proliferación de los bosques de abedules está conectada con la extinción de los mamuts.
Empezaron analizando los registros de polen en los estratos del suelo y lo compararon con el registro fósil de mamuts. Además usaron los hábitos alimenticios de los elefantes para inferir el efecto de los mamuts sobre los ecosistemas. Entonces usaron un modelo climático para ver el efecto de los mamuts sobre las praderas y el resultado de la proliferación de abedules y calcularon el efecto sobre la temperatura global.

Según sugieren los resultados que publican en Geophysical Research Letters, la desaparición de los mamuts hizo que los bosques de abedul cubrieran un cuarto de la superficie antes cubierta por las praderas de hierba. Las hojas de los árboles, al ser más oscuras que la hierba, absorben más luz solar, e incluso en invierno los troncos y ramas tienen el mismo efecto, produciéndose un aumento de la temperatura. Estos investigadores calculan que la desaparición de los mamuts contribuyó en un aumento de 0,1 grados centígrados la temperatura global promedio. En Beringia el efecto fue de 0,2 grados.

Según Doughty tuvo que haber un gran impacto sobre la ecología global y sobre la vegetación debido a la desaparición de estos grandes herbívoros.







martes, 10 de abril de 2012

El Mar Muerto ayudará a descubrir el clima en el Pleistoceno

Su nivel de agua está a más de 400 metros bajo el nivel de los océanos


Científicos de varios países explorarán el subsuelo del lugar más bajo del planeta, el Mar Muerto, en un proyecto para investigar las condiciones climáticas en la Tierra hace medio millón de años.

El objetivo del proyecto es perforar el subsuelo de esa cuenca salada, cuyo nivel de agua está a más de 400 metros bajo el nivel de los océanos, para llegar a unos estratos geológicos que atestigüen cómo era el clima en Oriente Medio en esa época del Pleistoceno.
"El testigo que intentamos extraer es una prueba geológica continua de sedimentos que sirva de referencia, a modo de archivo, sobre los cambios climáticos que hubo en la región hace medio millón de años", explica el geólogo israelí Tzvi Ben Abraham, jefe del proyecto e investigador de la Universidad de Tel Aviv.
Los "testigos" son muestras cilíndricas de material sedimentado obtenido en perforaciones a gran profundidad y que, por un principio básico de ordenamiento, relatan las condiciones climáticas a lo largo de la historia.
En declaraciones que publica la edición electrónica del diario Yediot Aharonot, el investigador asegura que los resultados no sólo "hablarán" sobre el clima, sino que ofrecerán también datos sobre los movimientos telúricos registrados en todo ese período y sobre el fenómeno del calentamiento del planeta.
Para llegar a esos datos los científicos deberán construir primero una plataforma perforadora en la laguna norte del Mar Muerto, la más profunda de las dos de la cuenca salada y la que menos alteraciones ha sufrido por el efecto del hombre.
La laguna sur está completamente industrializada y desde hace años recibe agua de la del norte gracias al bombeo realizado por las Industrias del Mar Muerto, que financiarán una parte de la perforación por su interés en la prospección de minerales.
Moti Stein, investigador del Instituto Geológico israelí, explica que el Mar Muerto es un lugar adecuado para esta investigación porque, aparte de ser el lugar más bajo del planeta, hay constancia de agua en el lugar desde hace ya tres millones de años.
"Estos lagos prehistóricos eran 'lagos terminales', es decir el último lugar en el que se depositaban las aguas (de la región), lo que con otros factores muy exclusivos lo convierten en archivos muy exactos del clima que hubo en la región", añade el experto.
La prueba que aspiran a obtener los investigadores está a unos 500 metros por debajo del subsuelo del Mar Muerto, es decir, a entre mil y mil 300 metros por debajo del nivel del mar.
En las últimas dos décadas las perforaciones más conocidas de este tipo han sido realizadas en la Antártida para extraer muestras glaciales, pero Stein asegura que los testigos del bíblico lago salado serán más detallados.
"Hay otros lugares en el mundo que también son 'archivos' (geológicos), como son los hielos de la Antártida, pero éste ofrecerá información sobre un período más largo y permitirá descubrir información en una resolución casi anual, lo cual es excepcional", agrega Stein.
El proyecto, que comenzará en noviembre, responde a una iniciativa del "International Continental Scientific Drilling Program" (Programa Internacional de Perforación Científica Continental), que lleva a cabo perforaciones de este tipo por todo el planeta.
En la perforación del Mar Muerto tomarán parte investigadores de Israel, Jordania, Japón, Suiza y Estados Unidos y los resultados serán después comparados con los mismos estratos de otras regiones del planeta para tener una idea de cómo era la situación a escala global.
Además de ser el lugar más bajo del planeta, el Mar Muerto es el lago más salado, con una salinidad seis veces superior a la del Mar Mediterráneo, lo que alienta la evaporación de sus aguas.
Esa circunstancia, sumada a la falta de recursos hídricos sostenidos en la región, lo desecaron casi por completo hace 13 mil años, por lo que no se descarta que las pruebas que se extraigan puedan contribuir a otros campos de la ciencia.





viernes, 6 de abril de 2012

La glaciación que convirtió a la Tierra en ‘bola de nieve’ ocurrió hace 716,5 millones de años

Un equipo de geólogos aporta nuevas pruebas sobre la extensión del hielo marino hasta el Ecuador hace 716,5 millones de años. Los hallazgos, que se publican esta semana en Science, proporcionan nuevos detalles sobre la Tierra convertida en 'bola de nieve', y nuevos datos que refuerzan la teoría de que el planeta estuvo cubierto de hielo en todas las latitudes. Pero salvo los animales, los principales grupos de eucariotas existían ya antes de la glaciación.

El punto de partida de la investigación, dirigida por científicos de la Universidad de Harvard (EE UU), ha sido el análisis de antiguas rocas tropicales encontradas en el extremo noreste de Canadá.
"Esta es la primera vez que se ha demostrado que la glaciación Sturtian también tuvo lugar en latitudes tropicales, prueba directa de que esta particular glaciación fue un suceso 'bola de nieve' de la Tierra", afirma Francis A. Macdonald, autor principal y profesor adjunto del Departamento de Ciencias Planetarias y de la Tierra en la Universidad de Harvard. "Nuestros datos también sugieren que la glaciación Sturtian duró al menos 5 millones de años", añade el investigador.
Entre los datos que aportan los científicos destaca el análisis de la vida eucariota. Según el estudio, que se publica ahora en Science, la luz solar y las aguas superficiales seguían disponibles en algún lugar de la superficie terrestre para permitir la supervivencia de la vida eucariota. Los investigadores señalan que los primeros animales surgieron prácticamente al mismo tiempo, a lo que le siguió una mayor proliferación de eucariotas.
"Incluso en una Tierra convertida en 'bola de nieve' habría gradientes de temperatura, y es muy probable que el hielo fuese dinámico: que fluyera, se debilitara y formara áreas locales de agua abierta, proporcionando así refugios para la vida", subraya Macdonald.
"El registro fósil sugiere que todos los principales grupos eucariotas, con la posible excepción de los animales, existían antes de la glaciación Sturtian", afirma Macdonald. Por esta razón, el equipo de investigación se hizo las siguientes preguntas: si existió una Tierra 'bola de nieve', ¿cómo es posible que sobrevivieran los eucariotas? ¿Fue la glaciación de Sturtian la que estimuló la evolución y el origen de los animales?
"Desde la perspectiva de la evolución no es siempre algo negativo para la vida en la Tierra afrontar situaciones extremas", recuerda el investigador.
Rocas tropicales en Canadá
Las rocas analizadas por Macdonald y sus colegas en el territorio del Yukón (Canadá) mostraban depósitos glaciales y otros signos de glaciación como clastos estriados (roca transformada en partículas de tamaños diversos), restos transportados por el hielo, y deformación de sedimentos no consolidados. A partir del magnetismo y la composición de estas rocas, los científicos han determinado que hace 716,5 millones de años las rocas estaban al nivel del mar en los Trópicos, a unos 10 grados de latitud.
"Debido al alto albedo del hielo, el modelo climático ha predicho que si el hielo del mar alguna vez llegara a los 30 grados de latitud del ecuador, todo el océano se congelaría rápidamente", asegura el autor principal, que demuestra así que el estudio permite entender "de manera bastante segura" que había hielo en todas las latitudes durante la glaciación de Sturtian.
Aunque los científicos no sepan con exactitud qué provocó esta glaciación o qué terminó con ella, Macdonald afirma que su duración de 176,5 millones de años coincide con la duración de una gran provincia ígnea que se extendía por más de 1.500 kilómetros desde Alaska hasta la Isla de Ellesmere en el extremo noreste de Canadá. Esta coincidencia podría significar que la glaciación se precipitó o se terminó por una actividad volcánica.





viernes, 30 de marzo de 2012

Resuelven el misterio del cadaver humano de 5.300 años hallado en un glaciar



Otzi es un ejemplar inusualmente bien preservado del Neolítico Tardío, que fue descubierto en 1991 en el sur del Tirol, a 3.210 metros por encima del nivel del mar. Los cuerpos humanos son la mejor fuente de información fiable para estudiar las condiciones de vida de seres humanos en el pasado. Por eso, Otzi ha sido objeto de diversos exámenes científicos. Y no sólo con fines arqueológicos, sino también por la importancia que tiene indagar sobre la evolución de cualquier enfermedad humana a lo largo de un periodo de tiempo tan largo.

E
l Dr. Frank Rühli del Instituto Anatómico de la Universidad de Zurich en Suiza, en estrecha colaboración con Eduard Egarter Vigl del Museo de Arqueología del Sur del Tirol en Bolzano, Italia, así como el Dr. Paul Gostner y la Dra. Patrizia Pernter, ambos del Departamento de Radiología del Hospital general de Bolzano, han completado una larga investigación, en la que resultó crucial la utilización de técnicas sofisticadas de tomografía computerizada.
Los análisis de las imágenes obtenidas mediante tales técnicas desvelaron una herida en la pared dorsal de la arteria subclavia izquierda, la arteria localizada bajo la clavícula, provocada por una punta de flecha ya detectada, que sigue en la espalda. Además, un gran hematoma fue visualizado en el tejido circundante. Mediante la combinación de datos históricos, así como información moderna sobre los efectos de una herida tan grave, los científicos han llegado a la conclusión de que Otzi falleció poco después de recibir el flechazo, como consecuencia del mismo.
Una huella tan clara de una lesión vascular en un cuerpo de tanta antigüedad, detectada del modo en que se ha hecho, es, al menos por ahora, un caso único. La técnica empleada ha resultado crucial para determinar la causa de la muerte sin tener que recurrir a una autopsia, con los inevitables efectos destructivos que ésta habría comportado.
Los investigadores tratarán ahora de indagar sobre las circunstancias que rodearon la muerte de este misterioso sujeto.

sábado, 24 de marzo de 2012

Comprueban que un misterioso organismo prehistórico era un hongo gigante


El análisis químico realizado por investigadores de la Universidad de Chicago y del Museo Nacional de Historia Natural en Washington D.C., indica que el organismo era un hongo. El organismo, denominado Prototaxites, se extinguió hace aproximadamente 350 millones de años.

E
l prototaxites ha generado arduas controversias a lo largo de más de un siglo. Originalmente clasificado como una conífera, después se argumentó a través de sucesivas teorías que podía tratarse de un liquen, alguno de varios tipos de algas o un hongo. En cualquier caso, las características de esta forma de vida sorprendieron a muchos de quienes la investigaron. El organismo crecía adoptando una forma parecida a la de un tronco de árbol. Esos "troncos" superaban los 6 metros de altura. El organismo llegó a ser el más grande en tierra durante una época.
El nuevo estudio ha permitido obtener nuevas evidencias, que indican que el enigmático ser fue un hongo. La clasificación como hongo surgió por primera vez en 1919, y Francis Hueber (del Museo Nacional de Historia Natural en Washington, D.C.) revivió la idea en el 2001. Su detallado estudio de la estructura interna ha proporcionado la más fuerte evidencia anatómica de que el prototaxites no fue una planta, sino un hongo.
Hueber hizo una gran contribución en años pasados. Aportó argumentos convincentes de que la estructura interna de este organismo apuntaba a que era un hongo. El gran problema es que nunca pudo encontrar la evidencia definitiva en forma de estructuras reproductivas que pudieran convencer al mundo de que, sin lugar a dudas, se trataba de un hongo.
Como coautores del estudio junto con el propio Hueber y C. Kevin Boyce (Universidad de Chicago), figuran Carol Hotton (Museo Nacional de Historia Natural en Washington, D.C.); Marilyn Fogel, George Cody y Robert Hazen (Instituto Carnegie de Washington) y Andrew Knoll (Universidad Harvard).
El prototaxites vivió por muchas partes del planeta en el período comprendido entre hace unos 420 millones de años y hace unos 350 millones. Durante esta época, que abarcó parte de los períodos Silúrico y Devónico, el paisaje natural de la Tierra era bastante extraño en comparación con el actual.
Al respecto de por qué estos organismos alcanzaron un tamaño tan grande, los investigadores tienen algunas ideas. Básicamente, creen que eso capacitaba al prototaxites para distribuir sus esporas a mayor distancia, permitiéndole ocupar hábitats pantanosos adecuados, que pudieron estar distribuidos formando parcelas en el terreno.
Los ecosistemas devónicos, bastante sencillos, ciertamente no parecían contener nada que impidiera a estos hongos crecer poco a poco durante un largo período de tiempo. Los animales terrestres herbívoros aún no habían evolucionado. Pero, incluso librándose de ser comido por los dinosaurios y los elefantes que aparecieron mucho después, el prototaxites crecía demasiado despacio como para recuperarse de alteraciones de cualquier índole, que en todo ecosistema se acaban presentando.
Es difícil imaginarse a estas cosas sobreviviendo en el mundo moderno.

lunes, 5 de marzo de 2012

Las pulgas primitivas eran de tamaño gigante y vivieron en China

jurásico medio


Científicos franceses han hallado en China los fósiles más antiguos de pulgas que se conocen, unos parásitos "gigantes" en comparación con los actuales, según recoge hoy la revista británica "Nature".

E
l equipo de André Nel, entomólogo del Museo de Historia Natural de París, encontró nueve fósiles en las provincias chinas de Daohugou, Mongolia Interior y Liaoning, que datan de dos épocas diferentes, el Jurásico medio (hace 165 millones de años) y del Cretácico inferior (entre 145 y 99 millones de años).
En una época en la que la Tierra estaba habitada por dinosaurios y grandes reptiles, el hallazgo prueba que el tamaño de las pulgas también era visiblemente mayor: el cuerpo de las hembras podía medir entre 14 y 20.6 milímetros y el de los machos entre 8 y 14.7 milímetros.
Estas dimensiones contrastan con las de las pulgas actuales, que oscilan entre 0,8 y 5 milímetros, y miden de media 3,5 milímetros.
Los restos encontrados, tanto de hembras como de machos, muestran que tenían un abdomen largo y ancho, una cabeza relativamente pequeña, patas largas y una antena pequeña y compacta, pero carecían de alas.
Su rasgo más sorprendente es su boca (con forma de sifón alargado), con la que perforaban la piel de sus anfitriones, más larga en las hembras que en los machos y visiblemente menor que la de las pulgas de hoy en día.
Conservan también algunos rasgos primitivos, en particular unas patas traseras no aptas para saltar.
Estas características sugieren a los investigadores que las pulgas gigantes evolucionaron a partir de la mosca escorpión, una especie alada que habitó en el Cretácico inferior, que tenía una boca similar para alimentarse del néctar de las flores y que se extinguió con la aparición de insectos modernos como los mosquitos o las hormigas.
"La boca y los genitales de las moscas escorpión macho son muy similares a los de las pulgas gigantes, lo que apoya la teoría de que ambas especies están relacionadas y que las pulgas gigantes son moscas escorpiones que evolucionaron para alimentarse de sangre", explicó Nel a Efe.
Con motivo de esa adaptación, las pulgas perdieron sus alas y disminuyó el tamaño de su antena y de sus ojos.
El descubrimiento ha aportado también nueva información sobre la evolución en la elección de sus víctimas ya que, en un primer momento, estos parásitos podrían haberse alimentado de la sangre de dinosaurios con plumas y con posterioridad pasaron a los mamíferos y las aves.
"El gran tamaño de estas pulgas en comparación con las modernas indica que en un primer momento no debieron alimentarse de pequeños mamíferos, sino de grandes dinosaurios con plumas", indicó Nel.
"A medida que estos grandes dinosaurios se extinguieron, desaparecieron también las pulgas gigantes, mientras que las modernas se desarrollaron probablemente durante el Cretácico tardío, a la par que los mamíferos", añadió el investigador.
Sin embargo, el motivo de que su tamaño se redujese tanto permanece sin resolver.
"Quizá adaptarse para poder saltar fue una mejor solución evolutiva que tener un cuerpo grande", especuló Nel.
El hallazgo de estos fósiles es poco frecuente, ya que los restos de ectoparásitos, insectos que viven sobre la piel de sus víctimas y entre los que figuran las pulgas y piojos, son poco abundantes y difíciles de encontrar, lo que dificulta la investigación de sus orígenes en la era mesozoica.