"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN
lunes, 25 de junio de 2012
AMARGO TERERÉ
AMARGO TERERÉ
“Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos; habla con tus
enemigos”. Moshé Dayam
La destitución del, ahora, ex Presidente Lugo por el Congreso de la
República del Paraguay, más allá de la velocidad impresa al trámite
legislativo –idéntica a la que usa el oficialismo aquí para aprobar, en
trámites express, todos los proyectos del Ejecutivo- ha sembrado una
profunda inquietud en las pseudo democracias, todas ellas delegativas,
de América del Sur. Los gobiernos de Venezuela, Ecuador y la Argentina,
acompañados por una declaración retórica de Brasil, vieron como se
afeitaban las barbas de su vecino y correligionario, y pusieron las
propias a remojar.
Porque, a despecho de la intencionalidad política de quienes dicen
encarnar proyectos similares al “socialismo del siglo XXI” del decrépito
papagayo caribeño, en el Paraguay no hubo “golpe” alguno sino que, muy
por el contrario, fueron las propias instituciones de la Constitución
las que pusieron fin a una aventura encarnada por un solo hombre, sin
partido y sin apoyo. Como sucediera en Honduras, donde el Presidente fue
destituido por desobedecer una sentencia de la Corte Suprema de su
país, que inmediatamente fue castigado con el aislamiento por estos
mismos “neo-ofendidos”. Para curarse en salud, recordemos, el inefable
Correa “vendió” (y sus hipócritas colegas “compraron”) como golpe de
Estado una mera huelga policial en reclamo por mejoras salariales, y
consiguió que sus pares activaran las cláusulas regionales de protección
a la democracia.
Porque lo que vimos esta semana en Asunción es, tal vez, la reacción
civilizada y constitucional de los pueblos de América ante los
desmanejos de quienes, mesiánicamente, se sienten dueños y señores de
sus destinos. En un mundo globalizado, que no tolera ya los golpes
militares, parece haberse encontrado un nuevo camino, y los que
enarbolan sus mayorías electorales para usufructuar del poder lo saben.
El refrescante tereré puede expandir sus efectos y eso, claro, les
preocupa sobremanera.
Si las informaciones de que dispongo son verídicas, doña Cristina se
habrá convertido, una vez más, en el hazmerreír internacional: con
bombos y platillos, el Gobierno anunció el retiro de su Embajador en
Asunción, Rafael Romá; sin embargo, mis amigos paraguayos me dicen que
éste se había despedido, con un gran cocktail y muchos agasajos, hace ya
dos meses, y que la representación diplomática está, desde entonces, a
cargo de un encargado de negocios. ¿Ese personaje notable, don ex
Twitterman, no habrá tenido ocasión de informar a doña Cristina ese
“pequeño” detalle?
En la Argentina, por otras vías y diferentes razones, también parecen
haberse activado mecanismos nuevos, que señalan que se están juntando,
en la vereda de la protesta, actores de todos los géneros. Viejos
aliados del kirchnerismo prebendario, organizaciones sociales excluidas
del calor de las billeteras gubernamentales, partidos políticos cuyas
cúpulas han dejado de interpretar a sus afiliados, sindicalistas
expulsados de los despachos oficiales, nuevas conducciones combativas de
gremios tradicionales, honestos ciudadanos que ven como la inflación
destruye sus ingresos, individuos hartos de la prepotencia oficial,
víctimas de la creciente inseguridad, chacareros cansados del permanente
expolio, recientes descubridores de la corrupción oficial, gente
indignada ante el ejercicio de la Presidencia por un notorio
delincuente, peronistas de la vieja guardia desconformes con sus
juveniles reemplazos, gobernadores e intendentes con las arcas vacías
por la voracidad de la Casa Rosada, industriales con problemas de
importación y exportación, ahorristas esquilmados y limitados por
medidas que desconocen, y simples hombres y mujeres de la calle
repugnados hasta por el innecesario y obsceno gasto en el traslado del
hijo presidencial, convergen con los renacidos “caceroleros” para
generar un ruido político que no se oía en el país desde hace años.
El 31 de octubre de 2010, en una nota a la que titulé “Muchos muertos
en uno”, inserté dos párrafos que, a la luz de la agitada semana que
hemos vivido y de lo que promete la próxima, resultan casi proféticos:
“Porque lo cierto es que, esa mañana, en el Calafate, murieron muchas
personas a la vez: el marido de doña Cristina, el jefe político de la
Presidente, el padre de Máximo, el Presidente del PJ oficial, el
verdadero ministro de economía, el real presidente del Banco Central, el
Secretario General de UNASUR, el conductor de la diplomacia nacional,
el dueño de los negocios non sanctos, el jefe de los testaferros, el
árbitro equilibrista entre tantos sectores con fuerzas contradictorias y
enemistadas” y “Pero, como dije, lo que hoy más me preocupa es el
reemplazo en la administración de los conflictos entre las distintas
alas del kirchnerismo que, con toda lógica política, comenzarán a
disputarse los espacios de poder, y de dinero, a partir de mañana
mismo”.
Desde la muerte de don Néstor (q.e.p.d.), la señora Presidente ha
perdido esa capacidad de arbitrar y componer con que su marido dotaba al
Gobierno. E inició una purga, a la que se puede calificar sin pudor
como “stalinista”, para desprenderse de quienes fueran los principales
adláteres de Kirchner. Así, pasaron a llorar más sentidamente ese
fallecimiento personajes tales como don Alberto Fernández, don Rudy
Ulloa Igor, don Hugo Moyano, don Julio de Vido, don Ricardo Jaime, don
Claudio Cirigliano, don Enrique Eskenazi, don Anímal Fernández, y muchos
otros ahora ex amigos del poder o, directamente, testaferros y socios
de éste. Doña Cristina ha optado por encerrarse en un círculo cada vez
más pequeño, que comanda el Chino Zanini, desde el cual las órdenes
bajan hacia los radios que emergen del núcleo central de esa rueda.
El sobrenombre de quien está detrás del trono no es gratuito. Ha
abrevado en el maoísmo, y pretende reproducir aquí lo que los líderes
chinos han logrado allá: una nueva forma de capitalismo, conducido y
digitado por quienes disponen del poder político irrestricto que el
Partido Comunista ha conservado y engrandecido en los últimos años. Sin
embargo, el fracaso económico, producto de la torpeza y de la ignorancia
de los llamados a “profundizar” el modelo, hará que todos sus esfuerzos
terminen en la nada, si nos olvidamos del enorme costo que habrá
implicado esa tentativa para el país.
Porque, convengamos, la peor herencia del cristi-kirchnerismo será la
multitud de pobres –casi el 20% de la población de la Argentina- que,
literalmente, comen todos los días con los diferentes subsidios que este
Estado clientelista les entrega y que ya resultan impagables. ¿Cómo y
qué hará el sucesor de la Presidente para desactivar esa bomba de tiempo
que, irremediablemente, amenazará con estallar en forma inmediata? Se
trata de ciudadanos que, ya por generaciones, no trabajan ni han
trabajado nunca, y que no están preparados para acceder al mercado
laboral.
Es cierto que la inflación, tan negada por el oficialismo a pesar de ser
la verdadera madre de todos los problemas económicos que nos afligen,
ha ido carcomiendo y deteriorando el poder adquisitivo de esos subsidios
y planes, haciendo caer a sus beneficiarios en la miseria. Sin embargo,
son muchas bocas que habrá que alimentar, cuando ya no es posible
recurrir al viejo método de hacer trabajar la maquinita de imprimir
pesos, mal que le pese a Ciccone y a sus fantasmales dueños.
El “modelo de inclusión con matriz diversificada”, ampuloso nombre dado a
este fracaso por sus cultores, dejará este legado al próximo ocupante
de la Casa Rosada, después de diez años de un crecimiento inédito del
país. Se trata, como tantos otros derivados de la gigantesca corrupción
de este gobierno, de un verdadero crimen de “lesa humanidad”, ya que
reúne todos los requisitos que el Estatuto de Roma, que creó la Corte
Penal Internacional y definió esta figura en 1998 -pero el Gobierno y
los Tribunales argentinos usan retroactivamente para condenar a los
militares que combatieron a la guerrilla en los 70’s-, utiliza para
describirla.
El miércoles, la Plaza de Mayo será testigo de la batalla inicial de una
verdadera guerra cuyo final estamos lejos de prever. Doña Cristina, tal
vez por estar pésimamente asesorada por su mesa chica, perderá poder
real en cualquiera de los escenarios; es decir, que don Camión siga al
frente de la CGT o que ésta se parta en cuatro o cinco centrales
sindicales diferentes ya que, entonces, los diferentes líderes
competirán entre sí para obtener beneficios para sus afiliados y
prebendas propias, aumentando la conflictividad social en un momento en
que, además, la ciudadanía le ha perdido el miedo a la Presidente. Tanto
como lo han comenzado a perder los parlamentos y los tribunales ante
los dictadores disfrazados de demócratas en América del Sur.
Argentina, un país totalmente a la deriva, sigue siendo un lugar en el
que sus habitantes son perennemente niños ya que, todos los días, se
recupera la capacidad de asombro.
Bs.As., 24 Jun 12
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Enrique Guillermo Avogadro
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