"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN


Mostrando entradas con la etiqueta PALEONTOLOGÍA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PALEONTOLOGÍA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de mayo de 2012

Surge una nueva teoría sobre la explosión del Cámbrico


Una teoría sugiere que el origen de la explosión del Cámbrico podría descansar en la aparición de las interacciones entre las especies, tales como la depredación, que condujo hacia procesos evolutivos que aumentaron la complejidad de la vida.

Una nueva teoría sostiene que precisamente la aparición de la depredación posiblemente originara la explosión del Cámbrico misma.
La llamada explosión del Cámbrico consistió en una explosión de diversidad de una riqueza sin igual en la historia de la vida. Se puede ver en el registro fósil cómo aparecen por primera vez, justo en ese momento y de forma rápida, organismos pluricelulares más complejos que criaturas simples del estilo de esponjas, medusas y similares. Durante esta explosión surgen aproximadamente, y de repente, cincuenta grandes grupos de organismos (filos), en muchos casos sin que existan precursores evidentes.
Esta súbita explosión de vida, que ocurrió entre hace 542 y 490 millones de años, ha dejado perplejos a los paleontólogos desde los tiempos de Darwin. Obviamente dicha explosión solamente se puede considerar como tal de forma relativa, desde en punto de vista geológico y en comparación con lo que pasó antes y durante los 500 millones de años después, pues duró unos cuantos millones de años.
Hay varías propuestas que intentan explicar este fenómeno. El aumento de oxígeno en la atmósfera terrestre de aquel entonces probablemente lo propició, así como el final de la era glacial denominada "bola de nieve" y la aparición de mecanismos genéticos que permitieron la simetría bilateral, los huesos, los caparazones y la locomoción rápida.
Ahora Geology Charles Marshall de la Universidad de Harvard presenta una teoría más en la que se sugiere que la razón podría haber sido la interacción entre las especies, tales como la depredación, que condujo hacia procesos evolutivos de escala que finalmente dieron lugar al desarrollo de dientes, garras y a toda una variedad de características anatómicas que todavía vemos hoy.
La explosión del Cámbrico es importante porque fue en ese momento cuando aparecieron todos los filos (grandes grupos de clasificación filogenéticos), como por ejemplo el de los cordados, que incluye a los vertebrados, y por tanto a nosotros.
Antes de esta explosión la vida sobre la Tierra era muy simple, primitiva y estaba constituida por criaturas de cuerpo blando que se alimentaban de bacterias que flotaban en el agua o medraban en el fondo oceánico (fauna de Ediácara). Pero estas formas de vida precámbricas desaparecieron antes de la explosión cámbrica. Los antepasados de los filos modernos a los que reemplazaron no han sido encontrados aún en el registro fósil.
Marshall ha revisado las teorías que se han dado con anterioridad llegando a la conclusión de que no explican bien este fenómeno.
Quizás las criaturas del Precámbrico no desaparecieron completamente y, a pesar de que fueran muy diferentes de las que le siguieron, serían lo suficientemente complejas para ser las semillas de la explosión. El hecho de que diversas criaturas actuales, que van de las moscas a los peces, compartan muchos genes apoyaría esta idea. Desde el punto de vista genético estos seres difieren más en cómo usan los genes que en su presencia o ausencia. No hay muchos genes nuevos que creen la innovación, sino la forma en la que se organizan.
Si el precursor de las criaturas del Cámbrico ya habitaba los mares de Ediácara algo tuvo que disparar este cambio tan dramático.
Marshall dice que un modelo computacional sobre las formas de las plantas bajo diferentes ambientes podría proporcionar pistas. El modelo muestra que la diversidad en las plantas puede surgir de un antepasado único cuyos descendientes estén bajo condiciones diferentes. El modelo empieza con una planta simple y primitiva bajo seis reglas genéticas básicas. Entonces se añaden cuatro presiones de selección que dirijan el cambio evolutivo: éxito reproductor, estabilidad mecánica, interceptación de la luz y minimalización de la superficie. El modelo produce 20 tipos de formas vegetales diferentes. Cuando se compara este resultado con el registro fósil se pueden encontrar todas estas formas.
Aplicando esta idea a los animales, Marsahll empezó a investigar las fuerzas ambientales que podrían haber dirigido cambios dramáticos en los animales que poblaban los océanos antes del Cámbrico. Se dio cuenta que antes del Cámbrico los animales no tenían órganos de interacción con el medio. Es decir, no tenían ojos, ni antenas, ni mandíbulas, ni garras… pensó que la nueva fuerza que apareció en escena fue la habilidad de los animales de interaccionar unos con otros.
Los animales de Ediácara no interaccionaban entre sí como lo hacen los actuales y según este investigador sería precisamente esta característica de las interacciones ecológicas la que daría lugar a la explosión del Cámbrico. Los otros factores conocidos irían de la mano de esta fuerza.
Marshall admite no saber qué hizo que aparecieran estas interacciones ecológicas, podría haber sido tan sencillo como la aparición de los primeros seres con "bocas", "mandíbulas", o "grandes estómagos" que empezaran a comerse, a base de "chupetones", el festín de cuerpos blandos que cubría los fondos marinos. La carrera de armamentos evolutiva de medidas y contramedidas haría el resto.
Desde el punto de vista filosófico no deja ser curioso que nuestro propio origen y el de las criaturas más complejas se asiente sobre conductas depredadoras.



martes, 10 de abril de 2012

Causas endógenas a las extinciones masivas


Según sugieren algunos expertos las extinciones masivas causadas por colisiones de asteroides sería una rareza más que la tónica general.

Según la teoría dominante un asteroide de grandes proporciones se estrelló en las cercanías de lo que hoy es la península del Yucatán hace 65 millones de años. Esta colisión levantó grandes nubes de polvo y cenizas que habrían oscurecido la luz del sol y por tanto alterado la función fotosintética y la labor de los productores primarios. Esto habría tenido como consecuencia la disrupción de los ecosistemas terrestres y habría derivado finalmente en una extinción masiva. Los dinosaurios habrían desaparecido justo en ese momento.
Esta teoría se ha puesto en cuestión y algunos estudios revelan que los dinosaurios ya tenían problemas antes de este evento. Sin embargo, la teoría tuvo éxito en su momento en el mundo académico y fue propuesta para explicar otras extinciones masivas.
Según el registro fósil sobre la Tierra ha habido 5 extinciones masivas importantes (hubo muchas otras más pequeñas). Parece existir una periodicidad en este asunto, por eso no es de extrañar que se propusiera el impacto de meteoritos para explicar todas ellas. Según esta idea la influencia periódica de una estrella cercana o alguna otra causa astronómica perturbaría el sistema solar, lanzando objetos de la nube de Oort o del cinturón de Kuiper hacia el sistema solar interior. Eventualmente alguno de estos objetos impactaría sobre la Tierra produciendo la correspondiente extinción masiva.
Sin embargo, hay pruebas de que en otras extinciones masivas pudo haber otras circunstancias en juego.
Según David Bottjer de University of Southern California al menos las cuatro extinciones masivas distintas a las del KT pudieron tener otras causas distintas a las del meteorito. Así por ejemplo Bottjer y otros investigadores sugirieron en el pasado que la extinción del Pérmico de hace 250 millones de años sucedió porque la Tierra "se puso enferma". De este modo las causas serían endógenas, en lugar de venir del espacio exterior.
Ahora, en su última estudio, sugiere que un caso similar pasó en la extinción del Triásico-Jurásico de hace 200 millones de años.
En el congreso anual de la Sociedad Americana de Geología de este año Sarah Greene sugiere un escenario similar para las condiciones oceánicas en el tiempo en el que se dieron tanto la extinción del final del Pérmico-Triásico como la extinción Triásico-Jurásico. En esos dos momentos aparecieron estructuras en forma de ramos de aragonito que crecieron en el fondo oceánico. Estas estructuras de esta clase de mineral son extremadamente raras en la historia geológica del planeta.
Según Green, el hecho de que ambos depósitos se hayan encontrado en esos dos momentos específicos del tiempo, justo cuando se dieron extinciones masivas sugiere que al menos debieron de compartir la misma química oceánica y que ésta debe de estar ligada a la causa de esas dos extinciones.
Aunque ya hay varias teorías que explican la extinción del Pérmico-Triásico todavía no se tiene una buena teoría que explique la extinción del Triásico-Jurásico.
En ese mismo congreso Rowan Martindale presentó sus resultados sobre arrecifes de coral durante la extinción Triásico-Jurásico. En aquella época los arrecifes de coral eran muy similares a los del presente, pero todos desaparecieron en la extinción.
Martindale ha identificado dos clases de arrecifes: unos dominados por coral y otros dominados por lodo y detritus probablemente mantenidos cohesionados gracias a la acción bacteriana. Una teoría que explique esta extinción debe de explicar la extinción de ambos tipos arrecifes.
Cualquier pista sobre la desaparición de esos arrecifes podría ayudar a entender el declive del coral causado por el cambio climático actual.
Estos resultados se suman a lo ya afirmado por otros investigadores y que fueron reseñados en esta web. Según Peters Shanan, de la Universidad de Wisconsin-Madison, la explicación para todas estas extinciones está en el océano y, en particular, en la relación entre el nivel del mar y los sedimentos a lo largo del tiempo geológico. Los cambios en el ambiente marino relacionados con el nivel del mar ejercen una influencia sobre las tasas de extinción que, en general, determinan la composición de la vida en los océanos.
Otras teorías se basan en la actividad volcánica y/o en la presencia de gases arrojados por esta actividad geológica. Algunas sugieren incluso que fue el dióxido de carbono el que produjo alguna de estas extinciones, precisamente el mismo gas que ahora estamos arrojando nosotros. En todo caso, con o sin cambio climático, parece que ya nos encontramos en medio de la sexta gran extinción.







lunes, 9 de abril de 2012

Los mamuts prehistóricos del sur y norte de Europa eran iguales


Los mamuts que vivieron en lo que hoy es Andalucía eran más similares a los individuos de hábitats más norteños de lo que se esperaba. Es una de las conclusiones del estudio que firma Diego Álvarez Lao, paleontólogo e investigador de la Universidad de Oviedo que ha analizado los restos de mamut lanudo hallados en Padul (Granada).

 "Los restos de mamuts lanudos hallados en el yacimiento de Padul, cerca de Granada, son los más meridionales de Europa. Se sitúan sólo un grado más al norte de la localización más sureña que se conoce de estos animales en todo el mundo", afirma Diego Álvarez Lao, doctor en Paleontología e investigador del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo que ha elaborado el artículo.
La investigación, que publica la revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology en su número del 15 de julio, revela que durante el Pleistoceno Superior (hace entre 30.000 y 40.000 años), los mamuts que habitaron en Padul y sus contemporáneos de la región centroeuropea tenían la misma envergadura y no existieron diferencias significativas entre ellos. "Es frecuente que los ejemplares de una misma especie presenten variaciones de tamaño en función de la latitud en la que habitan, como es el caso de los osos. Sin embargo, los mamuts de Padul no cumplen este patrón", afirma Álvarez Lao.
Una posible razón que explicaría este hecho sería el posible carácter estacional de la presencia de estos animales en Padul, en las inmediaciones de Sierra Nevada, aunque no es la única hipótesis: "Es posible que en los inviernos glaciales los mamuts migraran hacia el Sur buscando un entorno más templado. Pero la gran similitud entre ellos también puede deberse a que las condiciones ambientales no eran tan diferentes entre Padul y Europa continental", señala el paleontólogo.
Un aspecto que apoya la segunda interpretación es que los restos de vegetación muestran que el clima en la zona de Padul era frío y árido, condiciones propicias para la presencia de estos animales. No obstante, "no se ha encontrado en Andalucía ningún otro resto de mamut lanudo, el más adaptado al frío y el más reciente, por lo que el entorno de Padul pudo haber actuado como un enclave para ellos", afirma el investigador.
Un repaso a los yacimientos
El estudio ha incluido la datación y el análisis morfológico de los restos de los, al menos, cuatro mamuts machos hallados en Padul y su comparación con los de otros yacimientos de Europa Central.
Además, y junto a científicos europeos, el investigador ha participado en una revisión exhaustiva mundial de todos los yacimientos meridionales con presencia de mamut lanudo para valorar la importancia del yacimiento de Padul en el contexto de la distribución de esta especie.
En este trabajo han colaborado Ralf-Dietrich Kahlke, Nuria García y Dick Mol, científicos del Centro de Investigación de Paleontología del Cuaternario en Weimar (Alemania); del Departamento de Paleontología de la Universidad Complutense; y del Museo de Historia Natural de Rotterdam (Países Bajos), respectivamente.
El estudio de los mamuts de Padul se enmarca en la investigación más amplia que ha desarrollado Álvarez Lao acerca de los grandes mamíferos adaptados al frío en la Península Ibérica durante el Pleistoceno. Zorro ártico, glotón, reno, buey almizclero y rinoceronte lanudo son algunas de las especies que han centrado el trabajo del investigador. Se trata de un trabajo que se publicará próximamente en la revista científica de impacto Quaternary International, y que ya se encuentra disponible en su edición digital.
Tecnología neandertal
Por otra parte, Álvarez Lao colabora en la excavación de la cueva de El Conde (Tuñón, Santo Adriano) que codirige Juan Luis Arsuaga (también codirector del equipo de Atapuerca que ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica).
En estos momentos, el equipo está a la espera de la publicación de los últimos hallazgos que ha alumbrado el yacimiento asturiano relacionado con los Neandertales. Según fuentes de la investigación, el hallazgo aporta novedades no ya sólo respecto a los materiales utilizados, sino que también amplía el conocimiento existente acerca de la tecnología Neandertal. Junto a Arsuaga, dirigen los trabajos de El Conde la arqueóloga Gema Adán y el paleontólogo Miguel Arbizu, ambos de la Universidad de Oviedo.
Álvarez Lao explica como sigue la vinculación entre su área de estudio y la arqueología: "La Paleontología del Cuaternario está muy ligada a la Arqueología, ya que en muchas ocasiones los mismos yacimientos concentran restos humanos y de la fauna que cazaban. Se trata de ciencias que excitan nuestra imaginación y que nos ayudan a vislumbrar el camino que hemos recorrido los seres vivos a lo largo de la Evolución".








miércoles, 28 de marzo de 2012

Aparece una nueva teoría sobre las extinciones masivas



Según una teoría los cambios en el ambiente marino relacionados con el nivel del mar y los sedimentos explicarían todas las extinciones masivas.

H
a habido cinco episodios de extinción masiva en la Tierra en los últimos 500 millones de años. Sobre estas extinciones masivas hay diversas hipótesis, desde impactos de meteoritos a vulcanismo. Algunas no son muy satisfactorias, no explican ciertas cosas y hay todavía misterios sin resolver. Así por ejemplo, no explican por qué ciertos animales han sobrevivido a las diversas extinciones y otros no, o el porqué de la casi equidistancia temporal de estos eventos. Recordemos que los datos que disponemos sobre estos eventos proceden del registro fósil, y principalmente de la vida marina, siempre más abundante y más susceptible de dejar huellas fósiles, sobre todo cuando los animales tiene conchas o partes duras.
Ahora un nuevo estudio, publicado el 15 de junio de 2008 en la revista Nature, sugiere que la explicación para todas estas extinciones está en el océano y, en particular, en la relación entre el nivel del mar y los sedimentos a lo largo del tiempo geológico.
Según Peters Shanan, de la Universidad de Wisconsin-Madison, las expansiones y contracciones de esos ambientes tienen profundos efectos sobre la vida en la Tierra.
Según Peters, los cambios en el ambiente marino relacionados con el nivel del mar ejercen una influencia sobre las tasas de extinción que, en general, determinan la composición de la vida en los océanos.
Los científicos piensan que desde el advenimiento de la vida en la Tierra, hace 3.500 millones de años, puede haber habido 23 eventos de extinción masiva. Pero durante la mayor parte de ese tiempo solamente había formas de vida simples (unicelulares) que dejaron pocas pruebas fósiles. Durante los últimos 540 millones de años, periodo en el cual ya había vida compleja, se produjeron cinco extinciones masivas bien documentadas, principalmente de plantas y animales marinos, en las que se llegaron a extinguir un porcentaje de especies que va del 75% al 95% del total. Aunque hubo otros eventos de extinción, éstos no alcanzaron las proporciones de estas cinco extinciones masivas.
En su mayor parte, los científicos no han podido explicar bien las causas de esos dramáticos acontecimientos. En el caso de la desaparición de los dinosaurios los científicos tienen una pista: un cráter de impacto. Según la teoría dominante los dinosaurios (y muchas otras especies del Cretácico) fueron eliminados como resultado del impacto de un gran meteorito sobre la Tierra. Pero las causas de las otras extinciones masivas no han sido bien explicadas a pesar de que los paleontólogos han intentado explicar este misterio durante los últimos 60 años. No obstante, se han propuesto diversas teorías.
Arnold I. Miller, de la Uversidad de Cincinnati, dice que el nuevo estudio es sorprendente, ya que establece una relación clara entre la periodicidad de los eventos de extinción masiva y los cambios en el nivel del mar y los sedimentos: "A lo largo de los años, los investigadores han tratado con bastante desdén la idea de que las extinciones masivas marinas, como la gran extinción del Pérmico tardío, podrían estar vinculadas con una disminución del nivel del mar, a pesar de que estos descensos se sabe que han ocurrido muchas veces a lo largo de toda la historia de la vida. La clara relación que este estudio documenta motivará a muchos a reconsiderar sus anteriores puntos de vista. "
Peters puede medir dos tipos principales de ambientes de plataforma marina conservados en la roca del registro geológico: uno derivado de la erosión de la tierra y otro compuesto principalmente de carbonato de calcio, que es producido localmente por los organismos con concha o por procesos químicos. Las diferencias físicas entre estos dos tipos de ambientes marinos tienen importantes consecuencias biológicas. Peters ha notado diferencias en la estabilidad de los sedimentos, la temperatura y la disponibilidad de nutrientes y luz solar.
En el transcurso de cientos de millones de años los océanos del mundo se han expandido y contraído en respuesta a la tectónica y a los cambios en el clima. Hubo períodos de la historia del planeta en los que vastas extensiones de los continentes fueron inundadas por mares someros, como el que anegaba parte de lo que hoy es Norteamérica durante la época de los dinosaurios.
Según estos mares se drenaban los animales que los poblaban se extinguieron, cambiando también las condiciones en las plataformas marinas, donde la vida exhibió su mayor diversidad en forma de seres como las almejas y los caracoles.
El nuevo estudio no se opone a otras influencias físicas a la extinción, como las erupciones volcánicas o los impactos de asteroides, ni a las influencias biológicas como las enfermedades y la competencia entre las especies. Pero lo que sí hace, sostiene Peters, es proporcionar un vínculo común para eventos de extinción en masa durante un tramo de la historia de la Tierra.
Según Peters los científicos tienden a tratar las principales extinciones en masa de forma aislada. Este trabajo las une en términos de un mecanismo de forzamiento, y también nos dice algo acerca de quien sobrevive y quien no a lo largo de estas fronteras. También estos resultados abogan porque una fracción importante de cambio en las tasas de extinción está controlada por un solo parámetro ambiental.

sábado, 24 de marzo de 2012

Crean una pared virtual para manipular objetos en 3D

Constituye un gran avance para las aplicaciones médicas, de diseño industrial y paleontología


Investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña han diseñado una pared virtual que permite visualizar e interactuar con objetos mediante imágenes estereoscópicas. Está equipada con una 'linterna mágica virtual', un sistema único hasta ahora para inspeccionar con gran detalle, por ejemplo, cualquier parte del cuerpo humano, desde la piel, pasando por los músculos y las venas, hasta los huesos. (UPC/T21)

E
l grupo de investigación en Modelado, Visualización e Interacción en Realidad Virtual (MOVING) de la Universidad Politècnica de Catalunya. BarcelonaTech (UPC) ha diseñado una pared virtual (EsteroWall) de altas prestaciones y de bajo coste para visualizar y interactuar con objetos mediante imágenes estereoscópicas. La instalación, que funciona con un complejo software desarrollado por el mismo equipo, es una herramienta idónea para aplicaciones en medicina, diseño industrial y paleontología, entre otros ámbitos.
El sistema EsteroWall o pared virtual se basa en una pantalla de alta resolución de 270x200 cm donde se proyectan las imágenes. También consta, entre otros elementos, de dos proyectores conectados a un ordenador central (PC), un espejo de reflexión, una pantalla de retroproyección, un dispositivo de posicionamiento y unas gafas de polarización circular para ver en 3D. El sistema de proyección estereoscópico de grandes dimensiones también está unido al mismo PC con una tarjeta gráfica de altas prestaciones. Utiliza un sistema estéreo pasivo que, junto con las gafas 3D, ofrece una alta calidad de las imágenes y permite la visualización en grupo (15 personas).
La pared virtual ofrece diferentes sistemas de interacción, con el sistema intersense, que proporciona una detección muy precisa del usuario y de sus movimientos, y la pantalla táctil, que sirve para interactuar con el objeto proyectado.
Además, dispone de un puntero con diferentes botones de control y una linterna mágica virtual, un sistema único hasta ahora en el ámbito de la realidad virtual. Esta linterna es un sistema de inspección para visualizar e inspeccionar al mismo tiempo tanto el interior como el exterior del objeto de manera interactiva, cosa que favorece un análisis muy detallado de lo que se quiere inspeccionar. Así, la linterna mágica permite inspeccionar con gran detalle, por ejemplo, cualquier parte del cuerpo humano, desde la piel, pasando por los músculos y las venas, hasta los huesos.
Aplicaciones
El equipo que ha desarrollado la pared virtual, liderado por la profesora Isabel Navazo, lo ha ideado inicialmente para uso docente para inspeccionar modelos anatómicos, a pesar de que es un sistema que abre un abanico infinito de aplicaciones. En el campo médico comporta un avance para ayudar al diagnóstico y planificar operaciones quirúrgicas (como simular y planificar una incisión sin lesionar órganos o estructuras importantes del cuerpo), para el aprendizaje en anatomía y para las prácticas de los estudiantes.
En el ámbito industrial, facilita y reduce los costes en el diseño cooperativo de prototipos virtuales, ya que permite ajustar el modelo a las necesidades antes de la construcción, una gran ventaja en el campo del diseño de buques y la ingeniería naval y también aeronáutica. Actualmente, la instalación ya se comercializa, a través de la empresa SENER.
En paleontología, ofrece un gran potencial porque permite visualizar con gran detalle piezas fósiles, como es el caso de la instalación realizada en el museo del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont de Sabadell.
El mismo grupo de la UPC es autor también de una instalación anterior en el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC), que utiliza tecnología similar de realidad virtual para visualizar en 3D la portada del monasterio de Santa María de Ripoll. Este modelo digitalizado permite descubrir enfoques y puntos de vista inéditos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Descubren fósiles de lo que parecer ser el primer animal con esqueleto


Lo que sabemos sobre la vida que pobló este mundo en el pasado lo sabemos casi en exclusiva gracias al registro fósil. Si una forma de vida no fosilizó en ningún momento entonces no sabremos nunca de ella.

La posibilidad de que un ser fosilice depende de varios aspectos, como que tenga o no partes duras. De este modo, los seres con caparazones, huesos, esqueleto o exoesqueleto de algún tipo fosilizan más fácilmente que otros constituidos sólo por partes blandes. A veces ocurre que durante muchos años se especula mucho con la forma de un ser del pasado porque sólo se cuenta con sus partes duras, como pasó con los conodontos, y luego, cuando se encuentra un fósil que conserva sus partes blandas resulta que la criatura era muy diferente en vida a cómo la habíamos imaginado.

De todos los millones de especies que ya desaparecieron sólo conocemos una pequeña parte, las demás nos son desconocidas y muchas lo serán por siempre porque aunque busquemos sus fósiles no los encontraremos nunca. Encima la tectónica y la erosión va degradando ese registró, eliminando información sobre su existencia. Quizás hubo un día un yacimiento fósil clave que permitiría desentrañar un gran misterio de la evolución animal, pero quizás fue destruido en la colisión de dos continentes.
Desde el punto de vista lógico, la Paleontología terminará como ciencia en el momento en que se descubra el último fósil, aunque eso probablemente no ocurrirá antes de que la especie humana como tal también se extinga. Mientras tanto podemos disfrutar de lo que se va conociendo.

Por tanto, el registró fósil es lo que nos habla de esas especies del pasado y nos habla de una manera parcial. Hubo un tiempo en que la explosión del Cámbrico era todo un misterio porque en el registro fósil las formas pluricelulares complejas de vida aparentemente surgían súbitamente de la nada. Muchos de esos seres presentaban en vida diversos grados de mineralización que facilitó que se fosilizaran. Ya en su día Darwin echó la culpa de este fenómeno a un registro fósil incompleto.
En las últimas décadas se han ido descubriendo fósiles de formas de vida que existieron antes de la famosa explosión cámbrica. Son seres de cuerpo blando, con aspecto pasivo y poco complejos, pero muy interesantes. Los primeros se descubrieron en Australia en las colinas de Ediácara y dieron nombre al periodo geológico anterior al Cámbrico: el Ediacarense, que se sitúa entre hace 630 y 542 millones de años. Luego se descubrieron fósiles similares en otras partes del mundo. La parte triste es que el descubridor de esta fauna, Reginald Sprigg, pasó años luchando para que se reconocieran sus hallazgos como fósiles precámbricos sin éxito alguno.
Se ha especulado mucho sobre la vida ediacarense. Como la morfología de los seres que vivieron en esa época es bastantes distinta a la de los seres que aparecieron después se ha llegado a proponer que la fauna de ediácara fue un "experimento fallido" desde el punto de vista evolutivo que no dejó descendencia directa posterior.
La explosión del Cámbrico sigue siendo "explosiva" pese al descubrimiento de fauna ediacarense, pero para saber mejor cómo se dio tal explosión de vida animal compleja hay detalles que todavía quedan por saber, como la aparición de las primeras estructuras duras.

Ahora un grupo de paleontólogos de la Universidad de California en Riverside ha descubierto el animal con esqueleto más antiguo conocido. Se le ha llamado Coronacollina acula y su edad se sitúa entre los 560 y 550 millones de años, lo que le sitúa dentro del Ediacarense, antes de la explosión del Cámbrico. Vivía en el fondo oceánico.
Este hallazgo proporciona pistas sobre la evolución de la vida en este planeta, sobre la extinción de especies o cómo los organismos responden a los cambios ambientales.
Se han encontrado fósiles de esta criatura en Australia. Los espécimenes mejor conservados de Coronacollina acula muestran un cuerpo principal con espinas articuladas. Sus fósiles aparecen como una depresión en la roca de unos pocos milímetros a 2 cm de profundidad. Pero como las rocas en las que están se han compactado durante todo este tiempo el animal medía de 3 a 5 cm en vida.

De este cuerpo principal con forma de cono truncado partían unas espículas que medían de 20 a 40 cm de longitud. La construcción de este ser es similar a las esponjas cámbricas. Los investigadores especulan que esta criatura ingería comida de manera similar a cómo lo hacen las esponjas y que carecía de locomoción.
Hasta ahora se creía que antes del Cámbrico todos los animales tenían el cuerpo blando y carecían de partes duras, pero este organismo, con su esqueleto, demuestra que ya había seres con partes duras en sus cuerpos antes del Cámbrico. Además, estas partes duras proporcionaban un soporte estructural al animal, lo que constituye una innovación evolutiva muy importante en los animales.

Según los autores del estudio este ser proporciona un enlace entre dos periodos de tiempo. En el primer periodo se producirían los organismos precursores que luego se desarrollarían en el Cámbrico. La aparición de las partes duras o esqueléticas no se darían súbitamente en el Cámbrico como se pensaba, sino que algunos seres de la fauna de Ediácara fueron los que dieron lugar al linaje animal que conocemos. Según estos científicos esta fauna no se extinguió sin dejar descendencia, sino que fueron los precursores de lo que vino después durante el Cámbrico.
Este esqueleto mantendrían el resto del cuerpo, constituido por partes blandas, de este ser. Como suele ocurrir en estos casos una vez se da la muerte del animal su cuerpo, incluidas su partes blandas, se fragmenta y por esa razón se encuentran espículas y troncos de cono por separado. Como se han encontrado cientos de estos fragmentos ha sido posible reconstruir el esqueleto de este ser. La abundancia de estos restos hace pensar que se trataba de una especie gregaria.

Habitualmente se asocia la presencia de esqueleto con la aparición de la depredación, pero en este caso el esqueleto sólo proporcionaba soporte estructural. No se han hallado pruebas de que existiera depredación en el Ediacarense.
Sin duda este hallazgo es algo que habría gustado mucho a Darwin.

sábado, 17 de marzo de 2012

Encuentran restos de una especie homínida hasta ahora desconocida bautizada como "hombre del Ciervo Rojo"


Un equipo internacional de investigadores ha analizado los huesos de unos extraños ejemplares del género Homo encontrados en China. Por sus rasgos híbridos, entre arcaicos y modernos, los descubridores sugieren que los huesos podrían haber pertenecido a un nuevo linaje o haber pertenecido a primates homínidos llegados a China desde África.

U
n equipo internacional de investigadores ha analizado los huesos de unos extraños ejemplares del género Homo encontrados en China.
Por sus rasgos híbridos, entre arcaicos y modernos, los descubridores sugieren que los huesos podrían haber pertenecido a un nuevo linaje o haber pertenecido a primates homínidos llegados a China desde África.
Los restos fósiles, que se correspondían, concretamente, con cinco humanos diferentes y fueron recogidos en el suroeste de China, constituyen un nuevo misterio para los paleoantropólogos.
Según una datación sobre los huesos publicada en la revista PLoS One, éstos tienen entre 14.500 y 11.500 años, por lo que coincidieron con el Homo sapiens. Sin embargo, algunos de sus rasgos son muy primitivos, parecidos a los de humanos mucho más antiguos.
Especie desconocida
Los autores del hallazgo, un equipo de científicos liderado por Darren Curnoe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, lo han bautizado "hombre del Ciervo Rojo", recordando el nombre de una de las cuevas donde encontraron los restos y porque, probablemente, los primates homínidos descubiertos se alimentaban de estos animales.
Los investigadores se han aventurado a sugerir que podría tratarse de una especie hasta ahora desconocida que sobrevivió hasta el final de la Edad de Hielo, hace unos 11.000 años. La segunda hipótesis que plantean, menos arriesgada, es que estos humanos procedían de África, pero no interaccionaron genéticamente con el hombre moderno porque emigraron antes que el resto.
En el este asiático, los restos fósiles son escasos, lo que dificulta el trazo de la evolución humana durante la parte final del Pleistoceno en esa región.
Para el presente estudio, se compararon esqueletos parciales de dos yacimientos cercanos. Por un lado, se estudió el esqueleto parcial de una cueva cercana al pueblo de Longlin, en la región de Guangxi, que se recuperó en el 1979 y se empezó a investigar en 2009. Por otro, se utilizó material de la excavación realizada en el año 1989 en la cueva relativamente vecina de Maludong (Cueva del Ciervo Rojo en chino), cerca de Mengzi, en la provincia de Yunnan, que ya se habían analizado un año antes.
Información en los huesos
La comparación entre los cráneos y los dientes de los restos fósiles recogidos en Longlin y Maludong muestran similitud entre ellos, por lo que los científicos deducen que son de la misma especie. Lo sorprendente es que tienen a la vez rasgos de hombre arcaico y moderno.
Los escáneres muestran como los lóbulos parietales tienen características arcaicas, en comparación con sus cavidades cerebrales, que muestran que tenían lóbulos frontales parecidos al de los humanos actuales.
Otras de sus características son cavidades cerebrales redondeadas con prominentes arcos de las cejas. Los huesos de sus cráneos eran gruesos, con unos rasgos faciales cortos y planos, aunque de nariz amplia. Las mandíbulas salían hacia fuera, pero no tenían la barbilla de los seres humanos actuales.

lunes, 12 de marzo de 2012

Revelan que los bosques de hace 385 millones de años tenían bastante complejidad ecológica


Vamos a tratar de remontarnos a un tiempo pretérito anterior a todo ello, a hace 385 millones de años, a una región de la Tierra que hoy es el estado de Nueva York, pero que entonces se situaba en una disposición continental muy distinta a la actual. Durante el Devónico los ecosistemas marinos eran muy interesantes y los peces conquistaban nuevas formas anatómicas y nichos ecológicos. Aunque al principio de este periodo la tierra firme era casi una superficie a conquistar por la vida animal, ésta no tardó mucho en extenderse sobre ella. Los primeros animales en llegar a tierra firme fueron artrópodos del estilo de los escorpiones y miriápodos, mucho tiempo antes de que empezara el Devónico, pero a comienzo de este periodo aparecieron ya los primeros insectos.

P
ero quizás lo más fascinante se dio durante el Devónico medio (hace entre 398 y 385 millones de años), cuando los primeros tetrápodos aparecieron en las aguas costeras y dieron lugar más tarde a la aparición de los primeros anfibios. A partir de ellos evolucionaron todos los vertebrados de tierra firme.
Se sabía que durante el Devónico medio se dieron signos de cambios profundos en los ecosistemas terrestres: aumento de las precipitaciones, cambio climático, caída de los niveles de dióxido de carbono, cambios en los patrones de sedimentación y, ¿cómo no?, una extinción masiva. Sin embargo, hasta ahora se conocía poco de la ecología de los primeros bosques que había en ese momento y cómo los cambios en los ecosistemas de tierra firme influyeron en esos procesos. ¿Cómo eran los bosques por donde se arrastraban los primeros tetrápodos, esos animales que al final dieron con la línea evolutiva que terminó en nosotros?

A unos 240 km de la Gran Manzana se encuentra el yacimiento paleontológico de Gilboa, el registro fósil más famoso de esa época. Fue descubierto en el siglo XIX y vuelto a estudiar en la década de los veinte del siglo pasado. Allí se encontraron cientos de moldes en arenisca de Eospermatopteris (o "antiguos helechos de semillas"), unos misteriosos tocones a partir de los cuales no se pudo saber muy bien a qué árboles correspondían. Desde esos primeros años del siglo XX, ha habido pocas oportunidades de estudiar afloramientos similares en donde hubiera ese tipo de fósiles, pero los pocos encontrados dieron lugar a resultados tentadores. Ahora se sabe que esos fósiles corresponden a grandes árboles cladoxylopsid, gracias a que en 2004 y 2005 se encontraron en localizaciones cercanas una base de este tipo de árbol y una buena porción de tronco que permitieron resolver el misterio de cómo eran esos árboles. En 2007 NeoFronteras cubrió precisamente la noticia de la determinación de que los Eospermatopteris pertenecen a la claseCladoxylopsida, que eran grandes plantas vasculares ya extintas con una morfología espectacular para su tiempo.
Hace ya unos años parte de estos mismos investigadores que han hecho este nuevo descubrimiento determinaron que estos árboles recordaban a las modernas cicadáceas o a los helechos arborescentes, aunque no estaban emparentados con ninguno de los dos.
El yacimiento de Gilboa original se cubrió de tierra, pero en 2010 los ingenieros del Departamento de Protección Medioambiental de Nueva York retiraron esa tierra y permitieron a los investigadores examinar los fósiles de nuevo. Pero esta vez descubrieron una porción intacta de ese bosque primigenio que estaba tachonado de sistemas raíces fosilizados. Han podido analizar 1200 metros cuadrados de esa superficie. Obviamente vieron muchas raíces deEospermatopteris, pero no esperaban ver tal nivel de detalle en la composición general del bosque.

Al estudiar lo que una vez fue el suelo pantanoso de uno de los primeros bosques de nuestro planeta los paleontólogos han descubierto nuevas características de ese bosque de hace 385, así como nuevas especies de plantas. Este redescubrimiento proporciona más respuestas a las preguntas que han estado intrigando a los paleontólogos desde que se descubrió el yacimiento. Constituye además la primera prueba directa de que los bosques más primitivos ya contaban con una amplia diversidad de tipos de plantas que convivía juntas de manera interrelacionada, y que no eran meros agrupamientos de parches de especies solitarias.

"Fue como descubrir el equivalente botánico de huellas de dinosaurios", dice William Stein, de Binghamton University. La parte más excitante, según él, fue descubrir los distintos tipos de huellas que había allí. A este paleontólogo se le excitaba la imaginación con imágenes de este bosque cuando caminaba sobre el yacimiento, pues añade: "La nueva área recientemente descubierta ha sido conservada de tal forma que fuimos literalmente capaces de caminar entre árboles, notando de qué tipo eran, dónde se levantaban y cómo de grandes eran". Este investigador ha escrito una artículo sobre este hallazgo junto a Linda VanAller Hernick (State Museum), Frank Mannolini y Christopher M. Berry (Cardiff University) que ha sido portada en Nature.
Estos paleontólogos han podido analizar sistemas de raíces de Eospermatopteris en la posición que tenían cuando los árboles estaban vivos, entre los cuales hay rizomas con extrañas raíces y ramas de Aneurophytalean progymnosperms.Aneurophytaleans estaba asociada ecológicamente a los árboles originales y vivía entre ellos sobre el suelo como los modernos helechos, pero posiblemente trepaba hasta el dosel del bosque de manera similar a como lo hacen algunas lianas tropicales en la actualidad.

También han encontrado grandes aneurophytaleans, un árbol que contaba ya con tejido cambium vascular bifacial. Es decir, constituye el primer ejemplo en el registro fósil de planta con madera verdadera y el grupo más antiguo en el linaje que dio lugar a las modernas plantas con semillas. Este descubrimiento en concreto ha sido toda una sorpresa, aunque quizás en el pasado se encontró material relacionado y no fue reconocido como tal.
Además han encontrado Lycopsida arborescentes que preceden geológicamente a un descubrimiento anterior en la región. Tenían troncos de 11 cm de grosor y 4 metros de altura. Estos vegetales constituyen un grupo muy antiguo de plantas vasculares sin semilla que están emparentados con los modernos licopodios. Durante el Carbonífero contribuyeron a la formación de carbón que podemos quemar hoy en día.
El equipo de investigadores cree que el área era una región costera pantanosa inundada con clima tropical, llena de grandes Eospermatopteris que recuerdan en la forma al bambú actual (no emparentado), con un sistema de raíces poco profundo que se extendía en todas direcciones, permitiendo así a otras plantas asentarse, como los aneurophytaleans, que trepaban sobre esas raíces. Los Lycopsida eran menos abundantes en promedio, pero probablemente importantes en ciertos lugares. Es posible que el bosque estuviera limitado en duración y sujeto a perturbaciones periódicas.

En el Devónico medio cayó el nivel de dióxido de carbono atmosférico, lo que redujo el efecto invernadero y contribuyó a una glaciación. Según Stein, los árboles probablemente cambiaron todo. Según él la aparición de los bosques no sólo dio lugar a cambios en los patrones de sedimentación, sino que además esos cambios climáticos asociados produjeron una extinción masiva que se puede apreciar en el registro fósil.
"La complejidad del yacimiento de Gilboa puede enseñaros mucho acerca del montaje de nuestros modernos ecosistemas. Según comprendemos el papel de los bosques en los sistemas globales modernos y afrontamos un potencial cambio climático y deforestación a escala global, estas pistas del pasado pueden ofrecer una lección valiosa para manejar el futuro de nuestro planeta.", añade Stein.

Así que, amigo lector, si en esta casi primavera boreal o casi otoño austral se da un paseo por un bosque cualquiera piense que la complejidad que observa casi se daba hace 385 millones de años, cuando alguno de sus antepasados tetrápodos intentaban conquistar tierra firme. Los afortunados, como estos investigadores, pueden incluso andar por el mismo suelo sobre el que se levantaba ese bosque primigenio, un suelo sobre el que quizás también se arrastraba por el suelo inundado ese antepasado de todos nosotros.
En esa época se estaba reinventando el mundo y se pagó el precio de una glaciación y una extinción masiva. Ahora somos nosotros los que debemos evitar una nueva extinción masiva causada por nosotros mismos.

martes, 21 de febrero de 2012

Encuentran que justo después de la extinción masiva del Ordovícico no se produjo una súbita explosión de biodiversidad


Se creía que después de una extinción masiva se producía una rápida y súbita explosión de biodiversidad. Los nichos ecológicos vacíos permitirían una proliferación de las especies supervivientes que se especiarían en otras nuevas en poco tiempo. Esto se debería a una ausencia de competidores y a que se abrirían nuevos nichos antes ocupados. En los últimos años se han ido encontrando contraejemplos a esta idea. Pero para poder enunciar un comportamiento general de la Naturaleza se necesitan generalmente varios casos y, al fin y al cabo, quizás las extinciones masivas pueden ser diferentes entre sí. Ahora se presenta un contraejemplo más sobre este asunto, esta vez sobre lo acaecido después de la extinción masiva acaecida hace 445 millones de años.

El estudio se centra en los graptoloides. Éstos no empezaron a diversificarse y a producir nuevos rasgos hasta después de 2 millones de años tras la extinción que eliminó a sus competidores. Este hallazgo desafía de nuevo la idea de que una gran extinción es seguida de una evolución rápida.
Charles E. Mitchell, de la Universidad de Buffalo, dice que lo que han encontrado es una especie de periodo de calma evolutiva previa a la diversificación. Durante ese periodo los ecosistemas se reforman a sí mismos y surgen nuevas relaciones interespecíficas.

Los investigadores proporcionan pistas sobre cómo una nueva extinción masiva, esta vez causada por el ser humano debida a la deforestación y cambio climático, pueda afectar a la vida en la Tierra de hoy en día.

David W. Bapst, de la Universidad de Chicago, se pregunta qué pasaría si el plancton marino fuera afectado. ¿Cómo afectaría esto a grupos de organismos en general? Según él, la motivación detrás de este trabajo es comprender cómo la extinción y la evolución de la forma se relacionan entre sí. Añade que el registro fósil es el único lugar donde se pueden estudiar este tipo de experimentos a lo largo de muchos millones de años.
Los graptoloides fueron colonias de zooplancton que ya están extintas, pero estos animales evolucionaron rápido y estaban dispersos por una gran superficie geográfica, por lo que el registro fósil es rico en ellos. Esto permite extraer información de calidad sobre cómo estas especies se diversificarón.
Estos investigadores analizaron dos grupos diferentes de graptoloides: neograptines y diplograptines. Ambos grupos vivían durante la extinción del Ordovícico sucedida hace 445 millones de años, pero sólo el primero sobrevivió a ella. Las especies de diplograptines eran dominantes sobre las de neograptines antes de la extinción y además variaban más en morfología, construyendo colonias de muchas maneras.

Una vez desaparecieron los diplograptines por culpa de la extinción masiva, los neograptines tuvieron la oportunidad de conseguir una mejor posición una vez sus directos competidores habían desaparecido. Tenía que haberse producido un estallido rápido de radiación adaptativa y los neograptines debían de haberse diversificado rápidamente y desarrollado nuevos rasgos con nuevas arquitecturas en sus colonias al aprovecharse de los nichos ecológicos que la desaparición de los diplograptines dejó vacíos. Al menos, así dice la hipótesis tradicional.
El estudio, que cubre 9 millones de años de la historia evolutiva de estos seres y basado en 183 especies, no encontró que tal radiación adaptativa se diera.
Inmediatamente después de la extinción masiva del Ordovícico proliferaron nuevas especies de neograptine como era de esperar, pero estas nuevas especies muestran sólo pequeños cambios en su morfología no el estallido de innovación que la hipótesis predice. De hecho, los gratoloides mostraron una velocidad de cambio evolutivo en sus rasgos físicos superior en la época anterior a la gran extinción.

Esta limitada innovación se produjo durante 2 millones de años después de la extinción. Los investigadores proponen tres explicaciones. Según la primera de ellas, en este periodo se produciría un tipo de evolución en el que se establecerían las relaciones interespecíficas de especies que co-evolucionan. Como este tipo de relación necesita de un tiempo para poder establecerse se tardó todo esos dos millones de años en producirse la evolución sobre los rasgos físicos. Según la segunda explicación las nuevas especies de gratoloides que aparecieron podrían haber diferido unos de otros, pero de manera independientemente de sus rasgos físicos. Es decir, se habría producido una radiación no adaptativa. La tercera posibilidad es que los graptoloides podrían haber experimentado este lapso evolutivo por culpa de un modo de crecimiento complejo.

Además de estos aspectos los investigadores investigaron las razones por las que los neograptines escaparon a la extinción masiva mientras que los diplograptines no. Concluyen que la forma de la colonia no tuvo nada que ver con ello y sugieren que otros factores tuvieron que tener algún papel en ello, como las preferencias por distintos hábitats.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Encuentran diversos restos de plumas cretácicas conservadas en ámbar que corresponderían tanto a aves como a dinosaurios


Los fósiles suelen evocar sólo vagamente el ser que los produjo. Todo su color, textura o volumen suelen desaparecer en el proceso de petrificación. Por esta razón es difícil saber ciertas cosas de los animales que los generaron. A veces sólo son un molde aplastado del cuerpo o parte del cuerpo del animal o planta de difícil interpretación.

S
in embargo, hay un tipo de fósil que sí conserva muchas características, incluido las partes blandas que suelen estar ausentes en otros tipos de fósiles. Se trata de los fósiles conservados en ámbar. En el pasado ciertos árboles producían resina en gran cantidad y de vez en cuando algún insecto o pequeño animal se veía atrapado en él. Envuelto en ese sudario de resina, privados de oxígeno y a salvo de las bacterias descomponedoras, algunos de esos restos han llegado hasta nuestros días. La resina está ya petrificada, pero su transparencia permite ver el interior.
Esto me recuerda que poseo un pequeño trozo de ámbar comprado en una tienda neoyorkina, así que ahora mismo paso a contemplarlo. Es un trozo de ámbar báltico del Eoceno y contiene un mosquito. Hace falta una lupa para poder verlo, pero se pueden apreciar pequeñísimos detalles en las patas o alas. Produce cierto vértigo pesar que lo que hay dentro estuvo vivo hace tanto tiempo y que nos haya llegado hasta ahora. No se puede reconstruir un dinosaurio a partir de la sangre supuestamente conservada en él ni aunque en esa época hubiera dinosaurios, pues éstos se extinguieron 25 millones de años antes. Pero la idea, por desgracia, fue empleada en Parque Jurásico y, aunque nos haga volar la imaginación, es falsa. Lamentablemente, las películas de éxito masivo suelen atiborrar bellas localizaciones con turistas ignorantes o encarecer, como en este caso, el ámbar con inclusiones fósiles.
Los restos biológicos conservados en ámbar se suelen reducir a fragmentos o a animales pequeños como los insectos. A lo más se ha hallado alguna pequeña rana, así que esperar encontrar un dinosaurio es algo impensable. Sin embargo, sí es posible encontrar algunos restos suyos, como vamos a ver a continuación.
Hace entre 70 y 85 millones de años, en el Cretácico, lo que hoy es el sur de Alberta era una región templada costera y los árboles formaban bosques similares a los de secoyas rojas de la costa de California actual. Por aquel entonces algunos animales tuvieron que arrimarse demasiado a algún árbol resinoso y allí se dejaron unas cuantas plumas. O bien el viento llevó alguna de sus plumas hasta la resina (lo más probable). Ahora, especialistas de la Universidad de Alberta han estudiado estas plumas conservadas en varias muestras de ámbar.
Este análisis ha llevado a Ryan McKellar, de la Universidad de Alberta, a concluir que en la colección del Royal Tyrrell Museum, se pueden hallar protoplumas de algún dinosaurio no aviar. También hay plumas muy similares a las de las actuales aves, incluidas aquellas que pueden nadar bajo el agua.
Recordemos que los Museos realizan campañas de recogida y luego encierran los especímenes encontrados en almacenes (esto recuerda a la película "En busca del arca perdida"), fuera de la vista de cualquier humano, hasta que puedan ser estudiados. Pueden pasar muchos años desde que se encuentran en el campo hasta que por fin se estudian. En este caso las muestras proceden del famoso depósito cerca del lago Grassy, que normalmente contiene muchas inclusiones de insectos, y han estado 15 años sin analizar.
McKellar y sus colaboradores buscaron en diversas colecciones y a través de más 4000 piezas hasta dar con aquellas que tenían plumas. También se vieron beneficiados por las donaciones de personas privadas. Una vez encontradas las montaron y pulieron para ser observadas con microscopio. Los fragmentos de plumas encontrados miden sólo entre 2 y 8 milímetros de largo, pero están exquisitamente conservados.
En los últimos años se ha informado reiteradamente del hallazgo de fósiles de dinosaurios con lo que parecen ser plumas. Aunque las plumas son complejas, se propuso que en su día que en un principio aparecerían como simples filamentos, como las halladas en el dinosaurio Sinosauropteryx y que luego la evolución las fue haciendo más complejas, con ramificaciones y diversas estructuras hasta culminar en las plumas que permitían el vuelo del Archaeopteryx. La función de las primeras plumas sería la de hacer de aislante térmico o como sistema para llamar la atención en los cortejos de apareamiento. Posteriormente se utilizaron para el vuelo.
Pero las plumas son un tejido blando que fosiliza muy mal. Los pocos restos con los que se contaba eran plumas aplastadas y "carbonizadas" que casi no retenían detalles. Pero estas plumas conservadas en ámbar son todo lo contrario.
Once de estos especímenes son descritos como las plumas conservadas en ámbar más ricas del Cretácico. Bajo el microscopio presentan detalles increíbles, así como pigmentación y color. Los colores de estas plumas van del marrón al negro. Estos patrones de coloración se suman al descubrimiento del año pasado sobre el plumaje de Sinosauropteryx y la presencia de melanosomas.
No se han encontrado fósiles asociados directamente a estas muestras de ámbar, pero, según McKellar, la comparación entre las plumas encontradas en el ámbar y las que se han podido estudiar en rocas sugieren que algunos de los especimenes proceden de dinosaurios, en concreto a pequeños terópodos.
Los especímenes más complejos son plumas asimétricas con elementos entrelazados. Esta estructura recuerda a la de las modernas aves acuáticas, por lo que corresponderían a aves.
Este hallazgo sugiere la coexistencia temporal y geográfica de grupos de animales distintos con plumas avanzadas y primitivas, como ya se había sospechado anteriormente.
Este descubrimiento augura futuros estudios sobre la estructura y composición de las plumas de dinosaurios que hasta ahora eran imposibles. Quizás incluso también se puedan encontrar restos de antiguos parásitos, hongos y otros restos. Pueden ampliar la visión que tenemos de la biota de la época.


martes, 15 de noviembre de 2011

El ADN de caballos prehistóricos confirma el realismo de las pinturas rupestres


¿Son las pinturas del Paleolítico un reflejo realista de lo que fue su entorno? Un equipo de científicos ha utilizado muestras de ADN (ácido desoxirribonucleico) prehistórico para averiguar el grado de realismo de unos caballos representados en pintura rupestre.

P
ublicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los resultados muestran que todas las variaciones de color observadas en las pinturas rupestres paleolíticas, incluidas las que representan animales moteados, existieron en poblaciones de caballos antes de su domesticación. El estudio contribuye a corroborar la teoría de que los pintores reflejaban su entorno natural y que existían fenotipos de caballos de puntos blancos en ejemplares prehistóricos antes de que se lograse su domesticación. Hasta ahora los estudios de ADN sólo habían logrado confirmar la existencia de caballos bayos y negros.
En este estudio, científicos de Alemania, México, Rusia, España, Reino Unido y Estados Unidos genotiparon y evaluaron 9 loci relacionados con el color de la piel de 31 caballos prehistóricos, cuando esta especie aún no había sido domesticada, que vivieron hace 35 000 años en Europa oriental y occidental, Siberia y la Península Ibérica. El equipo evaluó huesos y dientes de especímenes obtenidos en 15 yacimientos.
Los datos muestran que un gen relacionado con un pelaje moteado, similar al del leopardo, aparece en cuatro muestras del Pleistoceno y en dos de la Edad del Cobre procedentes de Europa occidental y oriental. El descubrimiento confirma la existencia de caballos moteados. Los resultados apuntarían, pues, a que todos los fenotipos de colores distinguibles en las pinturas rupestres (bayo, negro y moteado) existieron de verdad en poblaciones de caballos antes de su domesticación.
El equipo indica que el complejo fenotipo asociado al pelaje moteado no era común, sobre todo tras haber perdido terreno frente a otros. Pero en la actualidad se ha recuperado y es uno de los preferidos en varias razas de caballo como el Appaloosa y el Noriker. «Los trabajos de cría se han intensificado de nuevo por el creciente interés en la recuperación de estos caballos», afirmó la Dra. Monika Reissmann del Departamento de Ciencias Agrícolas y Animales de la Universidad Humboldt (Alemania).
«Nuestros resultados sugieren que, por lo menos en lo referente a los caballos salvajes, las pinturas de cuevas paleolíticas, incluyendo las notables pinturas de caballos manchados, se basaron en animales reales con ese aspecto», explicó Michi Hofreiter, profesor del Departamento de Biología de la Universidad de York (Reino Unido). «Estudios de ADN anteriores habían generado indicios de la existencia de caballos bayos y negros, pero el nuestro ha demostrado que el fenotipo de motas complejo al modo de los leopardos ya estaba presente en caballos prehistóricos y que los humanos los representaron con fidelidad hace ya 25 000 años.»
El profesor Hofreiter además apunta que los resultados del estudio respaldan la hipótesis de que las pinturas rupestres podrían contener connotaciones menos simbólicas de lo que se cree normalmente y ser representativas del entorno natural de los humanos.
En relación al estudio y el trabajo dedicados al mismo, la Dra. Melanie Pruvost del Instituto Leibniz para la Investigación de la Vida Salvaje de Berlín (Alemania) y el Instituto Arqueológico Alemán afirmó: «Sólo ahora contamos con las herramientas genéticas necesarias para conocer la apariencia de animales extinguidos, y aún quedan muchos interrogantes y fenotipos cuyo proceso genético está por describir. No obstante, ya podemos comprobar que este tipo de estudio mejorará en gran medida el conocimiento que poseemos sobre el pasado. Saber que existían caballos moteados al estilo del leopardo en el Pleistoceno europeo aporta nuevos datos y conocimientos para la interpretación arqueológica del arte rupestre.»

miércoles, 12 de octubre de 2011

Anuncian hoy importante hallazgo fósil en la Antártida Se trata de un plesiosaurio de hace 70 millones de años en perfecto estado. Fue un trabajo en conjunto con científicos de EE.UU.


Buenos Aires. Científicos argentinos darán a conocer hoy en Tecnópolis un hallazgo paleontológico importante producido en la Antártida.
Desde la oficina de prensa de la muestra indicaron que el descubrimiento “coloca al país a la vanguardia de la investigación mundial”.
Se trata de un plesiosaurio juvenil fósil, encontrado a unos 60 kilómetros de la Base Marambio. El fósil habría muerto por una erupción volcánica en la Antártida hace 70 millones de años, un período en el cual los continentes y los océanos eran cálidos.
Se destaca por su espectacular preservación que obedecería a que fue cubierto por varias capas de cenizas volcánicas. Según los especialistas, se trata del ejemplar “más completo jamás hallado” y su reconstrucción completa fue presentada simultáneamente en Washington y Buenos Aires.
El ejemplar tenía cuello largo, 1,5 metro de largo y se habría desplazado como lo hacen los pingüinos.
En el trabajo también participaron científicos estadounidenses y fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencias, de Estados Unidos.