"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN


jueves, 2 de septiembre de 2010

Un estudio vincula la religiosidad con el lóbulo temporal derecho del cerebro

Personas con lesiones en esta área cerebral mostraron un comportamiento “hiperreligioso”


Las investigaciones sobre lesiones cerebrales han ido proporcionando, en los últimos años, interesantes datos sobre el funcionamiento de la mente humana, y también sobre el reflejo o el origen neuronal de la religiosidad y la espiritualidad humanas. Un estudio realizado por científicos del Institute of Neurology de Londres, ha revelado recientemente que lesiones en el lóbulo temporal derecho del cerebro pueden propiciar la "hiperreligiosidad" de los pacientes. Esta investigación viene a sumarse a otras que han demostrado, por ejemplo, que los daños en el lóbulo parietal derecho propician la espiritualidad o que los tumores situados en las zonas parietales posteriores del cerebro generan una mayor "autotrascendencia".

Las investigaciones sobre las lesiones cerebrales proporcionan un conocimiento único sobre el funcionamiento de la mente. Si el comportamiento humano se ve modificado por daños en alguna región del cerebro, eso implica que dicha región tiene una función particular, que puede definirse.
Existe una lesión cerebral que consiste en la atrofia de los lóbulos temporales, que son regiones del cerebro situadas aproximadamente detrás de cada sien y que se cree están implicadas en tareas visuales complejas, como el reconocimiento de caras; que son el "centro primario del olfato" del cerebro y, también, que regulan ciertas emociones como la ansiedad, el placer o la ira.
Un estudio reciente sobre esta lesión de los lóbulos temporales, realizado por el neurólogo del Institute of Neurology de Londres, Dennis Chan, ha revelado que, además, uno de estos lóbulos podría estar vinculado con la religiosidad humana.
Según publica la revista Epiphenom, se trataría del lóbulo temporal derecho. La atrofia de este lóbulo temporal concreto se produce raramente, y consiste en que la mayoría del lado derecho del cerebro simplemente se "marchita".
Chan y sus colaboradores compararon a veinte pacientes con esta atrofia cerebral particular con otros veinte pacientes que presentaban el mismo tipo de lesión, pero en el lóbulo temporal izquierdo.
Ambos grupos de individuos presentaban problemas psicológicos serios, derivados de sus lesiones cerebrales. Sin embargo, en ambos casos los síntomas no eran los mismos.
Esta diferencia radicaría en que el hemisferio cerebral izquierdo controla el habla y la mano diestra. Las lesiones en esta parte del cerebro se notan, por tanto, enseguida. Por el contrario, la atrofia del lóbulo temporal derecho es más sutil.
Los enfermos que la padecen se pierden fácilmente, tienen dificultades para reconocer caras, y presentan una serie de trastornos de comportamiento, como la desinhibición o la obsesión.
"Hiperreligiosidad" y aumento de la espiritualidad
En el caso de los veinte individuos con atrofia del lóbulo temporal derecho estudiados, se demostró, además, que dos de ellos tenían alucionaciones visuales con objetos inanimados y otros dos experimentaban las señales recibidas por uno de sus sentidos como captadas por otro sentido diferente.
Además, tres de ellos eran "hiperreligiosos". En el caso de la otra veintena de pacientes, ninguno presentó esta característica. Los resultados de esta investigación han sido publicados por la revista Brain.
Las lesiones en la parte derecha del cerebro habían sido vinculadas anteriormente con la religiosidad. En un estudio publicado en 2008, y realizado por científicos de la University of Missouri-Columbia, en Estados Unidos, se estableció que los daños en los lóbulos parietales de dicho hemisferio cerebral propiciaban que la gente que los padecía puntuara más alto en mediciones estándar sobre su espiritualidad.
En este caso, fuero analizados 26 adultos con lesiones cerebrales traumáticas en estas áreas del cerebro.
El lóbulo parietal derecho está relacionado con la conciencia del yo en referencia a otros objetos en el espacio, con la conciencia del yo tal y como lo perciben otros en situaciones sociales y con la capacidad de evaluar de manera crítica las capacidades propias.
Región parietal posterior y autotrascendencia
Por otra parte, un estudio publicado por la revista Neuron en febrero de 2010 y realizado por científicos de la Universidad de Udine, reveló a principios de 2010 que los tumores situados en las zonas parietales posteriores del cerebro también provocan rápidos cambios relacionados con la religiosidad.
Tal y como explicamos, esta investigación reveló que, en personas que sufrían tumores cerebrales, sólo aquéllas a las que se les extirparon tumores de las zonas parietales posteriores del cerebro vieron modificados sus niveles de "autotrascendencia", que es una de las tres dimensiones del carácter que, según la psicología, agrupa las características de espiritualidad, misticismo, pensamiento mágico y religioso, así como la visión de uno mismo como parte integral del universo.
La autotrascendencia, en definitiva, nos hace sentirnos como una parte integral del universo y, desde el punto de vista científico, sirve para medir el comportamiento espiritual de cada individuo.
Religión y cerebro
Desde hace unos años, y gracias a los avances tecnológicos alcanzados, que permiten el registro de a actividad neuronal del cerebro, la neurociencia ha intentado explicar la religiosidad y la espiritualidad humanas desde una perspectiva puramente fisiológica.
Así, por ejemplo, en investigaciones neurológicas recientes se han descubierto las zonas del cerebro implicadas en las experiencias místicas e, incluso, se ha llegado a crear un mapa que definiría el "cerebro místico" www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-mistico_a3760.html.
Estos avances abren un interesante debate sobre si estos descubrimientos pueden considerarse una demostración de la existencia de Dios o, por el contrario, constatarían únicamente que la experiencia religiosa es tan sólo un producto más de la actividad cerebral del ser humano.








Un cambio en el entorno provoca una recombinación en células madre

Científicos financiados con fondos comunitarios han descubierto que las células madre procedentes de uno de los principales órganos del sistema inmunitario puede reprogramarse para generar células madre de folículos pilosos. La clave de este cambio reside en una modificación del entorno en el que se cultivan las células. Los resultados demuestran que es posible alterar células madre sin necesidad de recurrir a la manipulación genética. Los detalles del estudio se han publicado en la revista Nature.


El ectodermo, el endodermo y el mesodermo son tres capas germinales que se desarrollan a medida que crece un embrión. Con el paso del tiempo, estas capas formarán la base de la piel y los nervios (ectodermo), el intestino, el hígado, el páncreas, el timo y otros órganos (endodermo) y los músculos, los huesos y la sangre (mesodermo).
La comunidad científica pensaba hasta ahora que los límites entre cada una de las capas no se podían transgredir. No obstante, los resultados del estudio mencionado demuestran que las capas son mucho más flexibles y que las células madre que pasan de una capa a otra pueden producir resultados sorprendentes.
Los científicos, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL, Suiza) y la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), han descubierto que las células con origen en una de las capas germinales (en este caso células madre del timo originadas en el endodermo) pueden llegar a desarrollarse como células asociadas a una de las otras dos capas (células madre cutáneas originadas en el ectodermo).
Los científicos llegaron a esta conclusión tras cultivar células madre del timo, un órgano importante del sistema inmunitario, aplicando las condiciones necesarias para el crecimiento de células madre de folículos pilosos de la piel. Descubrieron que las células madre trasplantadas generaron células de piel y pelo que se mantienen activas durante más de doce meses, un periodo considerablemente mayor que las células madre de folículos pilosos producidas en condiciones naturales. Los marcadores genéticos de las primeras se asemejaban de forma gradual y cada vez más a los de las células madre de los folículos pilosos.
Esto significa que el entorno puede reprogramar células madre para generar tejidos que en circunstancias normales no sería posible crear. Al igual que las células madre del timo (antes consideradas menos versátiles que otras células), los descubrimientos sugieren que la recombinación podría suceder también en otros órganos. Esto supondría un enorme avance en los campos de la regeneración de órganos y los trasplantes y podría ayudar a mucha gente que ha sufrido por ejemplo quemaduras.
La Dra. Clare Blackburn de la Universidad de Edimburgo explicó que no se trata sólo de la activación de una capacidad latente al entrar éstas células madre en contacto con la piel, sino que «se cambian de carril: expresan genes distintos y se vuelven más potentes». Añadió que de profundizar en esta investigación se podría determinar si otros microentornos (aparte de la piel) producirían un resultado similar.
Esta investigación recibió apoyo del Sexto y Séptimo Programas Marco (6PM y 7PM) a través de tres proyectos: EUROSTEMCELL («Consorcio europeo para la investigación con células madre»), financiado con 11,91 millones de euros mediante el área temática «Ciencias de la vida, genómica y biotecnología aplicadas a la salud» del 6PM; EUROSYSTEM («Consorcio europeo para la biología sistemática de las células madre»), que contó con una financiación de 12 millones de euros, provenientes del tema «Salud» del 7PM, y OPTISTEM («Optimización de la terapia con células madre para ensayos clínicos sobre enfermedades musculares y degenerativas de la piel»), que recibió 11,99 millones de euros también mediante el tema «Salud» del 7PM.






El sonido de una estrella distante revela un ciclo similar al del Sol

En un intento por resolver los misterios del Sol, como los procesos que originan su ciclo de actividad de 11 años, un equipo internacional de científicos liderado Rafael García, investigador canario del Servicio de Astrofísica del CEA (Saclay, Francia), ha escuchado las ondas de sonido de una estrella distante y ha observado un ciclo magnético similar al solar. No es la primera vez que se observa un ciclo de actividad en una estrella, pero sí la primera que se detecta con ondas de sonido, una técnica que hasta ahora sólo se utilizaba en la investigación solar.

Debido a que la estrella investigada (HD49933) se encuentra fuera del alcance de las técnicas de observación habituales, a 100 años luz de la Tierra, el equipo de investigadores examinó las fluctuaciones acústicas del astro, usando una técnica llamada sismología estelar. La estrella, situada en la constelación del Unicornio, es algo más grande y caliente que el Sol.
Los científicos han detectado un ciclo de actividad menor de un año frente a los 11 que tarda el Sol en completar el suyo. Esta alta velocidad de actividad de la estrella permitió a los científicos observar un ciclo casi completo sin necesidad de esperar los 11 años necesarios en el Sol. Gracias a la utilización de esta técnica, los investigadores pudieron detectar en la superficie de la estrella manchas similares a las que encontramos en el Sol en zonas de intensa actividad magnética.
El estudio, que se publica esta semana en la revista Science, está liderado por Rafael García, investigador canario del Servicio de Astrofísica del CEA (Saclay, Francia) , y ha contado con la colaboración de científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de EE.UU. (NCAR), del Centro Nacional de la Investigación científica Francesas (observatorio de París/Meudon) y de la Universidad de Toulousse.
"La descripción de la actividad de estrellas que albergan planetas será necesaria porque las condiciones magnéticas en la superficie de la estrella podría influir en la zona habitable donde la vida podría desarrollarse", apunta García.
"Fruto de su actividad interna, las estrellas producen ondas de sonido detectables en su superficie", explica Clara Régulo, coautora del estudio e investigadora en el IAC. "Investigando las frecuencias y la amplitud de estas ondas podemos obtener muchos datos del astro. Esto se hace desde hace mucho tiempo en el Sol (heliosismología) pero es la primera vez que se aplica en otra estrella para estudiar su magnetismo, lo que se ha observado en el Sol también lo hemos observado en esta estrella", puntualiza la experta.
Esta nueva técnica abre la puerta a la investigación de otros muchos ciclos estelares en los que además se podrá conocer la estructura interna de los astros gracias a la asteroseimología, ya que hasta ahora sólo disponíamos de un solo ejemplo: El Sol.
Por ello, servirá para entender mejor la dinámica del ciclo solar, un ciclo con efectos en la Tierra como las tormentas geomagnéticas que pueden provocar graves perturbaciones a las redes eléctricas y de comunicación. También abre el camino a la observación de la actividad magnética de cientos de estrellas, que podrían revelar nuevos sistemas solares con el potencial de albergar vida. Esta investigación ha sido financiada por la National Science Foundation y los Planes Nacionales de Investigación de Francia y España.
La observación de estrellas
Para poder llegar a esta conclusión, los científicos examinaron durante 187 días los datos capturados por la misión espacial Rotación, convección y Tránsitos planetarios (CoRoT).
Lanzado el 27 de diciembre de 2006, CoRoT ha sido desarrollado y es operado por el Centro Nacional Francés de Estudios Espaciales (CNES) con colaboraciones de Austria, Bélgica, Brasil, Alemania, España, y la Agencia Espacial Europea (ESA). CoRoT está equipado con un telescopio de 27 centímetros de diámetro y 4 detectores CCD con una cámara sensible a pequeñas variaciones a la intensidad de la luz de las estrellas.
Los astrofísicos planean extender sus observaciones mediante el uso de otras estrellas observadas por CoRoT así como con los datos de la misión Kepler de la NASA, lanzada en marzo de 2009.
El equipo ha pasado los últimos seis meses estudiando la estructura y dinámica de la estrella HD4933 y la clasificación de su tamaño. Luego, verificaron sus observaciones mediante telescopios terrestres para confirmar la actividad magnética de la estrella. Cuando este cuerpo reaparezca por detrás del Sol, en septiembre, esperan medir la longitud del ciclo y continuar con estos estudios.







miércoles, 1 de septiembre de 2010

Curiosidades de los ojos y los oídos

Dentro del ojo hay un líquido claro y gelatinoso y se necesitan 6 músculos para mover el globo ocular. Cada ojo tiene forma de esfera de 2,5 cm de diámetro, siendo los ojos del hombre medio milímetro más grandes que los de la mujer. La mayoría de las personas parpadea 15 veces por minuto. Las lágrimas son necesarias para mantener los ojos húmedos y limpios. La zanahoria ayuda a ver en la oscuridad, porque tiene vitamina A.

La percepción del color se debe a unas células situadas en la retina ocular: los conos. Existen tres tipos de conos, encargados de percibir cada uno de los tres colores primarios de la luz (el azul, el verde y el rojo). En una persona normal (no daltónica), la combinación de estos tres colores le permite discernir una muy amplia gama de tonalidades intermedias, alrededor de una de cada 30 personas es ciega para el color (daltónica), y no distingue bien el rojo ni el verde. El ojo humano puede distinguir cerca de 10.000 colores diferentes.
La sensación de "destaponar" los oídos se debe a la trompa de Eustaquio, para equilibrar la presión del aire en el oído medio. Los niños tienen el oído más sensible que los adultos. El cerumen lo producen glándulas que hay en la piel del oído. Esta cera protege el tímpano del polvo y la suciedad, y su desagradable olor disuade a los insectos de entrar en el oído. El estribo, perteneciente al oído, es el hueso más pequeño del cuerpo humano, con solo 2'6 mm de longitud. La intensidad de un sonido (volumen) se mide en decibelios. Los sonidos por encima de 90 decibelios producen dolor de oído. Por encima de los 130 dB pueden causar sordera.
El ser humano es extremadamente sensible a ondas sonoras de 1.000 a 4.000 Hz, pero sordos sobre los 20.000 Hz. Los perros, gatos y zorros pueden oír hasta 60.000 Hz. Los ratones, murciélagos y ballenas pueden emitir y captar sonidos sobre los 100.000 Hz, extremadamente agudos o ultrasonidos. Los infrasonidos, ondas sonoras muy bajas, de 100 Hz o menos, están bajo la sensibilidad humana. Las palomas mensajeras captan ondas sonoras de hasta 0'05 Hz, lo que le permite detectar, con sus extraordinarios sistemas de orientación, tempestades a cientos de kilómetros de distancia.





El cerebro es el sintonizador y el creador de la realidad

Nuestro conocimiento del mundo depende de las interacciones neuronales con el mundo exterior


Lo que conocemos como realidad es el resultado de una serie de interacciones entre los circuitos y trazas neuronales del cerebro y el mundo exterior. De esta interacción surge una sola representación mental o “realidad” de cada individuo en su particular universo, entre las potenciales realidades que se derivan de todas las posibles interacciones del cerebro con el entorno. De esta forma surge la metáfora del cerebro como sintonizador o detector/creador de realidad, si bien su capacidad para apreciar la “realidad total” es limitada porque depende de la cantidad de interacciones, directas o indirectas, que puede establecer nuestro cerebro con el mundo exterior o Todo. Por Oscar Antonio Di Marco Rodriguez.        

Foto: MikeBlogs
Foto: MikeBlogs
La metáfora del cerebro como un “sintonizador” o detector/creador de “realidad” es solo eso: una metáfora o analogía que busca explicar con un ejemplo electromecánico bastante simple, conocido e ilustrativo, el funcionamiento de esa maquina tan compleja que es el cerebro.

La similitud sería la siguiente:

1º Etapa: captación de señal.
Es la interacción, descrita a nivel cuántico, de cada experiencia entre el mundo o medio ambiente que nos rodea (el “Todo” o the “Wholeness”) y nuestro Sistema Nervioso Central (cerebro/sintonizador; the “Tuner”), en particular nuestros diferentes sentidos que actúan como antenas.

2ª Etapa: transmisión de la señal
Se conforma una traza neuronal o circuito propio de esa experiencia, que se transmite por la red neuronal, como en el conductor metálico de un sintonizador, salvando la diferencia de características orgánicas en lo que respecta a la generación de potenciales de acción, sinapsis, etc vs. diferencias de potencial eléctrico.

3º Etapa: registro y memoria.
Según la experiencia de que se trate (ruidos, luces, olores, etc. vs. ondas electromagnéticas de diferente frecuencia, amplitud, TV, radio, telefonía, etc.), los circuitos y tratamiento de la señal recorrerán diferentes trazas o caminos neuronales, para ser procesadas en diferentes sectores demoduladores: cerebelo, amígdalas, hipocampo, encéfalo, etc., vs. parlantes, tubos de rayos catódicos, etc.), quedando registros de estos cambios (memorias de corto y largo plazo vs. grabadoreselectromecánicos)

4ª Etapa: acciones eferentes
Según el tipo de experiencia se producirán, en los diferentes sectores demoduladores, diferentes acciones emergentes (movimientos, pensamientos, etc, en el cerebro, vs. sonidos, imágenes, etc, en el sintonizador)

Captar y transmitir

Podemos decir entonces que las terminales nerviosas de nuestros sentidos son las encargadas de captar (al modo que lo haría la antena de un sintonizador) y transmitir (al modo que lo harían los conductores de un sintonizador) las señales codificadas con la correspondiente información desde el objeto -algo o parte del “Todo” (the “Wholeness”) exterior-, hasta diferentes zonas del cerebro, en forma de cadenas de procesos electrobioquímicos llamados: impulsos nerviosos, sinapsis, potenciales químicos, electroquímicos, neurotransmisores, etc, procesos bastante bien conocidos, basados esencialmente en interacciones electromagnéticas de alguna manera parecidos o similares – potenciales químicos versus potenciales eléctricos - a como circulan las corrientes eléctricas en los conductos de los sintonizadores.

Finalmente, esas señales son transportadas a distintos sectores del cerebro (cerebelo, hipocampo, amígdalas, senos o lóbulos frontales, hemisferios derecho e izquierdo, etc.), formando trazas o circuitos únicos de cada experiencia, las que funcionando coordinada e integralmente se transforman en conciencia, memorias, conocimiento, consciencia y eventualmente distintas acciones como manifestación eferente o nuevas propiedades “emergentes”, en modo equivalente, aunque mucho más complejo, en que las ondas electromagnéticas e invisibles del “éter” (espectro de radiaciones electromagnéticas) se transforman en determinadas y precisas ondas de presión de aire (sonidos de radio) u otro tipo de radiación lumínica codificada y visible (imágenes de TV) en los diferentes tipos de sintonizadores.

Representación mental

Según el filósofo y experto en neurociencias Daniel C. Dennett, de las interacciones entre los circuitos o trazas neuronales del cerebro - cada uno de ellos perfectamente naturales e inconscientes - “emerge” una sola representación mental (en un primer paso la conciencia animal básica que compartimos con diferentes matices, con todos los demás seres vivos y en una segunda etapa, mediante la intervención de los lóbulos frontales, la corteza, etc., obtenemos la consciencia, prácticamente exclusiva de los humanos) o “realidad” de cada individuo en su particular universo, entre las muchas – ¿infinitas? - posibles o potenciales “realidades” que derivan de las infinitas posibles o potenciales interacciones del cerebro/sintonizador (the “Tuner”) con el “Todo”(the “Wholeness).

Si interpreté correctamente a Dennett en su último libro “Dulces Sueños” (Editorial Katz), él parece decir que de las interacciones entre las trazas o circuitos neuronales formados por las distintas experiencias vivenciales a partir de la concepción – repito, cada una de ellas perfectamente inconcientes e involuntarias – mediante una especie de asamblea política o fama, surge o “emerge” un consenso en tiempo real que se transmite hasta el nivel conciente en todos los organismos vivos y luego de pasar por los lóbulos cerebrales, hasta el nivel consciente en los humanos.

Y esa es la “realidad” de cada individuo, quedando otras asambleas neuronales, que no logran similar consenso y permanecen como perdedoras a nivel inconsciente, sin alcanzar la conciencia ni la consciencia, pero con la capacidad de cambiar de estatus según se alteren algunas de las condiciones de la interacción, tanto internas como también cerebro/ medio ambiente (the Tuner/the wholeness), en cuestión.

Modelo biológico

Este proceso es fácil de identificar si analizamos lo que sucede en el proceso de crecimiento de cualquier ser vivo:

Al momento de nacer solo contamos solo con los reflejos básicos que nos permiten sobrevivir – que no son pocos, ni menos sencillos -, así tenemos en los humanos los mecanismos respiratorios, las funciones cardíacas, digestivas, la succión propia de los mamíferos, etc., etc.

En esos momentos, si bien abrimos los ojos, no interpretamos lo que vemos, ni entendemos lo que nos dicen, ni somos capaces de coordinar el menor de los movimientos, etc., etc., pero poco a poco. con el pasar del tiempo y de las experiencias, en forma totalmente inconsciente o automática o involuntaria, vamos tomando paulatina conciencia de lo que nos rodea , al principio torpemente, con mas errores que aciertos, pero siempre – salvo problemas ajenos a nuestra voluntad, como accidentes o enfermedades no atribuibles a nuestro albedrío o “free will” – mejorando nuestra perfomance hasta llegar luego de años a integrarnos debidamente a la vida de los adultos en nuestra comunidad.

Es en todo este proceso donde creo que cabe muy apropiadamente la explicación de Dennett.

Si un cerebro no cuenta con experiencias anteriores, ¿de que manera evalúa como proceder a continuación?: evidentemente, todo el conocimiento anterior, todo lo cultural, toda la nueva estructura neuronal conformada paulatinamente sobre la estructura cerebral innata (con todos sus aciertos, errores, accidentes o anomalías propias) por la experiencia cotidiana, es la base de nuestro comportamiento…ahora y siempre.

El cerebro es el que decide

A esto habría que agregar recientes investigaciones de los especialistas en neurociencias y comportamiento humano: el Dr Benjamín Libet (Chicago, Illinois, 12 de abril de 1916 - 23 de julio de 2007) destacado neurofisiologista americano, el Dr. Wolf Singer, Director del Instituto Max Planck de Investigaciones sobre el Cerebro, Frankfurt, Alemania, y otros que demostraron que el cerebro toma las decisiones en aproximadamente unas dos o tres centésimas de segundo antes de la toma de consciencia que se produce en el hemisferio correspondiente.

O sea, en coincidencia con lo expresado en el párrafo anterior: el proceso que se manifiesta o conoce como “free will” o propia voluntad, se concreta a partir de un modo absolutamente material, natural y podríamos decir automáticamente por interacciones neuronales.

Cada una de estas interacciones neuronales son inconscientes e involuntarias en sí mismas, como por ejemplo: la generación de neurotransmisores (distintos tipos de sustancias bioquímicas como la noradrenalina, la acetilcolina, la dopamina, las encefalinas, las endorfinas, etc.) que se forman en las sinapsis de interacción entre las neuronas por acción de las señales electroquimicabiológicas recibidas en la red neuronal desde el entorno exterior.

Estas señales generan a su vez diferentes potenciales de acción, que son los que finalmente disparan las acciones “emergentes” que describen los últimos experimentos científicos: memes, ideas, movimientos, pensamientos, sentimientos y todo lo que somos capaces de decidir (¿se arriesga a decir “voluntariamente”?

Perspectiva cuántica

Craso reduccionismo sería suponer que cada interacción comienza y termina en cada experiencia, situación, medición u observación consciente y particular que nuestros limitados sentidos nos permiten apreciar, sin considerar las restantes e infinitas influencias externas al suceso en cuestión, que por su pequeñez no son tenidas en cuenta en el nivel de análisis cotidiano o macroscópico, pero que la Física Cuántica se encarga de señalarnos que existen y son justamente estas pequeñísimas diferencias o diferenciales, con su indeterminación e incertidumbre asociada, lo que nos permite escapar del reduccionismo absoluto que el sentido común parecía indicarnos en un primer análisis.

Quizá a esto se refería David Bohm cuando dividía el orden total en explícito e implícito. Justamente todo lo que escapa a nuestra percepción directa e indirecta actual constituye lo que apropiadamente conocemos históricamente como el “mas allá” de nuestros antepasados, desde la furia de los cielos y el firmamento, hasta las actividades de las partículas virtuales que parecen emerger mágicamente del vacío por desconocidas fluctuaciones cuánticas .

La extremada complejidad del ser humano (recomiendo enfáticamente la lectura de D. R. Hofstadter, en su maravillosa obra: “Escher, Godel y Bach, un grácil y eterno bucle”) impide llevar la metáfora más allá de esos primeros pasos o interacciones propuestas y menos suponer que el complejo comportamiento humano pueda explicarse sólo por esos primeros niveles de interacción elemental.

Cerca de quince mil millones de años - por solo mencionar el período conocido o pretendidamente conocido de la evolución de nuestro universo – ponen su sello en cada versión genética que nos toca en suerte y las posteriores e infinitas interacciones con el medio ambiente, con su acopio permanente y constante de nuevas “propiedades emergentes” a cada nivel de interacción, vuelven ilusoria esa pretensión.

Cerebro y sintonizador electromecánico

También se objeta la parábola o metáfora del sintonizador electromecánico respecto al cerebro (ojo, incluyo en esta metáfora todo el Sistema Nervioso Central o SNC), argumentando que un sintonizador de esta especie no produce novedades, no inventa nada a diferencia de lo que sí hace nuestro SNC, pero debo aclarar que, en el caso de mi metáfora/ artefacto, se trata de un sintonizador biológico que al modo de los cerebros/sintonizadores de cualquier animal primitivo, se la han apañado bastante bien para – con sus procesos absolutamente biológicos – “inventar” sus sucesores más evolucionados, creando por evolución natural la emergencia de nuevas versiones o réplicas de si mismos, surgidas azarosamente mediante mutaciones que luego la indiferente selección natural se encargó de mantener vigentes durante un lapso que fue función de otras mas azarosas aún circunstancias externas a ese organismo.

Muchas y diferentes especies evolucionaron con mayor o menor éxito en la conocida historia de nuestro planeta, casi podríamos decir que lo hicieron sin pena ni gloria. Sin embargo, estaríamos siendo bastante injustos con la trascendencia de cada espécimen que existió en nuestro pasado, ya que si hemos de creer en los infinitos derroteros que nos propone la TC (teoría del caos) y las consecuencias de lo que conocemos como “efecto mariposa” (el aleteo de una mariposa en Sumatra puede producir un tifón en el océano atlántico), es posible pensar en la “necesidad” de cada partícula que existió y existe en esta versión del universo que compartimos Ud y yo.

Cuando digo biológico quiero significar todo el acervo ancestral que la evolución fue produciendo caso por caso, paso por paso, siempre en cumplimiento estricto de leyes naturales, partiendo del magma original y que está plasmado en cada partícula de semen o de óvulos que contiene toda la información codificada para producir, nuevamente: mediante interacciones entre ellos y también con el medio o entorno que los rodea, no sólo el cuerpo de sus descendientes y sus características, sino también el comportamiento de todos sus descendientes, los descendientes de sus descendientes y todos los descendientes de los descendientes de sus descendientes, obviamente en interacción permanente con su medio ambiente y sujetos también a las sucesivas mutaciones y el proceso selectivo de la evolución desde el magma primigenio a los primeros átomos, a las bacterias, pasando por las pulgas, los monos y de estos a los seres humanos.

Memoria activa

Complementariamente y quizás como una esperanza nada desdeñable, debemos agregar que los seres humanos no acumulan pasivamente datos en su memoria.

Continuamente, y sin saber exactamente como o porqué, los cerebros de los individuos no se conforman con “lo que es” o “lo que hay” que nos brinda la tarea neuronal comparativa entre la nueva información que llega y la ya existente en nuestros registros, porque no podemos captar realmente que “es” sin tratar de ir natural e inconscientemente, más allá, planteando inéditas e hipotéticas alternativas que no parecerían estar siempre justificadas como plausibles cursos de acción voluntaria. Será algún mecanismo similar a la “selección natural” darwiniana la encargada de dirimir en cada individuo la mayor o menor factibilidad de cada una de ellas entre los infinitos universos posibles.

Queda claro entonces que no pretendo explicar el comportamiento humano como exclusivo producto de las interacciones entre partículas subatómicas conocidas, sino en todo caso observar y destacar que este nivel de relaciones es el más elemental que permiten los conocimientos actuales de la humanidad y que dejan abierta la sospecha de:

a) la posible o potencial existencia de una “realidad” más profunda de la naturaleza que nos muestra la increíble TC, a la cual todavía aún no hemos accedido o comprendido en plenitud, y

b) una creciente complejidad evolutiva en las interacciones nivel por nivel (átomos, moléculas, células, etc, etc.) con propiedades novedosas (emergentes) en cada uno de ellos, e imprevisibles según los datos y conocimientos disponibles en el nivel anterior.

Watch Over me. Stonethestone
Watch Over me. Stonethestone

Conciencia y conocimiento

En síntesis, espero aportar un mecanismo de explicación metafórica de cómo surge la conciencia y el conocimiento en los seres vivos, así como finalmente también la consciencia en los humanos, producto de interacciones que se presentan en este, nuestro universo, como parte de una naturaleza mayor – el “Todo” (the Woleness) - a la que vamos conociendo a medida que evolutivamente interactuamos con ella.

No aventuro juicios sobre finalidades o teleologías desconocidas y menos sobre comportamientos de individuos tan complejos como somos los seres humanos. Sólo pretendo llamar la atención sobre el hecho irrefutable de que el actual alcance de nuestros conocimientos no presentan otros mecanismos ontológicos que justifiquen fanatismos de ninguna clase y sí, en cambio, una mayor humildad.

Creo firmemente que muy difícilmente la ciencia nos dé todas las respuestas sobre la naturaleza de las cosas, la “realidad” y nuestra relación con ella, pero tengo la esperanza que la evolución nos lleve por ese interesante camino, en tanto mantenga el valor de la duda como elemento generador de impensadas y justificadas emergencias y evite el paralizante estigma del dogma.

En la compilación del texto he intentado mantener un desarrollo cronológico de cómo surgen en los humanos las crecientes facultades cognitivas, hasta la aparición de la consciencia como fenómeno emergente inédito (quizá entre otras causas, por el crecimiento en tamaño y funcionalidad del cerebro, nuevas estructuras o posiciones de huesos como el eoides, el esfenoides que permitieron la aparición del lenguaje simbólico y este las abstracciones, etc.) en nuestro universo conocido.

Lenguaje y realidad

Tan rápido es el continuo avance de la evolución y el conocimiento del funcionamiento de nuestro cerebro, que en la misma mañana que estoy revisando el manuscrito original de este resumen, recibo, también por Internet en la página “Tendencias Sociales”, la información de un artículo o comunicado de la Universidad de Chicago, donde se informa que estudios realizados por varios investigadores de esa Universidad y la de Berkeley, California , parecen demostrar y confirmar que el lenguaje que hablamos afecta nuestra percepción de la realidad y en particular lo que percibimos en la mitad derecha del campo de percepción.

Esto que a primera vista parece algo increíble, cobra sentido cuando pensamos que el procesamiento del lenguaje se realiza preponderantemente en el hemisferio izquierdo del cerebro que como sabemos es el que recibe directamente la información del campo visual derecho.

Las pruebas experimentales realizadas muestran claros indicios de la participación del lenguaje en la interpretación de la “realidad” que ven los individuos de diferentes culturas estudiados.

Ampliando esta flamante información, digo entonces que es posible sospechar que la “realidad” que hoy conocemos puede no ser todo lo que existe, que pueden existir otros elementos del Todo (the “Wholeness”) (para nuestro presente: año 2009 dC) que aún no han interactuado con nuestros sentidos, quizás por no requerirlo hasta el momento nuestra rama evolutiva- al menos la versión que escribe hoy este texto: yo, y Ud. que lo está leyendo en este momento - y por lo tanto no se han incorporado a nuestro conocimiento y especulaciones actuales.

Por ejemplo, hay candidatos a emerger próximamente, aunque parciales y quizás sólo válidos para nuestro universo, que se han perfilado fuertemente entre los astrónomos, físicos y cosmólogos en estos últimos años.

Uno es la enigmática “masa oscura”, que algunos cálculos sitúan entre 4 y 5 veces la suma de toda la masa conocida (bariónica), como factor y valor necesario para que “cierren” ciertos números de lo que se conoce como “Modelo Estándar” y también la “energía (?) oscura” responsable del movimiento aparentemente acelerado con que se expande el universo conocido, que casi cuadriplica el valor de las dos masas mencionadas anteriormente.

Aumento de capacidad

Digo también que el hombre reconoce sólo una parte del “Todo”, porque es obvio y evidente que constantemente, día a día, se agregan cosas a su “realidad”, a su conciencia, su consciencia y al conocimiento general, en un proceso evolutivo que ya - casi - nadie discute a pesar de las dudas sobre su origen.

Sobre este presumido aumento permanente de nuestra capacidad de comprender la naturaleza, de “sintonizar” el “Todo”, cabe – entre otras - una reflexión curiosa, enigmática o paradojal, que podemos resumir en un comentario contradictorio a primera vista.

Parecería que cuanto mas conocemos del “Todo” más aumenta nuestra ignorancia, o expresado de otra forma: por cada respuesta que obtenemos a una pregunta, surgen varias nuevas preguntas, u otra forma extrema de expresarlo: a medida que se amplía el campo de nuestros conocimientos, nos damos cuenta que lamentablemente es mayor aún el horizonte de nuestra ignorancia..., de allí mi duda sobre lo que podemos presumir.

Algo similar, pero dicho en otra forma, a lo que expresaba el filósofo aleman Karl Popper cuando decía: Nuestro conocimiento es finito, nuestra ignorancia no.

Empleando una expresión de nuestro argot o lunfardo futbolero: “la evolución nos corre permanentemente el arco”... y esto realmente causa un cierto escozor. Podemos entonces completar el pensamiento de K. Popper agregando que si bien nuestro conocimiento es finito, por el momento el mismo es creciente y parece no tener límites.

Sabemos por propia experiencia que existe al menos un universo - el nuestro - formado en la singularidad que conocemos como “Big-Bang” y que evolucionó, entre otras emergencias, hasta uno de esos tipos de fenómenos con conciencia, consciencia y conocimiento de una parte del “Todo”, que identificamos como ser humano, homo Sapiens Sapiens, hombre, en fin, nosotros, los “sintonizadores” de parte o fracción del “Todo”con la que, entre otras interesantes cosas, conformamos algo que definimos como la “realidad” y somos (quizá solo en parte) conscientes de ello.

La “realidad” que conocemos, que percibimos y aceptamos como tal, la “realidad” del universo físico, es experimentada y reconocida por nosotros a través de varios conductos: vemos algo con nuestros ojos, oímos algo con nuestros oídos, olemos algo con nuestra nariz, tocamos algo con nuestras manos o el roce de nuestra piel, y luego que estas diferentes señales, interacciones elementales o cadenas de interacciones con el mundo exterior, son procesadas en alguna parte y forma por nuestro cerebro/sintonizador, decidimos que hay, conocemos, sentimos, o sabemos “algo”; en síntesis: con ese tipo de experiencias y otras similares vamos conformando la “realidad”.

Interacción sensorial

No hay evidencia científica alguna sobre ninguna otra clase de interacción elemental de nuestro cerebro con el mundo que nos rodea; hablando seriamente no se ha demostrado, a pesar de lo mucho que se ha buscado, la existencia de ninguna forma de comunicación extrasensorial, telepatía, o esoterismos similares, que en caso de existir también se tratarían de interacciones.

Es decir, científicamente hablando, son solamente nuestros sentidos los que interaccionan con algunos elementos del mundo exterior o medio ambiente que nos rodea, generando determinadas señales que transmiten a nuestro cerebro; pero de la única forma que conocemos y somos conscientes de ese “algo” u objeto externo, es a través del posterior procesamiento neural (o mental, si Ud. prefiere) de esas señales en el interior de nuestro cerebro/sintonizador.

Conviene reiterar y resaltar que si bien nuestros sentidos reciben desde el mundo exterior diferentes tipos de señales: ondas/fotones de luz en nuestros ojos, ondas de sonido o vibraciones del aire en nuestros oídos, vapores, gases o suspensiones aéreas de moléculas en nuestra nariz, soluciones líquidas en nuestra boca y lengua o contactos de nuestra piel con diferentes cuerpos y superficies, etc, etc, ninguna parte, “partícula” u onda de esos cuerpos, substancias, objetos, o cosas externas, ni una brizna, ni una imagen, ni un sonido o un olor, ningún átomo o molécula alguna del objeto exterior , llega como tal directamente a nuestro cerebro/sintonizador.

Sólo se trata de interacciones, una cadena de interacciones electrobioquímicas a lo largo de los conductos de nuestro SNC, que obviamente incluyen el nivel cuántico con toda su parafernalia de incertidumbres e indeterminaciones.

Así el sonido, los olores, los sabores, los colores, etc, etc, tal y como los percibimos, no existen en el mundo exterior a nosotros, son interacciones del medio ambiente exterior con nuestros sentidos, llamémosle percepciones y sensaciones – por ejemplo los qualia - que se concretan y reconocemos como tales en nuestro interior, en una sucesión o cadena de interacciones de tipo electrofisicobioquímicas de transmisores, diferencias de potencial, sinapsis, generación de neurotransmisores y otros muy específicos fenómenos - en última instancia todos ellos físicoquímicos - en serie, en paralelo y quizás holograficamente, conformando nuestra conciencia y posterior consciencia, al interactuar las ondas/ partículas (ondas de presión de aire, radiaciones de materia y/o energia, distintos átomos y moléculas, etc, etc) de ese mundo o medio ambiente exterior, con los correspondientes terminales nerviosocuánticas de nuestros sentidos.



Niveles neuronales cuánticos

Si bien es mucho lo que han progresado las neurociencias en la comprensión de este fenómeno, todavía falta recorrer un largo camino para decir que conocemos todos los detalles de este mecanismo, pero ya no caben dudas de que la actividad neuronal y sus consecuencias tienen o admiten una explicación racional que incluye los niveles cuánticos de interacción y las consecuentes indeterminaciones, solapamientos e incertidumbres.

Hay todo un sustrato o correlato físico que se va especificando cada día mas a través de la evolución del conocimiento científico, que relaciona la actividad mental, nuestras abstracciones, pensamientos, sentimientos y sensaciones, con determinados elementos concretos del cerebro.

Como lo expresa más espiritualmente pero con el mismo razonamiento, el ya mencionado y conocido químico suizo de Laboratorios Sandoz, Dr. Albert Hoffman (descubridor casi accidental del LSD y explorador de lo que hoy se conoce como “estados alterados de conciencia”):

......Siempre tenemos un impulso exterior, quizás químico si comemos algo, y esta química en mi interior produce un impulso que llega hasta el cerebro y mi mente dice: "dulce, dulce...". Así, toda esta conexión entre el mundo material y el espiritual sucede en nuestro cerebro, en los centros del cerebro. Hasta ahí podemos reseguir las ondas energéticas que vienen del exterior... pero ahí empieza el mundo espiritual porque, por ejemplo, el sonido no existe en el exterior, allí sólo existen vibraciones de aire, el sonido tal y como lo percibimos es espiritual, lo mismo con los sabores y las imágenes...”

Nada, absolutamente nada, del mundo exterior a nosotros, ni ondas ni partículas, entra o es procesado o interacciona en forma directa con nuestra mente o cerebro, sólo se trata de la transmisión y procesamiento de codificadas señales electrobioquímicas específicas y bastante bien conocidas, producto de las interacciones de nuestro sistema sensorial (el sintonizador) con una parte discreta del mundo ó medio ambiente exterior (el algo, fracción o parte del Todo) ..., de nuevo: sólo una cadena de interacciones, natural, genética y ontológicamente predeterminadas, pero expuestas también naturalmente a las por el momento indeterminadas y superpuestas variaciones aleatorias que nos proponen las fluctuaciones cuánticas.

Realidad virtual y artificial

A tal punto ha llegado el conocimiento de las dos primeras etapas de este proceso, que ya la cibernética nos subyuga con sus posibilidades de “realidad virtual”, que poco o nada tiene que ver con objetos concretos del medio ambiente exterior, sino que son simplemente señales artificiales que imitan y reemplazan al proceso natural en dichas etapas.

También en algunos centros médicos, son operaciones cotidianas los implantes cocleares donde un mazo de electrodos son conectados directamente al cerebro para remedar la audición del individuo afectado por cierto tipo de sordera y similares esfuerzos se están realizando para lograr la visión artificial o, en el sentido eferente, lograr mover objetos con el pensamiento a través de circuitos eléctricos conectados directamente o vía inalámbrica entre el cerebro y algún tipo de robot, una vez codificadas las señales motoras desde el cerebro del individuo.

En síntesis, para obtener nuestra “realidad” (ya sea esta concreta o virtual), lo único que necesitamos es recibir la correspondiente señal codificada para ser procesada en los diferentes sectores de nuestro cerebro. De estar este funcionando correctamente (sinapsis, potenciales, neurotransmisores, etc.), obtendremos conciencia de dicha experiencia como es el caso de cualquier animal, pero gracias a los lóbulos frontales, temporales, la corteza cerebral y sus diferentes áreas (Wernike, Brocca, etc) exclusivos de nuestra especie, obtendremos también consciencia, debido a una interacción electrobioquímica posterior y redundante, con la posibilidad no sólo de generar como respuesta movimientos y acciones eferentes, sino que además surgen ideas, conceptos, memes, etc. a través de interacciones neurales redundantes o los diferentes correlatos fisicoquímicos correspondientes (verdaderos circuitos o conjuntos de circuitos claramente expuestos mediante resonancia magnética funcional y otros modernos dispositivos de detección) a cada caso, que las ciencias neurobiológicas se empeñan afanosamente en descifrar por estos días.

Resumiendo, podríamos decir o pensar que nuestro cerebro – o nuestra mente, si lo prefiere – nos engaña, nos presenta una “realidad” cuestionable, por decir lo menos; sin embargo creo que seríamos más justos si aceptamos que nuestra capacidad de apreciar la “realidad total”(el Todo, the Wholeness o los infinitos Universos Paralelos) es limitada, está acotada por la capacidad de las interacciones, directas o indirectas, que puede establecer nuestro cerebro - mente o SNC, si Ud. prefiere – con ese Todo o Wholeness exterior a nosotros.

Hoy sabemos que hay sonidos que no podemos escuchar, partículas u ondas que no podemos ver, olores que no podemos percibir, sabores que no podemos gustar, etc. etc., así como un sintonizador de radio es incapaz de “percibir” las señales de TV o de telefonía móvil y viceversa.

Como diría nuestro inefable y ex - gran tenista Gastón Gaudio: “es lo que hay”…paciencia.

Ah , mente es el concepto o palabra que representa lo que hace el cerebro.



Oscar Antonio Di Marco Rodriguez es Ingeniero químico, Profesor Titular de la Universidad Técnica Nacional de Argentina y Director de cursos de postgrado de Ingeniería en la citada Universidad. Autor del libro Borges, teoría cuántica y universos paralelos






La noche francesa llega a Argentina


París será la musa, como de tantos otros antes, de uno de los autores más relevantes del s.XX, vinculado a las vanguardias y gran amigo de Picasso: Brassaï. Nacido húngaro e iniciado como periodista, se convertirá en uno de los fotógrafos más personales y conocidos gracias a su peculiar visión de la noche francesa. Sus composiciones rebasarán la línea de lo convencional para mostrar aquellas fuerzas que, durante el día, "son dominadas por la razón". Ahora, el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) trae al genio a la Argentina de la mano de una impresionante retrospectiva: 126 fotografías que se estructuran en base a los hilos temáticos de la noche y sus secretos, graffitis, Picasso y los surrealistas.


La exposición se inserta en el marco de los XVI encuentros abiertos del Festival de la Luz, y presenta un monográfico de uno de los considerados principales representantes de la imagen del s.XX: Gyula Halász, conocido por el pseudónimo de Brassaï. Muy ligado a los nuevos movimientos artísticos de comienzos de siglo, en Francia su nombre se asociará rápidamente a la figura del cubista Pablo Picasso, de quien fue amigo íntimo y retratista de su producción escultórica. Una relación de amistad duradera que el propio Brassaï recogerá años después en la obra Conversaciones con Picasso (el más conocido de los diecisiete libros que escribirá a lo largo de su vida). El malagueño no será el único vanguardista con el que Brassaï establezca una colaboración, sin embargo, con invitaciones de surrealistas como Bretón y Dalí a partir del éxito de la publicación en 1932 de la obra París de noche.

Y será la capital francesa la gran cómplice de su protagonismo, llegando incluso su amigo Henry Miller a referirse a Brassaï como "el ojo de París".  Sus imágenes reflejan la vida social de una ciudad compuesta por escenas insólitas y personajes pertenecientes no sólo a una élite intelectual sino también al lado más sórdido de la noche. Brassaï, que habría descubierto la fotografía durante su época como periodista como el medio expresivo que mejor se adecuaba a sus necesidades, captará un París secreto formado por imágenes de una estética muy personal, en la que conviven los contrastes y se percibe la influencia del surrealismo en un primitivismo extraño e hipnótico, ahora ampliado en la exposición del MNBA a sus trabajos sobre los graffitis.

Dibujante, pintor, autor de diseños de tapicería, periodista o escritor, Brassaï cumplirá con una polivalencia que le llevará incluso a la realización: su film Tant quíl y aura des bêtes, ahora en proyección en la exposición propuesta, incluso llegó a recoger un premio especial en el Festival de Cannes de 1956. El visionado de esta obra se constituye en un atractivo más, así, que se suma a las 126 fotografías en exhibición del artista, organizadas en cinco ejes temáticos fundamentales: París de noche, París secreto, Graffitis, Picasso, y Surrealismo.








Crítica de la razón pura ( Immanuel Kant )

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Principal obra escrita por el filósofo alemán Immanuel Kant. Fue publicada en 1781  reeditada (con alguna revisión) en 1787.
Según el propio Kant, el propósito de esta obra era que la filosofía experimentara su propia “revolución copernicana”.  Kant intenta la conjunción de racionalismo y empirismo en tanto que a partir de la experiencia se realizan procesos mentales que ayudan a comprender la realidad. Por tanto, la experiencia sensible y la racional se complementan, haciendo que todo conocimiento racional se vea ligado a un conocimiento sensible o experimental.
La crítica de la razón pura es la búsqueda de un método de conocimiento adecuado para alcanzar el conocimiento regular y verdadero sobre las cuestiones que abarca la metafísica (todo aquello que está más allá de lo sensible). Se trata de una indagación trascendental acerca de las condiciones epistémicas del conocer humano. Su objetivo central es lograr una respuesta definitiva sobre si la metafísica puede ser considerada una ciencia, lo que en términos kantianos significa la posibilidad de existencia de “juicios sintéticos a priori” (es decir, juicios que agregan nueva información, donde el predicado “no está contenido” en el sujeto,  y que son de caracter universal y necesarios).





EL ESTADO DEL TIEMPO EN EL ESPACIO SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA INTERNACIONAL



22.08.2010
Representantes de más de 25 de las naciones más avanzadas tecnológicamente se han reunido hoy en Alemania para escuchar sobre un problema que puede ser demasiado grande como para que lo maneje un solo país.

En algunas ocasiones, un problema es tan grande que un país solo no puede manejarlo.
Este es el mensaje que los científicos están comunicando hoy en la reunión del Programa Internacional Viviendo con una Estrella (International Living With a Star o ILWS, en idioma inglés), en Bremen, Alemania, y representantes de más de 25 de las naciones más avanzadas tecnológicamente se han reunido para escuchar lo que tienen que decir.
"El problema son las tormentas solares —determinar cómo predecirlas y qué hacer para protegernos de sus efectos", dice Lika Guhathakurta, quien es la presidente del ILWS, en las oficinas centrales de la NASA.
"Necesitamos avanzar en este tema antes de que llegue el siguiente máximo solar, alrededor del año 2013".

El Sol y la Tierra están separados por alrededor de 150 millones de kilómetros (93 millones de millas) —una distancia que podría parecer segura. Pero desde el inicio de la Era Espacial, y especialmente en años recientes, cada vez se entiende más que una distancia de 150 millones de kilómetros no es en realidad tan lejos. Las naves espaciales y los observatorios terrestres han mostrado que la Tierra se encuentra localizada en la atmósfera externa del Sol, abofeteada por vientos solares y golpeada por pedriscas de partículas energéticas. Además, los dos cuerpos están, de hecho, conectados por hilos invisibles de magnetismo. Durante los "eventos de reconexión", que ocurren normalmente varias veces al día, es posible rastrear líneas de fuerza invisibles desde los polos de la Tierra hasta la superficie del Sol.

"La Tierra y el Sol están interconectados. Ya no es posible estudiarlos por separado", dice Guhathakurta.
Hace algunos años, los científicos acuñaron el término "heliofísica" para describir el campo científico emergente que estudia el sistema Sol–Tierra. Como señal de reconocimiento de la importancia del tema, la NASA ha creado la División de Heliofísica, en sus oficinas centrales ubicadas en Washington DC.
 
Predecir la actividad solar es un problema complicado, en muchas formas parecido a la predicción del estado del tiempo en la Tierra, pero multiplicado en dificultad por la complicada física del plasma y el magnetismo del Sol. Sin embargo, realizar predicciones sobre el Sol es sólo la mitad del problema; la otra mitad es la Tierra. La manera en la cual el campo magnético y la atmósfera de nuestro planeta responden a una tormenta solar es un rompecabezas magnetohidrodinámico que los científicos más importantes luchan por entender, empleando incluso la ayuda de las supercomputadoras más poderosas de la Tierra. Por estas razones, se dice comúnmente que la predicción del estado del tiempo en el espacio está atrasada 50 años respecto de su contraparte terrestre.
 
Las tormentas solares

Otra complicación es la gran extensión en volumen. La heliofísica estudia un ambiente que se extiende cientos de millones de kilómetros. Tan solo estar al tanto de todo lo que ocurre es un desafío significativo. La NASA y otras agencias espaciales tienen docenas de naves espaciales dedicadas a esta tarea, pero el volumen en el que están dispersas es enorme.
"Imaginemos intentar monitorizar los océanos de la Tierra con una pequeña cantidad de boyas. Perderíamos mucho. Esa es la situación en la que nos encontramos con el 'océano del espacio'", dice Guhathakurta.
 
Si las predicciones son correctas, el ciclo solar llegará a su máximo en los años cercanos a 2013. Y aunque probablemente no sea el máximo más grande del que se tenga registro, la sociedad humana nunca ha sido más vulnerable. Los elementos básicos de la vida diaria —desde las comunicaciones hasta la predicción del estado del tiempo y los servicios financieros— dependen de los satélites y de la electrónica de alta tecnología. Un informe del año 2008, llevado a cabo por la Academia Nacional de Ciencias, advirtió que una tormenta solar como las que ocurren una vez al siglo podría causar miles de millones de dólares en daños económicos.
Prepararse para un "Katrina solar", impulsar una nueva ciencia, aprovechar el talento de los científicos de todo el mundo:  dice Guhathakurta.





Cándido o el optimismo ( Voltaire )


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“Cándido o el optimismo” fue escrita por Votaire en su etapa ya madura, de modo que recoge casi toda su experiencia vital y los razonamientos elaborados a los que había llegado con el desgaste del tiempo.
A través de una cruda ironía, de un humor negro devastador, Voltaire expresa la idea de que este mundo es un medio hostil (muy alejado del paraíso), repleto de desgracias y tragos amargos. De ahí que mantener un contumaz optimismo ante la fatalidad sea completamente absurdo. Y la felicidad se muestra tan efímera como la supuesta inexpugnabilidad del castillo del señor barón de Thunder-ten-tronck, arrasado sin piedad por los búlgaros.
Para desarrollar este argumento clave, Voltaire hace uso de tres personajes principales :
El preceptor y filósofo Pangloss. Representael pensamiento de Leibniz y su fe en la teodicea (el mundo es perfecto puesto que Dios es perfecto ).
La vieja (antigua baronesa). En su infancia y juventud nadó en la abundancia y disfrutó de los placeres de la vida. Pero su suerte se trunca siendo joven y pasa penurias miles. Acaba convirtiéndose en una persona muy pragmática. A su vejez llega a la conclusión de que lo normal es la desgracia, por lo que no hay que quejarse de ser desgraciado. Va más allá del estoicismo, alcanzando plenamente el fatalismo.
Cándido, el protagonista,  educado por Pangloss, progresivamente, se va debatiendo entre el idealismo que le dicta su mente y la despiadada realidad que le golpea de continuo. Termina descubriendo que el mundo tiene muy poco de bondad y el futuro muy poco de predecible. Finalmente. Cándido acaba encontrando la tranquilidad de espíritu (no la felicidad) en la austeridad, en la sencillez, en el trabajo. Todo lo demás (entre ello, “filosofar”) es ocioso.   La vida es una lucha que no tiene fin hasta la muerte y sólo tenemos una vida para vivir, así que… ¡a vivir! Éste parece ser el último consejo que nos ofrece Voltaire en su novela.





TEMBLORES ESPACIALES RETUMBAN EN LA CERCANÍA DE LA TIERRA

Estruendos sin sonido Lluvia de auroras, Campos magnéticos sacudidos"la energía total de un temblor espacial puede compararse con la de un terremoto de magnitud 5 o 6"



Los investigadores de la NASA han descubierto un fenómeno relacionado con el tiempo en el espacio que tiene la potencia de un terremoto y desempeña un papel importante en el proceso de hacer resplandecer las auroras boreales. Lo llaman "temblor espacial".

Un temblor espacial es un temblor que tiene lugar en el campo magnético de la Tierra. Se puede detectar principalmente en la órbita terrestre, pero no se limita al espacio exterior. Los efectos pueden incluso alcanzar la superficie de la Tierra.

"Se han detectado reverberaciones magnéticas en estaciones terrestres de todo el mundo, de una manera similar en la cual los detectores sísmicos registran un gran terremoto", dice el investigador que lidera el proyecto THEMIS, Vassilis Angelopoulos, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por su sigla en idioma inglés).

Ésta es una buena analogía porque "la energía total de un temblor espacial puede compararse con la de un terremoto de magnitud 5 o 6", según Evgeny Panov, del Instituto de Invesgitación Espacial, en Austria. Panov es uno de los autores principales de un artículo de investigación que anunció estos resultados en la edición de abril de 2010 de Geophysical Research Letters (Cartas de Investigación en Geofísica o GRL, por su sigla en idioma inglés).

El fenómeno comienza en la cola del campo magnético de la Tierra, la cual es estirada, como si fuera una manga de aire, por el viento solar que se mueve a millones de kilómetros por hora. En ocasiones, la cola puede estirarse tanto y someterse a una tensión tan grande, que cuando recobra su forma original lo hace súbitamente, como una banda elástica que experimenta una torsión excesiva. El plasma del viento solar atrapado en la cola se precipita hacia la Tierra.

"Ahora lo sabemos", dice David Sibeck, el científico que es integrante del proyecto THEMIS, en el Centro Goddard para Vuelos Espaciales. "Los chorros de plasma causan temblores espaciales".

Lo sorprendente de esto son los vórtices de plasma, enormes bucles de gas magnetizado tan grandes como la Tierra misma, que se forman alrededor de la región donde el campo magnético está siendo sacudido.

"Cuando los chorros de plasma golpean la magnetósfera interna, aparecen y desaparecen vórtices que giran en direcciones opuestas a ambos lados del chorro de plasma", explica Rumi Nakamura, del Instituto de Investigación Espacial, quien es uno de los co–autores del estudio. "Creemos que estos vórtices pueden generar corrientes eléctricas sustanciales en el ambiente cercano a la Tierra".
Si actuaran en conjunto, los vórtices y los temblores espaciales podrían tener un efecto apreciable sobre la Tierra.