"El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir." EINSTEIN


martes, 6 de diciembre de 2011

Barras de metal superconductor podrían revolucionar la detección de ondas gravitatorias


Las ondas gravitatorias son vibraciones en el tejido del espacio-tiempo. Están entre los fenómenos más apasionantes del universo, debido a que se generan mediante procesos exóticos, tales como colisiones entre agujeros negros e incluso en el momento de la propia creación, el Big Bang. Por lo que encontrar una forma de estudiarlas es un tema importante para los astrónomos.

EPero hay un problema. Las ondas gravitatorias comprimen y estiran el espacio conforme viajan, pero sus efectos son minúsculos. Los físicos calculan que las ondas que pasan a través de la Tierra cambian la distancia entre Londres y Nueva York aproximadamente el ancho de un núcleo de uranio.
sto hace que sean tan difíciles de observar, aunque la actual generación de detectores gravitatorios debería ser capaz de captar este nivel de cambio (a menos que alguien haya equivocado mucho sus cálculos).
Sin embargo, nadie ha observado directamente ondas gravitatorias.
Por lo que una nueva forma de encontrar a estas bestias seguramente tendrá un gran interés. Hoy, Armen Gulian de la Universidad Chapman en Maryland, y unos colegas, esbozan un nuevo tipo de detector que tiene el potencial de ser mucho más pequeño que los colosos actuales.
Los detectores convencionales son gigantescos interferómetros en forma de L con cada brazo con una longitud de cientos de metros. En el extremo de cada brazo hay un espejo, de forma que un rayo láser pueda ir hacia delante y atrás a lo largo del bazo e interferir consigo mismo.
Cualquier cambio en la longitud de los brazos debería mostrarse en algún cambio en el patrón de interferencia resultante.
Gulian y compañía tienen una idea distinta. Imagina una barra de metal superconductor que sufra el impacto de una onda gravitatoria. Las ondas actúan sobre todas las masas dentro de la barra, pero el movimiento resultante de la red metálica, que está fija, será muy diferente del movimiento de los electrones superconductores, que están totalmente desligados y tienen libertad de movimientos.
"Por tanto, la onda tenderá a acelerar los electrones adelante y atrás, hacia y alejándose de los extremos de la barra", dicen.
Luego, colocan otra barra superconductora en el extremo de la primera, pero en un ángulo recto. Mientras que la primera barra se verá comprimida por una onda gravitatoria, la segunda se estirará. Por lo que los electrones de esta barra también oscilarán, aunque desplazados medio periodo respecto a la primera.
Finalmente, si se conectasen estas barras mediante un cable superconductor, debería fluir una corriente oscilante entre ellas.
Hay otras sutilezas en el diseño, en gran parte para lidiar con la naturaleza de los superconductores, pero éste es, esencialmente, el principio que esbozan.
Pasan luego a describir cómo podría funcionar un detector tan pequeño, hecho de barras de apenas unas decenas de centímetros de largo. Una onda gravitatoria debería generar una corriente de unos pocos femtoamperes, un nivel que podría ser detectable con equipos comerciales.
El ruido, sin embargo, podría ser un problema. Pero Gulian y sus colegas dicen que si se conoce de antemano la frecuencia de las oscilaciones, puede filtrarse gran parte del ruido. Además, el detector podría colocarse dentro de una vasija magnética para apantallar el ruido magnético.
Es una idea interesante que parece que podría ser considerablemente más barata y simple que la próxima generación de herramientas basadas en láser que están siendo diseñadas actualmente para futuras misiones espaciales, tales como LISA (Antena Espacial de Interferómetro Láser). Merece la pena observarlo en más detalle.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Superburbujas de rayos cósmicos


Una vasta burbuja de gas caliente rarificado se ha revelado como una fuente de rayos cósmicos - las misteriosas partículas que aporrean continuamente la Tierra. La observación de la conocida como superburbuja, que mide más de 100 años luz de diámetro, se realizó usando rayos gamma recopilados por el satélite Fermi de la NASA, y arroja luz sobre el origen de los rayos cósmicos en las regiones de formación estelar masiva. Los rayos cósmicos son protones, núcleos y electrones muy energéticos que llegan a la Tierra desde el espacio. Desde que se descubrieron en 1912 por parte del físico austriaco Victor Hess, los científicos han debatido sobre su procedencia y cómo se aceleran. Viajando casi a la velocidad de la luz, pueden tener energías de muchos órdenes de magnitud por encima de lo que pueden lograr los aceleradores más potentes de la Tierra.

AMuchos científicos creen que los rayos cósmicos, con energías de hasta 1015 eV, se aceleran mediante las ondas de choque producidas cuando una supernova (una estrella de gran masa en explosión) expulsa material al espacio a velocidades muy altas. Los datos analizados procedentes de la nave ACE de la NASA en 2003, proporcionaron pruebas indirectas de que, al menos algunos rayos cósmicos, son acelerados dentro de regiones de formación estelar masiva, donde reside aproximadamente el 80% de los remanentes de supernovas. El satélite midió la abundancia relativa de distintos isótopos dentro de las muestras de rayos cósmicos que alcanzan la Tierra, y encontró que mientras que cuatro quintas partes de este material recuerda al que se encuentra en nuestro Sistema Solar, una quinta parte corresponde a material expulsado por estrellas pesadas.
poyo más directo
La última investigación proporciona un apoyo más directo a esta hipótesis. Un equipo internacional de astrofísicos ha analizado datos de rayos gamma registrados por el LAT a bordo del satélite Fermi, y ha encontrado una fuente extendida de rayos gamma emitidos desde dentro de la región de la constelación de Cygnus. La emisión de rayos gamma se extiende a lo largo de una línea que mide unos 160 años luz, entre dos cúmulos de estrellas masivas, uno que contiene más de 500 estrellas masivas y otro unas 75.
Las estrellas masivas se forman dentro de densas nubes de gas y, conforme crecen expulsan materia en forma de vientos estelares, y al estallar como supernovas. La presión de estas eyecciones empuja el gas lejos de las estrellas, creando cavidades, o burbujas, a su alrededor. Estas burbujas pueden crecer hasta fusionarse con burbujas de estrellas vecinas, produciendo de este modo superburbujas.
Los investigadores de Fermi creen que los rayos gamma que han observado son el resultado de rayos cósmicos que se producen en el interior de una superburbuja y que interactúan con el gas y la luz contenidos dentro de la misma. Los astrofísicos usan tales rayos gamma para observar el comportamiento de los rayos cósmicos debido a que, al contrario que los rayos cósmicos, los rayos gamma no se ven desviados por los campos magnéticos que impregnan el espacio, y por tanto, es más fácil situar su origen.
La idea de que el satélite Fermi está viendo rayos cósmicos producidos dentro de la superburbuja de Cygnus recibe un apoyo añadido del número relativamente grande de fotones de alta energía detectados. Este espectro "duro" de rayos gamma sugiere que los rayos cósmicos se aceleran cerca de donde se producen los rayos gamma, es decir, dentro de la superburbuja. La emisión de rayos gamma producida por los rayos cósmicos en la vecindad de la Tierra, por contra, tiene un espectro "suave" debido a que los rayos cósmicos han viajado más desde sus orígenes y han perdido energía en el proceso.
Primera "prueba sólida"
"Ésta es la primera vez que tenemos una prueba sólida de fuentes de rayos cósmicos dentro de regiones de formación estelar masiva", dice el miembro del grupo Luigi Tibaldo, de la Universidad de Padua en Italia. "Éste es un importante paso adelante en la búsqueda de la comprensión del misterio de los rayos cósmicos".
El siguiente paso es calcular exactamente qué está provocando la aceleración. Como explica Tibaldo, el culpable podría ser las ondas de choque aisladas generadas por los remanentes de supernovas, o la acción colectiva de distintas ondas de choque. Arrojar luz sobre esta cuestión implicará observaciones de mayor resolución de la superburbuja de Cygnus, así como modelos más refinados de la aceleración de la superburbuja y más datos sobre otras regiones de formación estelar masiva, tanto de dentro como de más allá de la galaxia, dice Tibaldo.
Tibaldo señala, sin embargo, que tal aceleración de la superburbuja no podría solventar el misterio de los rayos cósmicos por sí sola. Esto se debe a que las ondas de choque producidas por los remanentes de supernova, o por cúmulos de estrellas masivas, no compactan suficiente energía para acelerar los rayos cósmicos a las energías más altas observadas - 1020 eV y más allá.
Alan Watson, de la Universidad de Leeds, que no es parte del equipo de Fermi, cree que los últimos resultados son "un importante descubrimiento" en la física de los rayos cósmicos debido a que, según comenta, "está claro que los investigadores han establecido que hay partículas recientemente aceleradas en la región de la superburbuja", pero defiende que "siguen las incógnitas", tales como si las partículas aceleradas son protones o electrones. "Desgraciadamente, no parece que el problema del origen de los rayos cósmicos vaya a resolverse por completo a tiempo para su centenario en agosto de 2012″, añade.
La investigación se publica en Science 334 1103.

LUCA pudo ser una sopa de intercambio genético a escala global que formaría algo así como un mega-organismo


Imagine el lector que disponemos de una máquina que nos permita movernos hacia atrás en el tiempo. Esto preservaría la causalidad siempre y cuando no interfiriéramos para nada en el pasado, ni siquiera con los posibles fotones que nuestros sistemas de visión restasen de esos tiempos pretéritos.

Aquellos a los que les guste las humanidades o la Historia seguro que les encantaría ver la revolución industrial, las batallas napoleónicas o el descubrimiento y conquista de América. A los historiadores de la ciencia les gustaría ver la revolución del conocimiento que creó la Física Moderna a principios del siglo XX, o ver el proceso a Galileo (¿dijo o no dijo eso de "eppur si muove"?), la expansión de la imprenta o la difusión de la aritmética.

A los que nos gusta la ciencia quizás nos apasione más otras cosas. Con esa máquina imaginaria podríamos ver a nuestros antepasados salir de la jungla hacia la sabana y conquistar el mundo, ver la Tierra virgen que había antes de que el hombre osara destruir la Naturaleza, un mundo cruel y perfecto. Ver la aparición de las praderas de hierba por primera vez y los rumiantes caminado sobre ellas. Comprobar la verdadera causa de la desaparición de los dinosaurios o ver la aparición de las flores y contemplar cómo todo se cubría de color.
Mientras que viajáramos hacia atrás en el tiempo podríamos ir estudiando las especies de animales y plantas, probablemente sorprendentes y maravillosas, que no nos dejaron fósiles. Podríamos reconstruir una verdadera Historia del mundo de lo vivo. Nos encontraríamos con sorpresas que nunca habríamos sido capaces de imaginar.

Según fuéramos más hacia atrás en el tiempo podríamos apreciar cómo se mueven los continentes y cómo la Luna parece más cercana, aunque sepamos que no lo podemos notar. Las montañas erosionadas el siglo XXI se alzarían majestuosas para disminuir luego su altura según las placas continentales dejaran de colisionar. Una tectónica que siempre ha condicionado la vida en la Tierra.
Veríamos la gran extinción del Pérmico, la madre de todas las extinciones, y la agonía de casi todas las especies de seres que en ese momento habitaban este mismo mundo. Más atrás aún llegaríamos al Carbonífero con sus bosques húmedos, cálidos y pantanosos sobre los que sobrevolaban libélulas gigantes. ¿Qué otras especies extrañas nos encontraríamos allí?
Conforme viajáramos aún más atrás en el tiempo vemos la explosión del Cámbrico y las razones por las que se dio. Y aún más atrás la famosa fauna de Ediácara. Por fin sabríamos qué clase de criaturas eran y podríamos contemplar muchas de las especies contemporáneas que nunca conocimos.

Aun más atrás hay sólo vida microbiana, y épocas en las que el planeta está cubierto casi al completo por el hielo. Las únicas estructuras biológicas visibles a simple vista serían los estromatolitos.
Con nuestros instrumentos podríamos estudiar y ver esa vida microbiana y comprobar cómo consiguió enriquecer la atmósfera con oxígeno, gas que permitió la aparición más tarde de la vida animal.

Esos mismos instrumentos nos permitirían analizar la aparición de las distintas rutas metabólicas o de la fotosíntesis. Y por último podríamos ver cómo apareció la vida en la Tierra. Todos los seres vivos que ha habido después, todos los descritos en este viaje imaginario, son descendientes de esa primera forma de vida independiente.
Aquí termina nuestro viaje y las descripciones de la vida que sabemos había en cada momento. No podemos decir mucho sobre esa primera vida porque la realidad es que no se sabe cómo apareció la vida en la Tierra. Una vez se tienen células y una evolución darwiniana es muy fácil explicar el posterior desarrollo de la historia biológica, pero la aparición de vida supuso un punto de inflexión absoluto. No sabemos, ni siquiera, si esa aparición de vida fue inevitable o algo milagroso desde el punto de vista estadístico. A esa primera forma de vida la hemos llamado LUCA (last universal common ancestor), aunque por aquí un comentarista propuso que se le llamara PACU (Primer Ancestro Común Universal).
Hace 2900 millones de años que LUCA se escindió en los distintos dominios de la vida: bacterias y arqueas, y más tarde se dio lugar a los más complejos eucariotas que a su vez dieron lugar a las plantas y animales. Pero es difícil saber lo que paso antes de esa separación primigenia. No hay fósiles que nos guíen.
Hay ideas que no importa que sean verdad o que nunca se pueda comprobar si son válidas o no, son tan bonitas que excitan nuestra imaginación. Según una nueva hipótesis, hace 3000 millones de años el planeta en su conjunto era un sólo organismo, un mega-organismo como nunca se había visto, como nunca se vería posteriormente. Ese organismo rellenaría los océanos terrestres de la época y finalmente dio lugar al antepasado que todas las formas de vida que ha habido en la Tierra hasta el presente, incluidos nosotros mismos. Esta hipótesis surge de los esfuerzos por explicar cómo pudo ser LUCA.

Según esta idea LUCA sería el resultado de una forma de vida global que lucho por sobrevivir en los océanos primigenios. Éstos eran una sopa de intercambio genético a escala global durante cientos de millones de años. Las células lucharían por sobrevivir por ellas mismas intercambiando partes útiles con las demás sin competir entre ellas, creando una especie de mega-organismo. Esta nueva idea proviene de Gustavo Caetano-Anollés de University of Illinois en Urbana-Champaign.

Mientras que los genes pueden cambiar rápidamente, la estructura de las proteínas que codifican es más resistente al cambio. Recordemos que la función de una proteína depende de esa estructura tridimensional. Muchas de las mutaciones que cambian una o varias bases no tienen ningún efecto en la estructura terciaria de la proteína. Según este investigador, si asumimos esto podemos apostar que muchas de las proteínas esenciales actuales tenían que tener una estructura muy similar en LUCA, aunque su secuencia de aminoácidos fuera distinta. Caetano-Anollés llama "fósiles vivientes" a esas estructuras proteicas y como su estructura nos dicta su función podrían decirnos cómo pudo ser LUCA.
Este investigador buscó en las bases de datos de 420 organismos modernos en busca de estructuras comunes a todos ellos para reconstruir las proteínas que una vez formaron LUCA. Sólo un pequeño porcentaje era común a todos ellos y asumió que se habían conservado desde los tiempos de LUCA.

Según esto LUCA tenía enzimas para degradar azúcares y para extraer energía de nutrientes. Pero a la vez carecía de las enzimas necesarias para construir y leer ADN [1]. Este resultado es similar al alcanzado por Wolfgang Nitschke del Instituto Mediterráneo de Microbiología en Marsella.
Anthony Poole, de University of Canterbury en Christchurch (Nueva Zelanda), ha estudiado las enzimas ribonucleótiodos reductasas, que construyen los bloques de ADN y tampoco ha encontrado pruebas de que LUCA las tuviera [2].
Si LUCA estaba formado por células, entonces éstas tendrían membranas. Según Armen Mulkidjanian, de la Universidad de Osnabrück, eran membranas isoprenoides muy simples y más permeables que los actuales diseños [3]. Para llegar a esa conclusión ha seguido la historia evolutiva de esta parte celular.
LUCA probablemente tenía también orgánulos. Porque, aunque se creía que éstos eran exclusivos de los eurcariotas, en 2003 se encontró un orgánulo en bacterias y recientemente también en arqueas por el propio Caetano-Anollés. Estos orgánulos, denominados acidocalcisomas, se encuentran, por tanto, en los tres dominios de la vida y por consiguiente también se encontrarían en LUCA [4].

Así que LUCA tenía un metabolismo, orgánulos internos simples y una membrana bastante permeable, pero carecía de ADN. Así que es posible, como siempre se ha hipotetizado, que LUCA estuviera basado en el ARN. El ARN, además de portar información, puede catalizar reacciones bioquímicas.
Según Massimo Di Giulio, del Instituto de Genética y Biofíisca de Napoles, LUCA tuvo que ser "progenote", con escaso control sobre las proteínas que fabricaba. Los progenotes pueden hacer proteínas usando genes como una plantilla, pero el proceso es propenso al error y las proteínas obtenidas pueden ser distintas a lo que especifica el gen. Di Giulio y Caetano-Anollés dicen haber encontrado pruebas de que el sistema para sintetizar proteínas con precisión apareció mucho después que LUCA.

Según Caetano-Anollés, las células que componían LUCA tuvieron que compartir genes y proteínas unas con las otras para poder sobrellevar esta condición. Moléculas nuevas y útiles podían haber pasado de una a otra célula sin mediar competición hasta conseguir un sistema globalizado. Cualquier célula que se saliera del juego estaba condenada. Era más importante cooperar que competir. Según Caetano-Anollés esta falta de competición y libertad de intercambio hicieron que el océano primordial funcionara esencialmente como un único mega-organismo.
Otros investigadores encuentran plausible que se compartieran genes, enzimas y metaboilitos a través de esas membranas permeables, sobre todo porque se ha podido comprobar en comunidades microbianas actuales ese intercambio genético sin el cual no pueden sobrevivir. Aunque, naturalmente, esta hipótesis es muy difícil de demostrar.
Una vez que las células de esta sopa empezaron a ser cada vez más independientes el mega-organismo desapareció para dar lugar a células independientes que competían bajo las reglas darwinistas de la evolución y la vida ya nunca volvió a ser la misma. Ese evento se daría hace 2900 millones de años, justo cuando apareció por primera vez el oxígeno libre en la atmósfera.

Los homínidos de Atapuerca podrían ser una especie “hermana” de los neandertales


Un estudio de los más de 500 dientes fósiles del yacimiento de la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca, publicado en la revista Journal of Human Evolution por científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, revela que los homínidos hayados en el yacimiento burgalés podrían ser una especie diferente pero próxima al Homo neanderthalensis.

E
l Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) ha publicado un estudio detallado de los más de 500 dientes fósiles hallados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. Este estudio revela que los homínidos hallados en este yacimiento burgalés podrían representar una especie "hermana" de los neandertales, aunque diferente a éstos.
El artículo Morphological description and comparison of the dental remains from Atapuerca-Sima de los Huesos site (Spain), liderado por los investigadores del CENIEH, María Martinón-Torres y José María Bermúdez de Castro, publicado en la revista Journal of Human Evolution, afirma que a pesar de su antigüedad, en torno al medio millón de años, la morfología de los dientes de la Sima de los Huesos es completamente neandertal, incluso, como afirma María Martinón Torres "más neandertal", que la de algunas poblaciones clásicas de Homo neanderthalensis del Pleistoceno Superior.
Los homínidos de Atapuerca podrían estar relacionados con los neandertales pero ser un linaje diferente
Según José María Bermúdez de Castro, hasta ahora, la idea generalizada de la comunidad científica es que las poblaciones que habitaron Europa durante el Pleistoceno Medio, generalmente asignadas a la especie Homo heidelbergensis, eran antecesoras directas de Homo neanderthalensis, y que debido a las duras condiciones glaciares de Europa en este periodo, estos homínidos habrían evolucionado en aislamiento, acumulando de forma progresiva características típicamente neandertales a través de frecuentes cuellos de botella y extinciones locales.
En este esquema, acuñado técnicamente como "proceso de acreción", las poblaciones más antiguas serían menos neandertales que las poblaciones más recientes. Sin embargo, el hecho de que una población tan antigua como la de la Sima de los Huesos presente morfologías tan neandertales obliga a considerar otros escenarios evolutivos. "Podría ser que la población de la Sima de los Huesos represente la madre de todos los neandertales y que por un cuello de botella, a partir de este grupo, y no de otras poblaciones del Pleistoceno Medio, haya surgido la especie H. neanderthalensis.", señala Martinón Torres
Varios linajes humanos
El trabajo señala asimismo que otra posibilidad es que los homínidos de la Sima de los Huesos estén relacionados con los neandertales, pero representen en realidad un linaje diferente. Las condiciones de aislamiento climático habrían favorecido procesos como la deriva genética, provocando que los homínidos de Atapuerca hubiesen evolucionado hacia otro linaje cuya variabilidad morfológica no encaja con la de los demás especímenes del Pleistoceno Europeo.
Según el estudio, en el que también han participado los investigadores Aida Gómez Robles, Leyre Prado Simón y Juan Luis Arsuaga, cabe la posibilidad de que durante el Pleistoceno Medio en Europa, hubieran coexistido varios linajes humanos diferentes, lo que obligaría a redefinir la especie de H. heidelbergensis.

¿Cómo es posible que un mundo sin aire tenga una ionósfera?

la luna


De algún modo la Luna se las arregló para tenerla. Los investigadores de la Luna han estado batallando con este misterio durante años y es posible que finalmente hayan encontrado una solución. Pero primero, ¿Qué es una ionósfera?

C
ada planeta terrestre con una atmósfera posee una ionósfera. En lo alto, más allá de la superficie rocosa del planeta, donde la atmósfera se encuentra con el vacío del espacio, los rayos ultravioleta (UV) del Sol rompen y separan los átomos del aire. Esto crea una capa de gas ionizado, una "ionósfera".
Aquí en la Tierra, la ionósfera tiene un alto impacto sobre las comunicaciones y la navegación. Por ejemplo, refleja las ondas de radio, permitiendo de este modo que los operadores de radio de onda corta hagan rebotar las transmisiones sobre el horizonte para lograr comunicaciones a largas distancias. La ionósfera también desvía y dispersa las señales de los satélites del GPS (Global Positioning System o Sistema de Posicionamiento Global, en idioma español), algunas veces causando que el detector del GPS se equivoque en la posición que indica.
La primera evidencia convincente de una ionósfera que envuelve la Luna proviene de la década de 1970, de las sondas soviéticas Luna 19 y 22. Sobrevolando la Luna a baja altura, los sensores de estos orbitadores detectaron una capa de material cargado que se extendía unas pocas decenas de kilómetros sobre la superficie lunar y que contenía alrededor de 1.000 electrones por centímetro cúbico (mil veces más de lo que cualquier teoría podía explicar). Los radioastrónomos también encontraron pistas de la ionósfera lunar, cuando la luz de fuentes de radio distantes pasó a través del limbo de la Luna.
La idea de una "Luna sin aire" que tiene una ionósfera no tiene mucho sentido, pero la evidencia se acumula. En realidad, la Luna no está tan sin aire como mucha gente piensa. Pequeñas cantidades de gas creadas por la descomposición radioactiva se escapan del interior lunar; los meteoroides y el viento solar también arrancan átomos de la superficie de la Luna. El gas extraído resultante es muy delgado, tanto que muchos investigadores se niegan a llamarlo atmósfera y prefieren el término "exósfera". La densidad de la exósfera lunar es aproximadamente cien mil billones de veces menor que la del aire en la Tierra; esto no es suficiente evidencia para una ionósfera tan densa como la que la Luna parece tener.
Durante 40 años, la ionósfera de la Luna permaneció como un misterio hasta que Tim Stubbs, del Centro Goddard para Vuelos Espaciales (Goddard Space Flight Center, en idioma inglés), publicó una posible solución a principios de este año. La respuesta, de acuerdo con lo que él propone, es el polvo lunar.Stubbs, un científico de alrededor de 30 años, que ni siquiera había nacido cuando se descubrió la ionósfera de la Luna, leyó el informe de los astronautas de la nave Apollo 15, quienes afirmaron haber visto un extraño brillo sobre el horizonte de la Luna. Muchos investigadores creen que lo que los astronautas estaban viendo era polvo lunar. La Luna es un lugar extremadamente polvoriento, rodeado naturalmente por un enjambre de granos de polvo (pensemos en PigPen, de Charlie Brown). Cuando estos granos flotantes son iluminados por el Sol al amanecer o al atardecer, crean un brillo a lo largo del horizonte.
Stubbs y sus colegas se dieron cuenta de que el polvo que flota puede ser la respuesta. Los rayos UV del Sol golpean los granos y los ionizan. De acuerdo con sus cálculos, este proceso produce la suficiente carga (granos positivos rodeados por electrones negativos) como para crear la ionósfera observada.
Una ionósfera hecha de polvo en lugar de gas es algo nuevo para la ciencia planetaria. Nadie sabe cómo se comportará a diferentes horas de la noche o del día, o en las diferentes fases del ciclo solar, o cómo podría afectar a las futuras comunicaciones por radio y a la navegación en la Luna. La sonda ARTEMIS (Acceleration, Reconnection, Turbulence and Electrodynamics of the Moon's Interaction with the Sun o Aceleración, Reconexión, Turbulencia y Electrodinámica de la Interacción de la Luna con el Sol, en idioma español), de la NASA, que ahora se encuentra orbitando la Luna, y la nave espacial LADEE (Lunar Atmosphere and Dust Environment Explorer o Explorador de la Atmósfera y el Ambiente de Polvo Lunar, en idioma español), cuyo lanzamiento está programado para el año 2013 con el propósito específico de estudiar la exósfera lunar, podrían entonces revelar su hábitos.Más noticias al respecto se esperan en menos de 40 años.
Enlace original: NASA.

Crean ventanas que se limpian solas

ciencia de los materiales
Ingenieros de la Ohio State University están desarrollando superficies que repelen el agua e imitan la textura de las hojas de loto. La tecnología podría llevarnos a la elaboración de cristal auto-limpiable para ventanas, y podría también reducir la fricción entre las diminutas partes móviles de los microdispositivos.

L
os científicos han conocido desde hace tiempo las propiedades de la hoja del loto, o lirio de agua. Bharat Bhushan cree que es un buen modelo para una superficie que repela el agua. Sus hojas son cerosas y están cubiertas de pequeños bultos, lo que hace que el agua no se quede sobre ellas.


Estudiando estas hojas, Bhushan se dio cuenta de que la misma textura podría ser explotada para reducir la fricción entre las partes móviles de las máquinas. Las más pequeñas, como las que se están desarrollando en los campos de la micro y la nanotecnología, no pueden ser lubricadas de forma normal, por lo que se verían muy beneficiadas por estas investigaciones.

Pero copiar una hoja de loto para fabricar parabrisas de automóviles o articulaciones de baja fricción para micromáquinas no es tan fácil. De hecho, las superficies cerosas y con bultos pueden resultar pegajosas bajo algunas circunstancias. Para descubrir cuál es la superficie óptima en cada caso, Bhushan y sus colegas elaboraron un modelo por ordenador que calcula la mejor opción para diferentes materiales y aplicaciones.

Con la textura adecuada, los fabricantes podrían diseñar ventanas auto-limpiables. Dado que los bultos sólo medirían unos nanómetros de alto y estarían hechos de material transparente, el aspecto de la ventana sería el mismo que el de cualquier otra, con la particularidad de que repelería la suciedad y el agua.

Por ahora, el equipo de Bhushan ha estado diseñando bultos de diferentes tamaños y formas. Todos evitan que las gotas de agua toquen directamente la superficie. Son mucho más pequeños que las propias gotas y están tan cerca unos de otros que no pueden romperlas, como ocurre cuando nos tumbamos sobre una cama de clavos. El modelo de Bhushan calcula cómo y dónde deben colocarse los bultos en la superficie del cristal, de manera que la gota contacte con ella de la manera apropiada para ser rechazada.

En los automóviles, los parabrisas capaces de repeler el agua aumentarían la seguridad, sobre todo durante los momentos de mal tiempo meteorológico. Hoy en día se puede lograr esto con un pulverizador especial, pero estos recubrimientos se desgastan y caen.

Registran la fracción de tiempo más corta

Veinte attosegundos


Albert Einstein resolvió hace a un siglo una paradoja aparente en la teoría de la fotoemisión al afirmar que la luz no estaba compuesta por ondas sino por partículas denominadas fotones. Desde entonces la fotoemisión se ha descrito como un proceso en el que un electrón se separa de un átomo de forma instantánea al absorber éste último energía procedente de un fotón. Ahora un grupo de físicos financiados con fondos comunitarios ha demostrado que este proceso no es instantáneo. Para probar que existe un retraso tras el impacto del fotón sobre el electrón, el equipo tuvo que medir el lapso de tiempo más corto hasta la fecha. El conocimiento más preciso de estas interacciones minúsculas será de utilidad para comprender todos los procesos biológicos y químicos. Los resultados del estudio se han publicado en la revista Science.

L
a investigación la realizaron físicos del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, la Universidad Técnica de Múnich y la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (Alemania) en colaboración con físicos de Austria, Grecia y Arabia Saudí. El trabajo fue posible gracias a una prima europea de regreso Marie Curie y una subvención para principiantes (Starting Grant) del Consejo Europeo de Investigación (CEI).
Para liberar los electrones de su orbital atómico el equipo disparó ráfagas rápidas de pulsos de láser a átomos de neón durante menos de cuatro femtosegundos (un femtosegundo es la milbillonésima parte de un segundo). Los átomos recibieron al mismo tiempo el impacto de pulsos de luz del extremo ultravioleta con una duración de 180 attosegundos (un attosegundo es una trillonésima de segundo). Los físicos registraron a continuación el momento en el que los electrones escaparon del átomo utilizando el campo controlado del pulso sincronizado del láser a modo de «cronógrafo de attosegundos». Así se consiguió medir un retraso cercano a veinte attosegundos entre la salida del electrón que ocupaba el orbital 2p y la del electrón que ocupaba el 2s.
La técnica de medición utilizada por estos físicos es la más rápida del mundo. Además, el retraso de veinte attosegundos registrado supone el intervalo de tiempo más corto jamás medido por medios directos hasta la fecha.
«Un attosegundo es una trillonésima de segundo, un intervalo de tiempo breve hasta el punto de lo inimaginable», explicó el Dr. Reinhard Kienberger del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica. «Pero tras la excitación por luz el primer electrón abandona el átomo más pronto que el segundo. Así demostramos que los electrones "vacilan" por un instante antes de abandonar el átomo».
Los miembros del equipo de Alemania, Grecia y Austria determinaron que esta vacilación dura unos cinco attosegundos. El motivo de que los electrones se retrasen de esta forma antes de salir despedidos queda abierto a interpretaciones. El Dr. Vladislav Yakovlev, también del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, explicó que: «La potencia informática que precisa la modelación de un sistema de tal cantidad de electrones supera la capacidad de los superordenadores modernos».
No obstante, los físicos sugieren como causa posible la combinación de interacciones entre los propios electrones y entre los electrones y sus núcleos atómicos. «Esta interacción entre electrones puede significar que es preciso que transcurra algo de tiempo antes de que un electrón sacudido por una onda de luz incidente se libere del resto de electrones y pueda abandonar el átomo», aventuró el Dr. Martin Schulze del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica.
El Dr. Ferenc Krausz de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich subrayó las implicaciones de los logros realizados por el equipo: «Estas interacciones, de las que hasta ahora se sabía poco, ejercen una influencia básica en los movimientos electrónicos en las dimensiones más diminutas, los cuales determinan el curso de todos los procesos químicos y biológicos e influyen también en la velocidad de los microprocesadores, la base de los ordenadores».

Un nuevo chip que imita al cerebro hará posibles las prótesis neuronales



Durante décadas, los científicos han soñado con fabricar sistemas computacionales que imiten las capacidades del cerebro humano. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), en Estados Unidos, ha conseguido crear un chip que imita la adaptación de las neuronas a cualquier información novedosa, a través de la actividad de sus canales iónicos. El avance tendrá interesantes aplicaciones. Por ejemplo, podría dar lugar a prótesis neuronales que funcionen de manera coordinada con la actividad cerebral corriente. 

D
urante décadas, los científicos han soñado con fabricar sistemas computacionales que imiten las capacidades del cerebro humano.
En esta dirección, se han conseguido ya algunos avances, como una aplicación informática que imita a la memoria humana, desarrollada este mismo año por especialistas de la Universidad de Illinois, o como la Máquina de la Creatividad, un dispositivo capaz de generar ideas nuevas, creado en 2004 por un informático de la compañía Imagination Engines, Inc.
Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), en Estados Unidos, ha dado un importante paso hacia la consecución de ordenadores capaces de aprender como los humanos, gracias al diseño de un chip que imita la adaptación de lasneuronas del cerebro a cualquier información novedosa.
Se cree que esta capacidad de adaptación neuronal, conocida como plasticidad, subyace a muchas de las funciones cerebrales, como el aprendizaje o la memoria.
Imitación artificial de procesos neuronales reales
Según se explica en un comunicado del MIT, con unos 400 transistores, este circuito integrado o chip, fabricado ensilicio, en concreto es capaz de emular la actividad de las sinapsis neuronales. Las sinapsis son las conexiones entre dos neuronas que posibilita que la información fluya de una neurona a otra.
Se calcula que en el cerebro humano hay unos 100 mil millones de neuronas. Cada una de ellas forma sinapsis con muchas otras neuronas. Las sinapsis son posibles gracias a que las llamadas neuronas presinápticas liberanneurotransmisores, como glutamato o GABA, que se unen a la membrana celular de otras neuronas, las postsinápticas.
Como consecuencia de este proceso, se activan los canales iónicos (proteínas que contienen poros acuosos que, cuando se abren, permiten el paso selectivo de iones específicos) de la membrana celular de las neuronas.
Los cambios y las aperturas de estos canales modifican el potencial eléctrico de las células cerebrales. Si este potencial cambia de manera lo suficientemente drástica, las neuronas generan un impulso eléctrico conocido como potencial de acción.
Lo que han conseguido los investigadores del MIT es que los transistores del nuevo chip imiten la actividad de los canales iónicos. Mientras que la mayoría de los chips creados hasta ahora funcionan en un modo binario, de encendido/apagado, en este nuevo chip un gradiente de potencial eléctrico hace posible que la corriente fluya a través de los transistores, de la misma forma que los iones fluyen a través de los canales iónicos de las neuronas.
Además, según Chisang Poon, principal autor del avance e investigador de la Harvard-MIT Division of Health Sciences and Technology (HST), el chip permite "modular los parámetros de su circuito para armonizarlos con canales iónicos específicos". Gracias a eso, "ahora, tenemos una manera de capturar cada proceso iónico producido en las neuronas", añade el investigador.
Posibles aplicaciones
Anteriormente, los científicos habían desarrollado circuitos que podían emular la activación de un potencial de acción neuronal, pero no las circunstancias que producen dicha activación: "Si de verdad queremos imitar la función del cerebro de forma realista, tenemos que plasmar los procesos intracelulares de los canales iónicos", afirma Poon.
Por tanto, este nuevo chip representa un avance significativo en el esfuerzo por incorporar los conocimientos sobre la biología de las neuronas y de la plasticidad cerebral a los chips.
Los investigadores planean usar su dispositivo para fabricar sistemas destinados a modelar funciones neuronales específicas, como las del proceso de la visión. Estos nuevos sistemas podrían ser mucho más veloces que los ordenadores actuales, que necesitan horas o días para simular un circuito cerebral simple, e incluso más rápidos que los sistemas biológicos imitados.
Otra aplicación potencial del avance es la fabricación de chips que puedan interactuar con los sistemas biológicos. Con ellos, podría facilitarse la comunicación entre prótesis neuronales, como las retinas artificiales, y el cerebro humano.
Por último, el chip creado podría ayudar a los neurocientíficos a conocer a fondo el funcionamiento del cerebro, y dar lugar al desarrollo de partes constitutivas de dispositivos de inteligencia artificial (IA).
El avance ha sido descrito en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Además de Chisang Poon, en la investigación han participado Mark Bear, profesor de neurociencias del MIT y Harel Shouval, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas

La genética condiciona la respuesta humana al apoyo social

La hormona oxitocina, que funciona además como neurotransmisor, juega un papel clave como reductor del estrés. El mismo efecto genera el apoyo social, aunque no en todo el mundo: a unas personas las ayuda y a otras las deja indiferentes. Para tratar de comprender porqué, científicos alemanes han estudiado la interacción entre el apoyo social y el proceso de la oxitocina en humanos. Así, han descubierto que una variante genética puede hacer que, para algunos individuos, las personas queridas no resulten un bálsamo. 

E
l apoyo social que proporcionan familiares y amigos es uno de los factores más poderosos de protección contra enfermedades relacionadas con el estrés, como los ataques al corazón o la depresión.
En el año 2003, un profesor de psicología biológica de la Universidad de Friburgo, en Alemania, llamado Markus Heinrichs, demostró por vez primera que, en los humanos, la hormona oxitocina juega un papel clave tanto en el control del estrés como en el efecto reductor del estrés, que propicia el apoyo social.
Según publica la Universidad de Friburgo en un comunicado, en estudios posteriores, Heinrichs demostró asimismo que la oxitocina administrada mediante un spray nasal puede incrementar la confianza y la empatía hacia otras personas y que, por tanto, esta hormona tendría potencial terapéutico para una serie de trastornos mentales.
Reacciones distintas
Sin embargo, se sabe que no todas las personas reaccionan del mismo modo frente al apoyo social o que éste no tiene el mismo efecto en todos los individuos.
Heinrichs y sus colaboradores se preguntaron el porqué de esta diferencia, y si el sistema de procesamiento de la oxitocina en el organismo jugaría algún papel en ella.
En un artículo aparecido en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) se explica que, para tratar de responder a estas cuestiones, Heinrichs y otros psicólogos y neurocientíficos de la Universidad de Friburgo (Frances S. Chen, Robert Kumsta y Bernadette von Dawans, en colaboración con los investigadores Richard P. Ebstein y Mikhail Monakhov, de la National University of Singapore de Estados Unidos, examinaron la modulación genética de la efectividad del apoyo social, en función de ciertas variantes de un gen específico: el gen receptor de oxitocina o OXTR.
Este gen , que codifica la proteína receptora de la oxitocina, estaría localizado en humanos en el cromosoma tres y, según han sugerido los resultados de otros estudios, estaría fuertemente involucrado en las diferencias de conducta social.
En concreto, los científicos analizaron si un polimorfismo de nucleótido simple (SNP) común (rs53576) en el gen receptor de oxitocina o OXTR podría influir en los efectos protectores contra el estrés, favorecidos por el apoyo social.
Los SNPs son variaciones en la secuencia de ADN que afectan a una sola base de una secuencia del genoma o totalidad de información genética de cualquier organismo.
El efecto depende de variaciones genéticas
Para la realización del estudio, los investigadores tomaron muestras de cortisol salival y registraron las evaluaciones subjetivas de estrés de 194 participantes, todos hombres sanos. El cortisol fue recogido porque es una hormona que libera la glándula suprarrenal como respuesta al estrés.
Las muestras y las evaluaciones subjetivas se recogieron antes, durante y después de someter a los voluntarios a un procedimiento estandarizado de generación de estrés psicosocial en laboratorio.
Los científicos determinaron, de manera aleatoria, qué participantes se prepararían para la prueba estresante en soledad y cuáles lo harían acompañados de sus parejas o de alguna amiga cercana.
De esta forma, se constató lo siguiente: hubo diversas respuestas al estrés entre los distintos grupos genotípicos, en función de la ausencia o presencia de apoyo social.
Frances S. Chen explica que "la presencia de una persona cercana durante la preparación para la prueba redujo el estrés de la mayoría de los participantes. Sin embargo, el grupo de personas portadoras de una variante particular en el gen receptor de oxitocina no obtuvo ningún beneficio de este apoyo".
Estos resultados indicarían que variaciones genéticas en el sistema de la oxitocina del organismo humano modularían la efectividad de la interacción social positiva como protectora contra las experiencias estresantes.
Aplicaciones terapéuticas
Según Heinrichs, estos resultados tendrían importantes consecuencias para la investigación actual en nuevos métodos terapéuticos. "La "terapia psicobiológica" quue estamos desarrollando actualmente implica una combinación nueva de la oxitocina y la psicoterapia para el tratamiento de trastornos metales que implican déficits sociales. Por tanto, para nosotros resulta de gran relevancia comprender hasta qué punto el organismo puede ser sensible o no a esta metodología", explica el investigador.
En términos generales, la oxitocina (hormona que está relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que actúa también como neurotransmisor en el cerebro) ha jugado un papel esencial en la regulación del comportamiento social y de los afectos en la evolución de los mamíferos.
Sobre sus funciones, investigaciones recientes han demostrado, por ejemplo, que la oxitocina aumenta la empatía, ayuda a valorar las señales sociales o influye en la confianza hacia otros. Asimismo, otros estudios han revelado que esta hormona puede aumentar la sensibilidad masculina o ayudar a resolver los problemas de pareja.

El gato coherente de Schrödinger aún desconcierta


La famosa paradoja del gato de Schrödinger parte de los principios de la física cuántica, y termina con la extravagante conclusión de que un gato puede estar a la vez en dos estados físicos - uno en el que el gato está vivo y otro muerto. En la vida real, sin embargo, los grandes objetos tales como gatos, claramente no están en una superposición de dos o más estados, y esto es una paradoja que normalmente se resuelve en términos de la decoherencia cuántica. Pero ahora, físicos de Canadá y Suiza defienden que, incluso si pudiese evitarse la decoherencia, la dificultad de hacer medidas perfectas evitaría que confirmásemos la superposición del gato. Erwin Schrödinger, uno de los padres de la teoría cuántica, formuló su paradoja en 1935 para destacar el aparente absurdo del principio de superposición cuántico - que un objeto cuántico no observado esté simultáneamente en múltiples estados. Ideó una caja negra que contenía un núcleo radiactivo, un contador Geiger, un vial de gas venenoso, y un gato. El contador Geiger está preparado para liberar el gas venenoso, matando al gato, si detecta cualquier radiación procedente de la desintegración nuclear. El espeluznante juego se desarrolla de acuerdo con las reglas de la mecánica cuántica, debido a que la desintegración nuclear es un proceso cuántico.

MSi se deja el aparato durante un periodo de tiempo y luego se observa, puedes encontrar que el núcleo haya decaído o no, y por tanto que el veneno se haya liberado o no, y que el gato esté muerto o no. Sin embargo, la mecánica cuántica nos dice que, antes de que se realice la observación, el sistema está en una superposición de ambos estados - el núcleo se ha desintegrado y a la vez no lo ha hecho, el veneno se ha liberado y no, y el gato está tanto vivo como muerto.
ezclando micro y macro
El gato de Schrödinger es un ejemplo de "entrelazamiento micro-macro", a través del cual la mecánica cuántica permite (en principio) que un objeto microscópico tal como un núcleo atómico y un objeto macroscópico como un gato tengan una relación mucho más estrecha de lo permitido por la física clásica. Sin embargo, está claro para cualquier observador que los objetos microscópicos obedecen a la física cuántica, mientras que los macroscópicos siguen las reglas clásicas que experimentamos en nuestra vida cotidiana. Pero si ambos están entrelazados, es imposible que cada uno esté gobernado por distintas reglas físicas.
La forma más común de evitar este problema es apelar a la decoherencia cuántica, a través de la cual las interacciones múltiples entre un objeto y su entorno destruyen la coherencia de la superposición y entrelazamiento. El resultado es que los objetos parecen obedecer la física clásica, incluso aunque en realidad siguen las leyes de la mecánica cuántica. Es imposible que un sistema grande, como un gato, se mantenga completamente aislado de su entorno, y por tanto, no lo percibimos como un objeto cuántico.
Aunque no discuten esta explicación, Christoph Simon y sus colegas de la Universidad de Calgary y la Universidad de Ginebra, se han preguntado qué pasaría si la decoherencia no afectase al gato. En un experimento mental respaldado por simulaciones por ordenador, los físicos consideran un par de fotones (A y B) generados a partir de la misma fuente con polarizaciones iguales y opuestas y viajando en sentidos opuestos. Para cada par, el fotón A se envía directamente a un detector, pero el fotón B se duplica muchas veces mediante un amplificador, para crear un haz de luz macroscópico que hace las veces de gato. Se miden entonces las polarizaciones de los fotones de este haz de luz.
Dos tipos de amplificador
Consideran dos tipos de amplificador. El primero mide el estado del fotón B, lo cual tiene el efecto de destruir el entrelazamiento con A, antes de producir más fotones con la polarización que se mida en el fotón B. Esto es como el proceso clásico puro de observar el contador Geiger para ver si ha detectado radiación, y luego usar la información para decidir si matar o no al gato. El segundo amplificador copia el fotón B sin medir su estado, preservando de esta forma el entrelazamiento con A.
Los investigadores se preguntan cómo variarán las polarizaciones de los fotones medidas en el haz de luz dependiendo del amplificador usado. Encontraron que, si pudiese lograrse una resolución perfecta, el resultado sería bastante diferente. Sin embargo, con las técnicas experimentales disponibles actualmente, no pueden observarse las diferencias. "Si tienes un gran sistema y quieres ver en él características cuánticas como el entrelazamiento, tienes que asegurarte de que la precisión es extremadamente buena", explica Simon. "Tienes que ser capaz de distinguir un millón de fotones de un millón de fotones más uno, y ninguna tecnología actual te permitiría hacer eso".
El teórico de la información cuántica, Renato Renner del ETH en Zurich está impresionado: "Incluso si no hubiese decoherencia, este artículo explicaría por qué no vemos efectos cuánticos y por qué el mundo nos parece clásico, lo que es una cuestión fundamental, desde luego". Pero, advierte, "El artículo genera una pregunta fundamental y nos da una respuesta en un caso interesante especial, pero aún queda por ver si es general".
La investigación se publicará en la revista Physical Review Letters.